Goteras en la Plazoleta del Concejo de Bogotá, una obra de $11.800 millones

Los trabajos, que serán entregados esta semana, se demoraron tres años más de lo previsto y costaron $5.517 millones adicionales. Estaban listos a finales de 2016, pero comenzó a filtrarse el agua y se debieron despegar unas baldosas.

Imagen de la semana pasada en la que se ven las baldosas levantadas en algunos puntos de la obra. / Archivo particular.

Pequeños grupos de obreros trabajaban el viernes pasado en la plazoleta del Concejo de Bogotá, ubicada a un costado del edificio donde sesionan los 45 cabildantes de la ciudad. Estaban distribuidos en diferentes puntos donde faltaba pegar algunas baldosas, en lo que parecían ser las últimas puntadas de una obra que se ha demorado tres años más de lo previsto. La situación, sin embargo, era menos común de lo que aparentaba: las baldosas, en realidad, habían sido levantadas después de que, cuando todo parecía terminado, el agua comenzó a filtrarse.

Debajo de la plazoleta, donde queda un sótano que será destinado a los parqueaderos de los concejales, empezaron a caer dos goteras. Y ese detalle, que parece menor, es tan solo la cereza del pastel. Es el último pequeño escándalo de un contrato adjudicado en abril de 2013 por $6.309 millones, con el fin de ser ejecutado en 11 meses, pero que terminó demorándose tres años y nueve meses y costando $11.826 millones

Es una obra pequeña en comparación con otras que se adjudican en una metrópoli como Bogotá, y por eso Yaneth Mantilla, directora del Instituto de Desarrollo Urbano (IDÚ), dice sin rodeos: “es una vergüenza que uno dure casi cuatro años haciendo 3.000 metros cuadrados”, que es el área que abarcó la intervención. Algo así como la tercera parte de una cancha de fútbol profesional. 

Los problemas comenzaron desde 2013 y el contrato tuvo, en total, seis prórrogas. Además, entre suspensión y suspensión duró 16 meses parado. El contratista es la firma Seravezza, cuyos representantes legales son Luis Gabriel Nieto García y Orlando Fajardo Castillo, viejos conocidos de la contratación del Distrito. 

Fueron múltiples inconvenientes. Por ejemplo, la primera suspensión, en septiembre de 2013, se debió, según los contratistas, a la necesidad de actualizar los diseños por cambios en las normas urbanísticas. Luego vinieron las adiciones de presupuesto, ambas en la anterior administración: una de $3.106 millones debido a una actualización de diseños, y otra de $2.400 millones porque la empresa encargada terminó ejecutando más obras de las inicialmente convenidas. El 20 de febrero de 2015, además, cuando iban a comenzar la construcción en forma después de labores preliminares, el contratista dejó constancia de que aún no contaba con información básica como planos. 

Por eso Mantilla dice que llegó a destrabar la obra, y aunque otorgó más plazos, se negó a girar más plata. El pasado 6 de octubre se firmó el acta de terminación, que dejaba constancia de que durante el mes siguiente se culminarían algunas actividades pendientes: señalización interna del parqueadero, instalación de un escudo, dejar las bases para el alumbrado público, ajustes en la zona peatonal, entre otros. La entrega se planeó para el 29 de diciembre, pero llegaron las goteras

Las juntas, explica la funcionaria, no quedaron totalmente pegadas. “No es por defender al contratista ni al interventor, pero como se tuvo que trabajar en diciembre y las lluvias fueron inclementes, eso pudo influir para que no pegaran bien. De todas formas, el contrato no ha sido liquidado y el contratista debe resolver el problema”. 

Se espera, entonces, que este jueves sea entregada la obra, lo que también le permitirá al Concejo ahorrarse los $40 millones que paga al mes por un parqueadero particular para los carros de los concejales.

 

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