"La Fundación Gilberto Alzate no se liquidará, sólo cambiará su mentalidad": directora

El proyecto de acabar la fundación para crear el Instituto Centro provocó una espiral de reacciones. Algunos lo consideran un puntapié a la cultura. Mónica Ramírez, la directora, responde a las críticas.

Mónica Ramírez, directora del Instituto Centro.

La Fundación Gilberto Alzate (Fuga), símbolo de las artes plásticas y escénicas de la ciudad, está a punto de desaparecer para dar paso a una gerencia que se encargará de recuperar el centro de la ciudad. Quienes se oponen al proyecto lo tildan de puntapié a la cultura, e incluso entidades del Distrito y alcaldías locales del sector temen perder su autonomía. Sin embargo, Mónica Ramírez, directora de la Fuga y quien dirigirá la nueva entidad, justifica el cambio y pone un ejemplo: la sobrepoblación de palomas en la Plaza de Bolívar.

En septiembre, el Concejo aprobó un acuerdo para frenar la expansión de estas aves y del virus respiratorio que causan en el sector, pero surgió una duda: quién lo ejecutaría. De golpe, debería ser la Secretaría de Ambiente. Sin embargo, el Distrito entendió que otros sectores también debían intervenir. El Instituto para la Economía Social (IPES), por ejemplo, para regular la venta de maíz en la zona; el Instituto de Patrimonio Cultural, porque el excremento mancha y deteriora los monumentos; la Alcaldía de La Candelaria, para controlar que los restaurantes saquen la basura a ciertas horas y evitar que las palomas aterricen por comida, y la Secretaría de Salud, para vigilar que los locales comerciales fumiguen y cambien el químico.

En total, 11 entidades deben participar en el plan, pero no hay quién las coordine. “El centro necesita un doliente para recuperarlo. Si no hay una intervención integral, no habrá cambios reales”, dice Mónica Ramírez, quien insiste en que el objetivo es transformar la Fuga en un instituto que, además de oferta artística, se encargará de reparar la infraestructura, potenciar el turismo y alentar la participación.

Las críticas

Aunque la decisión parece justificada, el temor de los defensores de la Fuga es el futuro de sus programas culturales. Cuestionan que una plataforma para el arte emergente pase a ser una entidad administrativa. Para Ana María Alzate, exdirectora de la Fuga (2000-2014), la Alcaldía está acabando una institución que creció en patrimonio y actividades a punta de nervio y uñas. Hoy ofrece 40 talleres, a pesar de ser la entidad cultural del Distrito con menos presupuesto, pues apenas representa el 0,7 % de los fondos de este sector.

En 1970, cuando la fundación nació para rendir homenaje al caudillo conservador, era una casa esquinera para la tertulia, con espacio para 20 o 30 personas. Ahora funciona en una casa colonial y tres republicanas, con auditorio para 430 personas, y cuenta con la biblioteca de historia política colombiana más grande del Distrito: más de 10.000 libros y 65.000 periódicos publicados entre 1935 y 1988.

Asimismo, produce “Errata”, una revista de crítica de arte con eco internacional, que se distingue por juntar corrientes alternativas con el “mainstream” latinoamericano. Creó el Premio Bienal de Artes Plásticas y Visuales, un evento inédito en el circuito que puso a concursar en la misma bolsa a recién egresados con artistas reconocidos. Además, organiza el Festival Centro, el más popular de sus programas. Sobre sus tablas dieron sus primeras tonadas Chocquibtown, Monsieur Periné y Pedrina y Río.

En medio de la incertidumbre, Mónica Ramírez cuenta qué programas se liquidarán y cuáles permanecerán, y especifica las funciones que tendrá la nueva entidad.

Desde hace años ronda la idea de transformar la fundación. ¿Por qué?

Es la entidad más pequeña del Distrito en presupuesto y planta. Su impacto es más local, en La Candelaria. Y funciona de forma irregular. La norma de la Alcaldía es que el 70 % del presupuesto de una entidad se destine a proyectos y el resto a funcionamiento. En la Fuga sucede al contrario: el 70 % se destina a salarios y mantenimiento de las casas. Sólo sigue viva por sus programas reconocidos. La idea es cambiar el uso de los recursos.

¿Se acabará la Fuga?

La fundación no se liquidará, se transformará. El 100 % del personal (31 personas) permanecerá, aunque cambiarán algunas funciones. Conservaremos los programas con buena acogida y descartaremos los que tienen poca asistencia. Por ejemplo, la beca de curaduría histórica costó $15 millones y participaron tres personas. Incluso, así continúe la Fuga, se acabarán esos programas. Lo decidimos al analizar el presupuesto para 2017. Una de las razones de la transformación es que la fundación duplica las funciones de Idartes.

¿Qué busca la transformación?

Volver a la entidad más relevante para el centro. La cultura seguirá siendo su espíritu, pero debe integrar otros ejes: infraestructura, participación comunitaria y economía. Hay que recordar que el centro tiene muchas vocaciones: turística, patrimonial, comercial y académica. Además, la diferencia entre la población residente y flotante es radical. En La Candelaria, Santa Fe y Mártires viven cerca de 220.000 personas, pero llegan diariamente casi dos millones. El impacto es enorme y no hay cómo soportarlo: el presupuesto de las alcaldías locales se entrega con base en la población que reside. 

¿Qué programas continuarían?

Con Idartes estamos revisando uno a uno los programas. Continuarán el Festival Centro, el Circuito Centro, el premio Peña de Mujeres y la revista Errata. Sería una estupidez tocar los programas tradicionales. Idartes se encargará del auditorio y de la revista. En las casas de la Fuga, declaradas patrimonio, se exhibirán obras de las convocatorias que organice.

Hay entidades que sienten que el instituto podría pisar sus funciones. Por ejemplo, ¿quién se encargaría de un proyecto de renovación urbana?

El IDU y la ERU son las que dicen qué se puede construir. El instituto no planeará ni ejecutará ni aprobará proyectos, pero sí estará al tanto de su desarrollo, porque debe estar en medio de constructores, residentes y comerciantes para que anden. Definirá cuándo entra actuar cada entidad y lo que se requiere previamente a la intervención. Por otro lado, el uso de los recursos de las alcaldías locales será autónomo. No tendremos injerencia, pero sí serviremos para sugerir prioridades.

¿A qué se refiere, entonces, con la conservación de la infraestructura?

Tiene que ver con trabajos básicos. Un ejemplo: en 10 manzanas decidimos quién arregla los andenes, cambia las bombillas o remodela las fachadas grafiteadas.

¿Cuáles son las dificultades del cambio?

Las entidades del Distrito trabajan con una visión vertical, pero en el centro las intervenciones —espacio público, reparaciones básicas de infraestructura, campañas de concientización— requieren una mirada transversal. Se trata de un cambio de mentalidad. Es un concepto que no existe en el país: una entidad coordinadora.

¿En qué va la discusión en el Concejo?

El proyecto fue aprobado en Comisión de Gobierno, pero la administración decidió detener la discusión por el debate de presupuesto y porque hubo una inconsistencia en la sesión de votación. Si no se puede seguir así, se presentará un nuevo proyecto. La entidad es prioridad para el Distrito. El centro necesita que alguien se ponga la camiseta para recuperarlo.

 

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