Las guerras en el club El Nogal

El Espectador conoció detalles inéditos de las peleas entre directivos y socios, tras la muerte de un empresario mexicano en su hotel.

La muerte del empresario mexicano fue el “florero de Llorente” que develó la crisis interna en la junta del Club. / Archivo

La misteriosa muerte del empresario mexicano Luis Fernando Campo Yannelli, en una de las habitaciones del hotel del club El Nogal de Bogotá el pasado 27 de agosto, no sólo tiene en apremios a sus directivos por las investigaciones que adelanta la Fiscalía sobre las reales causas de su deceso. El lamentable episodio, al parecer asociado con una fuga de gas, también sacó a relucir la guerra intestina por el poder que libran desde hace ocho meses varios de los integrantes de la junta directiva del prestigioso club bogotano.

El origen de la confrontación, hacia el mes de abril, fue la intempestiva salida del presidente del club, el exmagistrado Julio César Ortiz, quien a pesar de haber sido reelegido en el cargo tuvo que apartarse del mando cuando en asamblea ordinaria se le cuestionó el manejo de varios carnés de cortesía. Aunque ese fue el nudo del conflicto, y hubo reparos por otorgar cortesías al exdirector deportivo de Millonarios José Portolés, al exjuez español Baltasar Garzón o a varios magistrados, hubo razones no expuestas.

En el fondo, varios socios del club estaban incómodos por la defensa jurídica de Ortiz al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, y las asesorías que prestó en el caso Interbolsa. Lo cierto es que finalmente Ortiz tuvo que dar un paso al costado y se constituyó una nueva junta directiva que permitió el acceso a la presidencia de Santiago Perdomo, actual presidente del grupo Colpatria, con vicepresidencia del auditor internacional David Aguirre. No obstante, los ánimos no habían quedado serenos y más temprano que tarde se agitaron.

El tema de la discordia fue la revisión del contrato de seguridad del club, pues existían desacuerdos respecto a las condiciones de negociación y los descuentos de distintos oferentes. Uno de los miembros de la junta directiva le reclamó al presidente Perdomo que él había adquirido el compromiso de hacer reuniones informativas trimestrales y, para principios de agosto, no se había hecho la primera. Antes de que esa pelea se resolviera, ocurrió la extraña muerte del ejecutivo de la firma azteca Kio Networks, Luis Fernando Campo.

Además de la gravedad del hecho, este suceso fue el “florero de Llorente” que develó la crisis interna en la junta directiva del club El Nogal. Aunque el mismo 27 de agosto, en que se supo del fallecimiento del visitante mexicano, hubo sesión ordinaria de junta, el presidente Santiago Perdomo no informó a los demás directivos lo que había sucedido. Lo hizo dos días después, el viernes 29, en una junta extraordinaria, en la que además anunció la contratación de dos abogados y de un grupo de periodistas para manejo de crisis.

A pesar de que Perdomo solicitó a sus compañeros de junta la máxima confidencialidad sobre el tema y esa noche se expidió un sucinto comunicado de condolencia, pronto empezaron los interrogantes y los rumores sobre la muerte del ejecutivo mexicano. Una semana después ya era un escándalo a voces no sólo porque el consultor empresarial y directivo Luis Javier Pinilla empezó a preguntar si había existido omisión de la presidencia para informar a tiempo sobre el tema, sino porque un socio explotó en internet.

El 11 de septiembre, a través de un correo electrónico con el asunto “Posible homicidio culposo en el club El Nogal”, el socio Daniel Emilio Mendoza se despachó en críticas. El Espectador conoció la lluvia de correos que circularon por esos días entre socios y directivos y, particularmente en el primero que emitió Mendoza, no sólo reiteró sus dudas respecto a lo sucedido con dos ciudadanos mexicanos, sino que ventiló otra pelea interna, esta vez dirigida contra el socio Jairo Iván Ramírez, a quien acusó de conflicto de intereses.

Respecto a lo sucedido con los mexicanos, Mendoza aseguró que se les había atendido en la enfermería del club y se les dijo que su malestar era algo pasajero. Sin embargo, al día siguiente, en sus palabras, “los empleados ingresaron a la alcoba y encontraron a uno de ellos muerto y al otro bañado en vómito de sangre. El uno fue llevado a la morgue y el otro al hospital”. Acto seguido, Mendoza agregó que se hizo una medición de los gases que suelta la caldera y “que arrojó una fuga de proporciones astronómicas, que bien habría podido intoxicar un ejército”.

Ante la arremetida del socio Mendoza, el directivo Armando Peláez solicitó al presidente del club, Santiago Perdomo, una nueva junta para aclarar los rumores. Ésta se realizó el 16 de septiembre y, en la misma, Perdomo informó que se había detectado una fisura en el tubo de escape de la caldera y que dio alta la medición del nivel de gases del día de la tragedia. Sin embargo, reportó que se habían encontrado pastillas antidepresivas en el cuarto del incidente y que la causa del deceso podía obedecer a muerte natural.

Seis días después de la junta, el socio Mendoza ratificó su arremetida, en esta ocasión, a través de un derecho de petición a todos los directivos del club El Nogal. Mendoza negó que se tratara de una muerte natural y que tenía información de una empleada anónima que le aseguró que se sabía de la fuga de gas y que se puso en peligro la integridad de todos los socios. Entrecomillando los comentarios de su fuente escribió: “Ese muerto anóteselo al club, que no siguió los procedimientos (...). Lo están tapando todo, escondiéndolo”.

