Guías ilustrados

Lustradores del centro de la ciudad asisten de lunes a viernes a las clases de turismo con profesores del Instituto para la Economía Social.

En la calle 22 con carrera 6ª, 35 lustrabotas reciben capacitación para ser guías turísticos.  / Luis Ángel
En la calle 22 con carrera 6ª, 35 lustrabotas reciben capacitación para ser guías turísticos. / Luis Ángel

Dos hombres se acercan a uno de los lustrabotas de la Plaza de la Independencia para que los atienda. No lo hace. Guarda el betún y el cepillo en su caja de lustrar y saca una cartulina y un marcador para hacer su tarea. En 20 minutos dibuja la iglesia de Monserrate y sale corriendo para llegar a su clase de turismo, en la calle 22 con carrera 6ª.

Al salón llegan 35 embellecedores de calzado (así les gusta que les digan) de las localidades Santa Fe y Candelaria para la capacitación de turismo liderada por el Instituto para la Economía Social (Ipes) y el Sena. Todos tienen más de 40 años. El más viejo alcanza los 70.

El videobeam proyecta una foto de Bogotá en la época colonial. La profesora explica que “cuando llegó Gonzalo Jiménez de Quesada, la mezcla cultural fue tan importante...”. Los estudiantes empiezan a participar: “¡nos robaron!”, ¡nos saquearon los españoles!”, “¡se quedaron con el oro!”.

En el programa de 40 horas los lustradores tienen clases de historia de las localidades, información hotelera, guía de restaurantes y patrimonio cultural y arquitectónico. La idea es que cuando terminen el curso sigan empleándose como lustradores y al mismo tiempo como guías turísticos de los extranjeros.

El director del Ipes, Jorge Pulecio, ha dictado clases de historia en este recinto: “Empezamos con estas clases en cumplimiento de la sentencia del Consejo de Estado del 2 de febrero de 2012. Tenemos 161 embellecedores de calzado en un plan piloto. La idea es carnetizarlos, darles un overol y un espacio mobiliario. Saldrán de aquí con un certificado que diga que son oficialmente informadores de ciudad”.

La discusión es interrumpida por una empleada que llega con una bandeja con 40 tintos. “Si llega un turista, ¿a qué concierto lo llevaríamos?”. Nadie responde. “Bueno, pues hay una mujer que se arregla mucho y les gusta a los jóvenes”.

- ¿Claudia de Colombia?, dice un lustrador con bigote y chaqueta beige.

- ¡Eso! Vámonos a ver a Claudia de Colombia, responde Elvira, una de las lustradoras.

“No, no, es Lady Gaga, la que viene en noviembre”, aclara la maestra. El asistente dice: “Pero bueno, ¿de dónde es Claudia de Colombia?”. “De Las Cruces, en la localidad de Santa Fe”, responden los estudiantes. El día anterior los lustradores estaban aprendiéndose las localidades de la ciudad.

Ahora hablan de museos . El líder sindical de este gremio, José Amézquita, se para y toma la palabra: “Algo que no han mencionado en clase son la Biblioteca la Peña y el Museo del Hombre. En la calle 23 con carrera 19 exponen todo el proceso de la vida del humano, cómo surge la sífilis, la historia”.

En la diapositiva dice “patrimonio inmaterial”. Roberto, un lustrabotas del Parque de la Independencia, le explica a un compañero suyo lo que significa: “Es eso que no son museos ni nada, sino como las actividades recreativas y todo eso que hacemos en Bogotá”, dice.

Al final de la clase el asistente les entrega una cartulina para que dibujen lo que aprendieron. Algunos hacen la tarea juiciosamente; otros diseñan barcos, abanicos y aviones. Amézquita dice que va a cantar música de Los cucaracheros para animarlos: “El que en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate, no sabe lo que es canela, ni tamal con chocolate. Oye, chinita querida, de la alborada lucero, si tú me dejas por otro del guayabo yo me muero...”.