Último episodio enciende una vez más las alarmas

Familia: clave para evitar el suicidio de menores

Una pareja de quinceañeros se quitó la vida en Bosa. Las estadísticas de estos casos crecieron el año pasado. La reflexión: ¿qué hacer?

Dos quinceañeros se quitaron la vida en un conjunto de Bosa. / Mauricio Alvarado

Aprender a ser padres; tener un círculo familiar fuerte y mantener un diálogo constante, franco y directo con sus hijos. Ahí estaría la clave para evitar el suicidio de menores de edad. La reflexión surge ante una nueva tragedia. Ayer, a las 9:00 a.m., en el conjunto Torres de Lucerna, del barrio La Paz, localidad de Bosa, una pareja de quinceañeros se quitó la vida. Las razones no están claras.

El caso enciende una vez más las alertas sobre este problema. El año pasado se registraron en Bogotá 35 casos, lo que representó un incremento del 45 %, en comparación con 2015, cuando se conocieron 24 suicidios de jóvenes entre los 10 y 17 años. Y preocupa más cuando niños, de menos edad, se quitan la vida. La pregunta que surge, una vez más, es ¿qué hacer?

Según el área de Salud Mental de la Universidad de La Sabana, la baja autoestima, la pérdida de un año escolar, el consumo de drogas, la intolerancia al fracaso, los sentimientos de culpabilidad y el acoso son las principales señales que alertan sobre una tendencia suicida en niños y adolescentes. Yahira Guzmán, jefe de Salud Mental de esa institución, dice que el tema del suicidio con los niños se debe tratar de forma abierta, espontánea y natural. No como algo positivo, pero tampoco como un tabú.

“La adolescencia es una etapa de cambios y ellos se dejan impresionar por personas con cierto liderazgo, que suelen incidir en quienes tienen dificultades emocionales y otros problemas. Es clave que los padres estén informados y pendientes de los cambios que se están presentando en los jóvenes, tanto en los niños como en los adolescentes. Además, es necesario retomar medidas mediante las cuales se pueda controlar cuánto tiempo pasan en internet, a qué lugares está accediendo y qué tipo de interacciones están teniendo”, dijo la profesional, quien agrega que se deben mezclar la confianza y el control, para poder establecer a tiempo qué está sucediendo.

Aunque inicialmente se especuló que detrás del doble suicidio en Bosa estaba el fatal juego de la Ballena Azul, Luz Alcira Granada, directora de Incidencia Política de la organización Save The Children, dijo que se debe tener cuidado. Fuera de un caso documentado, no hay evidencias en el país de que ese juego haya desencadenado suicidios efectivos. Por eso pidió no desviar la atención de lo principal: el conflicto, el matoneo, la soledad, pero, ante todo, los problemas de comunicación y relación con los padres. “Muchos lo que están haciendo es violentarlos, cortar la comunicación o cometiendo actos que van en contra de la dignidad de los menores. Hay que mirar cómo los padres se relacionan con sus hijos en la adolescencia, una etapa crucial. Si no tenemos las herramientas, debemos buscar cómo capacitarnos para entender esa edad”.

Por su parte, el sicólogo Luis Alberto Rengifo, experto en tratar jóvenes, es más directo y descarga la responsabilidad de estos casos en los padres. “Cuando el suicidio llega, somos muy inmediatistas y siempre buscamos el detonante como la decepción amorosa, el acoso, los amigos, las redes sociales, la televisión o cualquier otra razón. Sin embargo, no pensamos en lo que lo volvió propenso al suicidio, los vacíos en la crianza. Las presiones siempre van a existir. No es cuestión de dejar al niño hacer lo que le da la gana o terminar asfixiándolo. Debemos aprender a enseñarle a tener un desarrollo afectivo y social adecuado. Y eso empieza desde que los niños están pequeños”.

Entre las recomendaciones que el experto les da a los padres está tener conciencia de que con los hijos hay que establecer límites y normas claras en la casa, para que se puedan ajustar a las reglas sociales; basar la relación en el amor y la confianza, pero sin querer ser amigo de sus hijos, pues ahí se pierden los roles; dedicarles tiempo y crecer con ellos, para poder detectar sus necesidades, y mantener una conversación clara y directa con ellos. “No se trata de que se imponga el hijo ni que se imponga el padre. Es buscar un equilibrio”.