Mendoza solicitó la bitácora de enfermería de la fecha del incidente, el plano explicativo del lugar donde fue hallado el cadáver y los nombres de todos los empleados que estaban de turno ese día en el hotel. De paso, volvió a fustigar al socio Jairo Iván Ramírez y pidió que lo expulsaran, porque, según él, se había hecho nombrar en el comité de seguridad del club sin haber informado que tiene demandado a El Nogal por el atentado de 2003. En su comunicación no lo bajó de “ave de rapiña” o de “Judas traidor”.

En medio de correos entre socios y directivos, el 9 de octubre, se sumó otro componente a la crisis. En una carta conjunta, los directivos Jairo Rubio y Pedran Faniam renunciaron a sus puestos en la junta. En su misiva argumentaron una visión diferente al buen gobierno corporativo, reflejada en el “manejo cuestionable” que se le dio al insuceso de la muerte de un huésped del club. Rubio y Faniam cuestionaron enterarse del caso a través de un socio y que se les pidiera omitir el reporte del gerente en el acta de la junta directiva, exponiéndose a líos judiciales.

Al día siguiente, el directivo Luis Javier Pinilla también dimitió. En su misiva cuestionó al presidente Perdomo por la información incompleta de la mayoría de decisiones y recordó sus reparos sobre el contrato de seguridad, donde aún no tenía respuesta. Pinilla concluyó que no quería ser más un invitado de piedra. Antes de que el presidente aceptara las renuncias, el socio Mendoza se fue lanza en ristre contra Rubio y Faniam, a quienes les dijo que no autorizaba el uso de su nombre, pues no era un peón de su ajedrez.

Mendoza había sido citado por los renunciantes, al hacer referencia a sus múltiples correos denunciando las irregularidades, y eso lo sacó de casillas. “No sean abusivos”, les dijo. “Si quieren armar un escándalo mediático con el tema del muerto, háganlo, la Constitución los ampara, pero háganlo ustedes dando la cara y de viva voz, no filtrando papeles y mails que llevan mi nombre. Si quieren atacar al presidente del club, háganlo también, cada quien tiene derecho a despelucar sus rencores, pero a mí no me cojan de daga envenenada”.

El 15 de octubre, el presidente Santiago Perdomo aceptó las renuncias de Rubio y Faniam, pero rechazó que dijeran que se estaba ocultando información. En particular le recordó a Rubio que él había tenido acceso de primera mano a todo lo sucedido. Al final volvió a hacerles un llamado a la prudencia, pues su comunicación estaba basada en suposiciones, ni ciertas ni verificadas, que podían causarle daño reputacional al club. Al directivo Pinilla le recordó que él había sido quien más había hecho uso del derecho a la palabra.

Cuando se creía superada la crisis apareció otra pieza del escándalo. En el portal Las2Orillas.co, el socio Daniel Mendoza, bajo el título “En el club El Nogal un iraní quería ponerme una burka”, con un estilo pendenciero, resumió la guerra abierta entre los directivos del club. La sorpresa es que la emprendió contra Jairo Rubio y Pedran Faniam, a quienes acusó de querer hacerle al presidente Santiago Perdomo la misma emboscada que le hicieron a Julio César Ortiz. A Rubio le recordó que un juzgado le acababa de anular su nombramiento como directivo.

La reacción de Faniam fue compartir con la junta directiva, el 14 de noviembre, un correo electrónico en el que Mendoza le dijo que el presidente Santiago Perdomo le había aceptado, casi llorando, que al mexicano lo habían matado los gases. “Él sabe en qué está metido, lo que pasó es lo más grave que haya pasado en la historia del club”, escribió Mendoza. El 19 de noviembre, el propio Mendoza admitió que él sí había escrito eso, pero que lo había hecho por desinformación de Faniam, a quien acusó de intentar soportarse a través de unos chats.

El 29 de noviembre, Mendoza de nuevo por internet aseguró que había sido amenazado y acusó a Rubio y a Faniam de tener vínculos con grupos extremistas religiosos y de derecha. Al día siguiente publicó un nuevo artículo en Las2Orillas.co, esta vez titulado “El muerto del club El Nogal, otra bomba de mentiras”, a través del cual defendió al presidente del club, dejó entrever que las fuentes de las publicaciones del periódico El Tiempo eran Jairo Rubio y Pedran Faniam, y los acusó de regar el rumor de los gases de la caldera.

Dos semanas después, el 11 de diciembre, Mendoza se despachó por tercera vez en el aludido portal. Esta vez cogió a la excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez, también socia de El Nogal, por pedir la salida del presidente y los actuales miembros de la junta del club. Mendoza atribuyó la conducta de Ramírez, lo mismo que el del exsuperintendente de Industria y Comercio, Jairo Rubio, a que en una junta se había decidido suspender a los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacio, por las investigaciones en su contra.

Hoy la verdad sobre lo sucedido el 27 de agosto con el ejecutivo mexicano Luis Fernando Campo Yannellif sigue siendo un misterio que la Fiscalía tendrá que aclarar. Lo que sí es evidente es la guerra intestina entre sus directivos y socios. El pasado 8 de diciembre, los dimitentes Rubio, Faniam y Pinilla dejaron claro que no renunciaron por la muerte del empresario extranjero, sino porque el comité de crisis integrado por el presidente Santiago Perdomo, su vicepresidente David Aguirre y el abogado Bernardo Henao han ocultado información trascendental.