¿Estaba o no embriagado?

Concepto del experto Máximo Duque dice que en el caso de la muerte de tres motociclistas en la vía a La Calera no se cumplieron los protocolos para establecer si el acusado estaba alicorado.

Juan Carlos Varela Bellini
Juan Carlos Varela Bellini

Un concepto de 12 páginas presentado el pasado 20 de septiembre y elaborado por Máximo Duque, exdirector del Instituto de Medicina Legal, busca echar al piso la tesis de que el empresario Juan Carlos Varela Bellini —detenido por la muerte de tres motociclistas ocurrida el pasado 7 de julio en la vía a La Calera— estaba embriagado al momento del accidente en el que se salvó de milagro José Joaquín Gutiérrez.

El documento, presentado por la defensa, asegura que a Varela Bellini no se le hizo prueba de alcoholemia (de sangre) ni tampoco de alcoholimetría (de aliento), y que el supuesto examen que le hizo un agente de la Policía que marcó 0,5 de alcohol no aparece en el expediente. Agrega que ningún funcionario de Medicina Legal le hizo un dictamen de embriaguez, como correspondía. En cambio, el examen se lo hizo una médica asistencial del puesto de salud de La Calera.

Según el criterio de Máximo Duque, esta prueba clínica es indirecta y para que el resultado fuera válido se debían cumplir dos condiciones en el proceso: que el empresario hubiera consentido el examen o que éste hubiera sido ordenado por una autoridad judicial y se hiciera en presencia del abogado defensor: “En este caso, eso no se cumplió”. Por eso la conclusión de Duque es que no se dieron las condiciones ni encontraron hallazgos que sustenten objetivamente el diagnóstico de embriaguez en segundo grado.

Incluso, en el informe se sugiere que Varela Bellini no fue examinado y que “es factible que la médica sólo haya mirado al paciente estando éste desprevenido y sin saber que estaba siendo evaluado médicamente”. Al revisar las evidencias forenses que le permitieron a la justicia dictaminar que el empresario tenía un estado de alicoramiento que le impedía conducir, el informe técnico de la defensa sostiene que tales pruebas tienen serias deficiencias y que algunas más fueron favorables a Varela o no se practicaron en su momento (ver facsímil).

Al margen de estos posibles yerros en la investigación, lo cierto es que las muertes de Emilse Quiroga Sánchez, Susana Padilla Leal y Édgar Isaías Fajardo causaron la movilización de sus compañeros motociclistas y un rechazo generalizado en Bogotá porque, de nuevo, la combinación de tragos y conducción derivaba en una tragedia, como tantas veces en Colombia.

Otro de los documentos recogidos por la defensa de Varela es la entrevista a Javier Castro Monsalve, quien labora como jefe de servicios del club La Pradera de Potosí, donde el empresario estuvo entre las 3:30 p.m. y las 9:00 p.m de ese 7 de julio. Según su relato, durante ese tiempo Varela Bellini estuvo con un amigo en una mesa en la que se pidieron tres medias de aguardiente Néctar verde, unas cervezas Club Colombia, una picada para dos personas, unos deditos de queso y unas carimañolas.

Castro contó que vio cómo el hoy procesado le brindó a otras mesas licor y que cuando se retiró del lugar no se veía “ni siquiera prendido”. De acuerdo con su versión, jamás lo vio “zigzagueando” ni con síntomas de ebriedad, “como si no se hubiera tomado ni siquiera media cerveza”. Su relato intenta probar que aunque el empresario sí ingirió licor en la tarde de ese día, no estaba ebrio. De todas maneras, este testigo calculó que Varela pudo haberse tomado media de aguardiente.

En diálogo con El Espectador, Iván Cancino, defensor de Juan Carlos, resaltó: “Sentimos que a él le pusieron una cruz demasiado pesada, con una presión de medios que llevó a un fiscal a que le imputara el cargo de homicidio doloso (con intención) y no culposo (sin intención). Él jamás evadió su responsabilidad, pero el rechazo ciudadano provocó una presión en la Fiscalía. Él jamás tuvo la disposición de asesinar a nadie. La médica de La Calera que lo evaluó estaba haciendo su rural y su trabajo ha hecho que Juan Carlos sea castigado de una manera desproporcionada”.

Además sostuvo que la familia de Varela tiene toda la disposición de conciliar con las víctimas en sus justas proporciones y que ese proceso está avanzado. La justicia, en todo caso, deberá determinar si se cumplieron los protocolos que Máximo Duque dice que no se cumplieron. Los familiares de Varela no intentan excusar su comportamiento, pero piden equilibrio a la hora de evaluar responsabilidades. En la otra orilla, los motociclistas exigen el mismo tratamiento.

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