Habrá cierres en Doña Juana por mantenimiento de zonas

La administración del relleno informó que cerrará las zonas siete y ocho para mitigar olores y vectores en el barrio Mochuelo. Además, intervendrá el lugar donde ocurrió el derrumbe en 2015.

Juan Zarama

En las zonas más cercanas al barrio Mochuelo, se realizarán cierres para adelantar trabajos de control con los que se buscan mitigar los vectores, revisar y atender las grietas y realizar el tapado pertinente para evitar filtraciones de agua ante la temporada de lluvias. (Lea: ¿Qué hacer con el relleno Doña Juana?)

Para ello se hará el cubrimiento de la masa de residuos, con lo que, de acuerdo, Catalina Celis, jefa operativa del relleno, se controlará el problema de plagas y malos olores en los barrios aledaños de Doña Juana. (Lea también: Doña Juana: en las entrañas de la indiferencia)

La intervención se realizará en la zona donde se presentó el derrumbe en octubre de 2015. “Sobre esas zonas se están adecuando varias obras de ingeniería, como unos filtros profundos para garantizar la evacuación de lixiviados, la construcción de pozos profundos donde irán instalados sistemas de bombeo que garantizan la evacuación de los lixiviados que quedaron depositados en esa zona”, aseguró Celi.

Según explicó la funcionaria, lo que se está realizando en la zona siete es un primer cerrado con una capa de arcilla de 30 centímetro para hacer el primer control. Cuando esté en su capacidad completa se hará un segundo sellado, que es el definitivo, con una capa de arcilla de 80 centímetros con lo que no se volverán a recopilar residuos en ese sector.

A diario se depositan en el relleno alrededor de 7.000 toneladas de basura, de los cuales el 70 % se podrían aprovechar. El relleno fue instalado en 1984, cuando un estudio que contrató la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) eligió su ubicación. Luego, vinieron las quejas de los pobladores cercanos y hace 20años, el derrumbe de un millón de toneladas de basura que provocó un desastre ambiental, que afectó a 30.000 personas, siete veredas y 900 barrios del sur de Bogotá.

El daño lo confirmó en 2012 el Consejo de Estado, al fallar la Acción de Grupo presentada, en 1999, por Guillermo Asprilla (Q.E.P.D.), quien luego fue secretario de Gobierno en la administración de Gustavo Petro y destituido por la Procuraduría, al nunca haber revocado el poder que le dio la comunidad.

Han sido tres décadas de protestas y bloqueos. De denuncias y promesas incumplidas. En vez de soluciones, les ha tocado ver cómo crece el basurero y cómo su administrador, según ellos, incumple sus obligaciones. El operador justifica sus fallas en lo poco que le pagan, en las normas ambientales y hasta en el Distrito.

Aunque se han tomado decisiones para tratar de mejorar la operación, como la construcción de una planta de aprovechamiento de biogás y una de tratamiento de lixiviados, la primera no opera a toda marcha y la segunda quedó mal hecha. Para completar, con el crecimiento de la ciudad aumentó la cantidad de desechos. Pero el desastre ambiental no acaba ahí: los líquidos tóxicos que no se tratan, muchos van a parar al río Tunjuelo.