Entrega II #Unañodespuésdelbronx

Esperanza y zozobra, dos caras tras la intervención del Bronx

Aunque el Distrito tiene claro lo que quiere hacer en el antiguo sector del Bronx, una pareja sigue viviendo allí y son la evidencia de las dificultades que aún debe sortear la administración para cumplir con su plan. Se invertirán $130.000 millones en la zona

Mónica López y Carlos Betancur son los encargados de cuidar una posada entronizada en el antiguo Bronx. Gustavo Torrijos

Afuera, sobre los escombros de los 23 edificios que se han demolido en el Bronx, el alcalde Enrique Peñalosa anunció su plan para cambiarle la cara a la que fue la principal olla del microtráfico en la ciudad. Las animaciones y los primeros diseños mostraron lo que podría ser el futuro urbanístico, comercial y residencial de la zona. Adentro, en un oscuro edificio ubicado a menos de 50 metros, una pareja que no ha abandonado el sector se preguntaba por su porvenir. Viven hace más de ocho años en un hospedaje de la “L” y saben que cuando la dueña de ese predio llegue a un acuerdo con el Distrito, ellos deberán desocupar. (Vea el debate: ¿Qué pasó con el Bronx?)

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El Distrito asegura que cuando pueda comprar todos los predios, se fortalecerá el comercio de la localidad de Los Mártires, iniciará la construcción de la sede de la alcaldía local y se crearán modernas áreas comerciales y residenciales que comprenden 24 hectáreas en el centro de Bogotá. La estadía de Mónica y Carlos –la pareja que sobrevive en el antiguo Bronx– depende en gran medida de la celeridad de las negociaciones.

Una posada de lujo

Mónica López es de pelo largo, viste botas de caucho y un saco de lana. La puerta del edificio que conduce a su habitación tiene pegadas imágenes de la Virgen María, crucifijos y en el suelo descansa un tapete rojo con la inscripción “Bienvenidos”. 

Justo al frente de esa edificación, el alcalde Peñalosa pasó con su séquito de secretarios y asesores. Ella apenas se asomó y siguió. Recuerda que llegó al Bronx hace más de nueve años buscando trabajo, para comer y para fumar algunas “bichas” de bazuco. Salió corriendo del Cartucho cuando la primera administración de Enrique Peñalosa buscó poner fin a la que fue la olla de vicio más grande del momento. Al ver que surgieron nuevos focos de venta de estupefacientes, llegó a la “L” y tocó la puerta del edificio, ubicado en la carrera 15 con calle novena, y dijo que era buena haciendo aseo. Primero la contrataron por días y, casi sin darse cuenta, se convirtió en la encargada de administrar el hospedaje de 25 habitaciones, uno de los más caros del Bronx. “Pedíamos hasta $10.000 por noche y teníamos todo limpio: pisos y cobijas. Esa era la diferencia”. En la “L” la estadía podía costar menos de la mitad, pero las condiciones eran más precarias: colchones tirados en baños; camas desvencijadas o lechos rodeados por roedores.

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Fue testigo de lo que sucedió en el Bronx, pero no se atreve a revelar nada de lo que vio y escuchó. “Cuando hay corridas, hay lanzadores, y cuando hay lanzadores hay toros, es decir, víctimas”, dice y asegura que el predio en el que reside no era punto de expendio de estupefacientes ni un lugar en donde se cometían crímenes.

Hoy, un año después, sigue viviendo en la misma habitación del segundo piso con su pareja, Carlos Betancur, y con siete gatos que se quedaron sin hogar tras la intervención. Ya no hay huéspedes y, por lo tanto, no hay para la comida. Hace un año, cuando las autoridades tomaron el control de la zona, les cortaron el agua y la luz. Pero Carlos se las arregló para recoger aguas lluvias y conectar energía eléctrica prestada de un vecino y así encender dos bombillos y un televisor, cuya imagen se ve nublada. Ayer, mientras el Distrito presentaba los avances en las obras, Carlos cocinaba en una estufa de leña una remolacha para el almuerzo. “Es todo lo que hay para comer. Vamos a ver si conseguimos algo más antes del mediodía”.

Aseguran que les prometieron un subsidio de tres meses para el arriendo una vez tengan que desocupar el edificio. “De ahí en adelante no sabemos qué va a ocurrir con nosotros”, dice Mónica, quien asegura que les perdió la pista a muchos habitantes de calle que solían visitarla y hospedarse en la posada. Eso le hace pensar que no hay certeza sobre su futuro cuando abandone el edificio. Lo único que tiene claro es que cuando ese día llegue, tomará sus enseres, su marido y sus siete gatos y se irá a materializar su sueño: levantar una chatarrería.

Los proyectos

La administración distrital, entre tanto, aseguró que de momento se han tramitado 61 ofertas de compra de los 62 predios y se llegó a un acuerdo con los propietarios de 21 edificaciones. Los restantes están en proceso de notificación.

Es decir, que el tiempo empieza a correr para que el Distrito lleve a cabo la ambiciosa tarea de consolidar la denominada economía naranja sobre 24 hectáreas en las que tiene previsto mejorar el espacio público, fortalecer el comercio de Los Mártires, edificar la alcaldía local (que ocupará 3.000 metros cuadrados), una sede de una institución de educación superior, locales comerciales y viviendas. Asimismo, tiene proyectado construir sobre la avenida Caracas una estación de la primera línea del metro.

“Este sector va a renacer y se va a convertir en una de las zonas más atractivas de la ciudad. Se va a transformar en el gran centro de la creatividad de la industria naranja con actividades de diseño de modas, zapatos, el desarrollo audiovisual y vamos a dinamizar la economía de esta zona”, explicó el alcalde Enrique Peñalosa, quien añadió que la inversión de los próximos dos años será de $130.000 millones.

Por otra parte, en relación con la atención social a los habitantes de calle, Peñalosa aseguró que han atendido con alimentación, posada y formación educativa a 2.053 personas que dijeron provenir del Bronx. En los centros de atención, 550 de ellos están en proceso de rehabilitación para superar el consumo de estupefacientes y 860 fueron formados en oficios como carpintería, electricidad, cocina, mantenimiento de bicicletas y construcción, entre otros.

“Los grupos criminales manipularon a cientos de habitantes de calle y los llevaron a que se concentraran en canales aledaño, a agredir zonas comerciales cercanas y eso tuvo un eco muy grande. Manipularon muy efectivamente la opinión, porque creían que presionando de esa manera iban a volver acá”, agregó Peñalosa.

La administración tiene el reto de realizar la ambiciosa renovación del sector de Los Mártires, mientras mantiene la seguridad y brinda atención integral a la población más vulnerable. Pero antes, tendrá que resolver obstáculos como el de convencer a los propietarios de algunos predios que se niegan a vender.

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