La forense que quiso beneficiar a un violador serial

Una exfuncionaria de Medicina Legal cambió una prueba de sangre y casi genera que un sujeto, que abusó de al menos cuatro niñas, quedara libre. El padre de una de ellas pide que investiguen para saber si hubo cómplices.

Belén Suárez Malagón, la funcionaria de Medicina Legal que cambió una prueba de ADN, se encuentra prófuga. / Istock
Belén Suárez Malagón, la funcionaria de Medicina Legal que cambió una prueba de ADN, se encuentra prófuga. / Istock

Aunque la prueba de ADN que recogió Medicina Legal eximía a Néstor Romero Paipa, una de sus víctimas estaba segura de que él había sido el hombre que la había violado el 2 de diciembre de 2009, cuando iba camino a su colegio, en la localidad de Bosa. Reconocía sus rasgos físicos y hasta una marca en una de las manos de ese hombre. Incluso, el mismo Romero, cuando fue capturado, aceptó ser quien abusó de la joven, que en ese entonces tenía 17 años. Luego cambió de versión aduciendo que había sido mal asesorado por su abogado.

La fiscal del caso estuvo a punto de cerrar el proceso. Sin embargo, los investigadores tenían sospechas. Así que le practicaron otra prueba de ADN, que esta vez fue positiva. Rodríguez era culpable y así lo ratificó finalmente un juez.

Con esa claridad, se abrió un nuevo interrogante para la justicia: ¿Por qué la primera prueba indicó que el ADN de los fluidos encontrados en el cuerpo de la joven no correspondían con los de Romero? La lupa quedó puesta sobre Belén Suárez Malagón, la asistente forense que tomó la prueba de sangre.

Medicina Legal empezó una investigación interna en la que se estableció que la funcionaria era la responsable, pues fue la única persona que accedió a la muestra antes de que fuera procesada.

Al sitio donde se tomó la prueba de sangre solo entraron Suárez Malagón, el procesado, su abogado y el guardia del Inpec que lo custodiaba. Ella le extrajo la sangre y marcó la placa con la muestra. Luego, la entregó a quien analizó el ADN. De esa sangre se sabe que no corresponde a la de Romero, sino a la de otro hombre. Es decir, Suárez cambió la muestra y no entregó la del violador. En adelante, según las pesquisas de Medicina Legal, que fueron definitivas en el juicio, se cumplió con el protocolo del tratamiento de esa evidencia.

El pasado miércoles, un juez estableció que Suárez es culpable de los delitos de fraude procesal, falsedad en documento público y ocultamiento de material probatorio. El próximo 14 de septiembre se sabrá cuál será su condena. Sin embargo, este caso está lejos de cerrarse, así lo considera Carlos Rodríguez, el padre de la joven abusada. Para él, aún falta establecer de quién es la sangre de la primera prueba y cuáles fueron las motivaciones de la empleada de Medicina Legal para cambiarla.

Rodríguez cree que si la sangre es de alguien más, debe haber cómplices. Además, se cuestiona que una funcionaria que llevaba 19 años en la institución alterara la prueba sin motivo alguno. Hasta ahora no se ha podido conocer la versión de la condenada sobre los hechos, pues solo se presentó a la primera audiencia del proceso y hoy está prófuga.

El violador en serie

La víctima, por la que se desató todo este caso, estaba a punto de llegar a su colegio, a las 6:30 de la mañana del 2 de diciembre de 2009, cuando se cruzó con Néstor Romero Paipa. Él, montado en su moto, le pidió a la joven que timbrara en la casa que tenían al lado. La engañó diciéndole que allí vivía su novia, pero que su “suegro” no podía verlo llegar a la vivienda.

Cuando la joven le dio la espalda para tocar el timbre, Romero le puso una cuchilla untada de sangre en el cuello y una pistola en la cintura. La obligó a acompañarlo hasta una edificación cercana, prácticamente abandonada, donde abusó de ella. Cuando él iba a huir, alertado porque una vecina los había visto, la muchacha alcanzó a ver las placas de la moto. Y empezó a gritarlas, hasta que algún transeúnte las anotó.

Siguiendo la pista de las placas, las autoridades lo capturaron tres meses después. Sin embargo, en ese período abusó de otras tres muchachas. Esos casos se fueron conociendo a medida que avanzaban las audiencias por esta violación. Por todos estos hechos, que llegaron a ser de conocimiento del Tribunal Superior de Bogotá, Romero Paipa terminó condenado en segunda instancia a 36 años de prisión. Contra él aún cursan otros cinco procesos donde también se le acusa de abuso sexual violento.

Más de seis años después, la joven aún sufre las secuelas sicológicas del abuso: ha intentado suicidarse dos veces. Su padre ahora se siente más tranquilo, porque el abusador está en prisión y se estableció la culpabilidad de Suárez en el intento de desviar el proceso. Sin embargo, pide que la investigación no se estanque y se establezca si hay más involucrados y cuáles fueron los móviles por los que se cambió la primera prueba de ADN de Romero Paipa, en un hecho que casi entierra en la impunidad el abuso que sufrió su hija.

 

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