'Estudiar aquí es un riesgo'

Desde el viernes, 200 estudiantes del colegio Alemania Unificada se tomaron las instalaciones del lugar: exigen que la Secretaría de Educación los traslade a un lugar con las mínimas condiciones de seguridad.

Para entrar al colegio hay que esperar a que los 200 estudiantes que se tomaron la institución desde el pasado viernes decidan si el visitante es o no bienvenido. Desde ese día, exigen que la Secretaría de Educación los traslade a unas instalaciones con las mínimas condiciones de seguridad. De lo contrario, aseguran, todavía vestidos con el uniforme, seguirán en el colegio día y noche hasta que tengan una respuesta del Distrito.

Son algunos de los 850 estudiantes que asisten a clase en una de las tres sedes del colegio Alemania Unificada, ubicado en la localidad de San Cristóbal, al sur de la ciudad. Hasta la semana pasada cumplían con las clases con normalidad, pero la idea de tomarse el colegio empezó a gestarse luego de que el Distrito decidiera cerrar definitivamente otra de las sedes, la de San Martín de Loba, porque su estructura amenaza con venirse abajo en cualquier momento.

Esta no es la primera vez que los estudiantes tendrán que buscar un nuevo lugar para no dejar las clases. El rector del colegio, Jorge Sotomonte, quien desde su oficina acompaña a los jóvenes en la toma, explica que el problema se desató en mayo de 2007, cuando se determinó que la sede de San Martín de Loba, entonces ubicada en otra zona, estaba en condiciones inadecuadas y se ordenó reforzar la estructura.

Sin explicación alguna, insiste el rector, el Distrito decidió que lo mejor era demolerlo para construir un nuevo colegio. Hoy, cuatro años después, el que fuera el refugio de 750 estudiantes es apenas una fachada corroída por el tiempo y los saqueos. Apenas quedan 250 estudiantes en las aulas del colegio provisional que, desde el viernes, fue sellado, y Sotomonte advierte que el Distrito nunca ha hecho seguimiento a los niños desertores.

En la sede A de la institución, en la que hoy continúan los manifestantes, tampoco se cumple con las normas mínimas de seguridad. Primero aparecieron grietas en uno de los salones, después en otro, y la cuenta ya va en cuatro. Luego fue un pasillo, un baño, el salón de sistemas... Lo peor es que las grietas y el movimiento del terreno señalan que el colegio colapsará.

“Lo que está pasando en el colegio demuestra que el cartel de la contratación no se limita al sector de la movilidad. Lo más preocupante es que aquí está en juego la seguridad de los estudiantes, el derecho a la educación, el futuro de los niños; en últimas, el de la sociedad”, insiste con indignación Sotomonte.

Decidida a hablar con el Secretario de Educación, Sandra Viviana Burbano, líder de los estudiantes, con apenas 16 años, explica que seguirán en el colegio hasta que la administración distrital les entregue un espacio seguro: “Este colegio se está derrumbando. Estudiar aquí es un riesgo y el derecho a la educación también tiene que ser un derecho a la calidad de los espacios”.

Mientras los más pequeños bloquean afuera las calles, los de grados superiores siguen discutiendo adentro cómo lograr que la Secretaría de Educación escuche sus peticiones. Al respecto, la líder estudiantil es determinante: “Si el secretario no responde, vamos a demandar al Distrito por negligencia y daños y perjuicios a la moral de los estudiantes”.

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