Panorama ante un sismo en Bogotá

¿Estamos preparados para un terremoto?

La ciudad ha reforzado su infraestructura y sus planes de emergencia para atender una catástrofe. El trabajo de fondo está en la comunidad.

Daniel Iannini - Archivo El Espectador

A pesar de que la ciudad se encuentra en una zona de alta influencia sismológica, desde hace 50 años no se reportan grandes daños a causa de un movimiento telúrico. No obstante, las autoridades han tomado medidas preventivas para minimizar los riesgos en caso de que una emergencia se presente. Pero, ¿qué tan preparada está la capital en caso de un eventual terremoto?

Colombia está sobre tres placas tectónicas: la Suramericana, la de Nazca y la del Caribe. Además, varias fallas geológicas, como las del Romedal y el Piedemonte Llanero. Esto hace que el país esté en una región de alta ocurrencia sísmica, según el Instituto Distrital de Riesgos y Cambio Climático (Idiger).

Sin embargo, en el caso de Bogotá el riesgo es intermedio, pues no se encuentra en un lugar de alto impacto. Gracias a esto, de ocurrir un sismo, la magnitud estaría entre los seis y siete grados en la escala de Richter. Así lo señala un estudio de la Universidad Nacional, en 2015, en el que además se indica que los movimientos que tendrían un mayor impacto serían los de las fallas del Alto del Trigo, Bituima, Cambao, Honda e Ibagué, en el oeste; y las de la región del Piedemonte Llanero con las fallas de Algeciras-Uribe, Guaicaramo y Servitá.

En Bogotá hay unos sectores más vulnerables que otros. Según un estudio del Idiger, con base en el Índice de Riesgo por Sismo, las localidades más vulnerables serían aquellas que están ubicadas en el centro de la ciudad: La Candelaria, Santa Fe y Los Mártires (ver gráfico).

De acuerdo con Ederley Torres, coordinador de emergencias de la Defensa Civil de Bogotá, “en caso de que se presente un hundimiento de tierra o un colapso, las principales afectaciones se presentarían en las viviendas muy antiguas y que no reúnen las condiciones mínimas de sismorresistencia, como algunos centros hospitalarios y algunas entidades estatales”.

Otro estudio presentado ayer en el Concejo por el cabildante Celio Nieves revela que Chapinero, Usaquén y Fontibón serían las localidades que más se verían afectadas. Además de esto, considerando que en la ciudad se presente un terremoto de similares magnitudes que el más reciente en México, se concluye que el 46 % de las construcciones del Distrito sufrirían daños que obligarían a su demolición.

Con respecto a esto, el director del Idiger, Richard Vargas, asegura que la ciudad se ha venido preparando para enfrentar este escenario. En los últimos años se han tomado cuatro acciones, como “la compra de acelerógrafos (que registran la aceleración del suelo durante un terremoto), la creación del centro distrital de logística y reserva, la formulación del marco de actuación en caso de emergencia y la conformación de 12 comités de ayuda”.

Más voluntarios

Otro de los puntos que hay que precisar es la participación ciudadana en las medidas de prevención. Aunque el Distrito cuente con la tecnología y el equipo necesarios de atención de emergencias, para Torres, la que da una respuesta inicial es la comunidad y por ello es necesaria la ampliación de la red de voluntarios y la capacitación de la población en general. “En este momento no se cuenta con los voluntarios que necesita la ciudad. Tenerlos es una fortaleza, porque es la misma comunidad entrenada para atender una emergencia”.

Este tipo de riesgos no son previsibles, por eso, en la prevención está la clave para mitigar el riesgo y estragos de grandes magnitudes. El próximo 25 de octubre se realizará un gran simulacro en la ciudad. De acuerdo con Vargas, la cultura de la prevención se crea con la práctica y la mejor forma es ser consciente de que la preparación no es solo de la ciudad, sino también de cada ciudadano.