Guillermo Asprilla: ¿una ausencia caótica?

El debate sobre valorización y cupo de endeudamiento dejó en evidencia que, hasta los mismos progresistas, necesitan de una figura que ejerza liderazgo frente a los proyectos claves.

 En los próximos dos meses se discutirán en el Concejo los proyectos remozados de valorización y cupo de endeudamiento. / El Espectador
En los próximos dos meses se discutirán en el Concejo los proyectos remozados de valorización y cupo de endeudamiento. / El Espectador

Asprilla, secretario de gobierno destituido pero no notificado, debe cumplir esa función, pero la incomodidad de la sanción disciplinaria en su contra le impide cumplir a cabalidad sus funciones. El vacío es evidente.

"Necesitamos secretario de gobierno! Alcalde por favor, es absolutamente necesario. Como será (en la discusión del) POT(Plan de Ordenamiento Territorial)? ", dijo Diana Alejandra Rodríguez, concejala por Progresistas, durante la discusión del pasado lunes a través de su cuenta en la red social Twitter. La exedil de Kennedy consideraba que la discusión había tomado unos tintes inéditos que dejaban por el suelo la imagen de la administración y el cabildo.

“Colegas, están dejando muy mal parada a la corporación. Es escandaloso que se firmen esos acuerdos frente a las cámaras” dijo Rodríguez mientras, presurosos, sus homólogos del progresismo, de la U, el Partido Liberal y el Polo Democrático firmaban en una de las curules un documento en el que, mediante un acuerdo político, las bancadas definían que los dos proyectos no habían sido lo suficientemente discutidos y que, por ende, y por responsabilidad con la ciudad, las iniciativas debían ser presentadas de nuevo y discutidas en sesiones ordinarias.

El pronunciamiento causó roncha en los otros concejales progresistas. “Si no se firmaba ese acuerdo, hoy la oposición nos habría metido el cobro de valorización sin cupo, es decir, sin presupuesto para las grandes obras de la ciudad. No tiene sentido que, mientras nosotros defendíamos los intereses de la ciudad y el gobierno, la concejala salga en público a atacar a la administración” dijo un concejal progresista que, para evitar choques internos, prefiere ocultar su identidad.

Sin embargo, los reclamos no vinieron solo de Rodríguez. En dos de las tres intervenciones que hizo Miguel Uribe, liberal y opositor, hizo alusión a la ausencia de Asprilla: “¿Dónde está el Secretario de Gobierno? Ah, verdad que no está” decía el concejal. Lo mismo ocurrió con Darío Fernando Cepeda, graduado por el alcalde y por sus innumerables intervenciones como opositor a ultranza, quien afirmó que “una muestra más de la improvisación de esta administración es que no hay quien lidere grandes discusiones sobre la ciudad. Viene una multitud de funcionarios y no tenemos con quién hablar”, sostuvo.

Según la administración no hay una pérdida de control, como lo insinúan los concejales. Para Asprilla la polémica sobre su presencia o no en el concejo es inocua. De acuerdo con la versión del secretario de gobierno, el Concejo sabe que quien debe presentar y liderar estos proyectos es el Secretario de Hacienda, pues son materias que le corresponden a su cartera. Incluso, el mismo Petro dijo el lunes pasado, en entrevista con la FM, que Asprilla no había abandonado el cargo por errores en el fallo de Procuraduría que impidieron que fuera notificado. Errores como un número de cédula equivocado.

El panorama para la administración es complicado. En los próximos dos meses se discutirán en el Concejo los proyectos remozados de valorización y cupo de endeudamiento, así como el Plan de Ordenamiento Territorial, una discusión que impactará a la ciudad, por lo menos, durante la próxima década. Sin Asprilla, seguramente será Ricardo Bonilla quien defienda, por lo menos, los dos primeros proyectos.

En el Concejo tienen reparos frente a Bonilla. Ayer, en el debate, el secretario de Hacienda hizo gala de sus buenas intenciones, de un método de negociación que se fundamentaba en lo técnico y en los puntos medios. Pero ese método, aunque loable para muchos, riñe directamente con las costumbres de los cabildantes.

Exigencias como meter en valorización obras que los cabildantes quieren presentar en sus nichos electorales como propias, de vincular nuevas obras por intereses particulares, e incluso, reclamos como “no le vamos a firmar un cheque en blanco en la administración” o “ustedes lo que quieren es tener plata para hacer populismo”, parecían no caber en la cabeza de Bonilla. Por eso, para la administración, resulta fundamental definir con celeridad quién será su cabeza visible ante el Concejo, porque mientras tanto, la batalla con los políticos de esa corporación seguirá siendo tan ruidosa y nociva como hasta ahora.

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