Fútbol a fuego lento

Además de servir platos del Pacífico por veinte años, este restaurante en el centro de Bogotá se ha convertido en catapulta para futbolistas, incluso de la selección de Colombia.

Tenía siete años cuando capturó su primer pez. Al pueblo lo había inundado el río Atrato y mientras recorría sus callejuelas anegadas en una pequeña barca, sintió picar el anzuelo. Era un comelón de medio metro, un banquete con el que cenó toda la familia ese día. Su primer gol, también en Tagachí, Chocó, lo anotó un año después, sin zapatos, casi desnudo y lleno de barro: la cancha también estaba inundada.

No se le olvida ningún detalle, ni siquiera de la cara del arquero cuando el balón de caucho entró por la portería improvisada. Le dicen Asprilla, se llama Libardo, y para conocerlo sólo hay que ir al restaurante Su Costa, que abrió en 1992 en La Candelaria, y verlo conversar con los profesores y funcionarios del sector que se han convertido en sus clientes más fieles a la hora del almuerzo.

Cuando camina baila y para hablar tiene que sonreir. Empieza diciendo que siempre le ha gustado la cocina y que su gran pasión es el fútbol. Sólo así se entiende por qué en su restaurante funciona un club deportivo. Asprilla se quita la chaqueta roja, deja ver otra vez los dientes blancos y explica que en 1994, poco más de un año después de estar sirviendo platos del Pacífico, patrocinó una copa de fútbol con tan buenos resultados que a los pocos años se animó a crear el club Su Costa.

Da un brinco, se para de la silla, acerca una foto y dice orgulloso: “Ese es Wason Rentería y ese de allá es Carlos Rentería. Los dos son primos míos y los dos entrenaron en Su Costa”. Carlos Rentería, hoy jugador del Atlético Nacional, recuerda que llegó a Bogotá con 17 años y el sueño de convertirse en futbolista. Después de servir muchos almuerzos como mesero en Su Costa, y con el apoyo de la familia Asprilla, finalmente lo logró. Su historia es la misma de Wason, la de Cristian Martínez y la de muchos jugadores que, gracias al pequeño restaurante, anclado en el centro de Bogotá , han podido entrenar y seguir buscando un lugar en las ligas profesionales.

En sus primeros años en la capital, Asprilla trabajaba en un banco, se acababa de graduar como economista y quería abrir su propio negocio. Tenía 24 años y toda la voluntad para crear, pero poco dinero. Pensó en abrir un restaurante con las recetas que preparaba su mamá en una cocina de leña en Tagachí. Entonces buscó un crédito en la caja de compensación de Colsubsidio y con los ocho millones de pesos que recibió prendió los fogones de Su Costa.

Después fueron llegando sus hermanos desde Chocó. Son 14 en total y siete trabajan con él. Los demás llegaron a la capital, estudiaron y salieron de la universidad gracias al restaurante.

Con platos de ceviche, filetes frescos, cazuelas de mariscos y todo el sabor y la sazón de la tradición de una familia criada a orillas del Atrato, se han entrenado cientos de jóvenes apasionados por el fútbol. Hoy hay 90 jugadores de escasos recursos pateando el balón tres días a la semana con el patrocinio de Su Costa. Asprilla lo explica en una frase: “Esta es una mezcla entre los secretos de la costa y el sabor del fútbol”.