“Hay que acabar con el impacto ambiental de los rellenos sanitarios”

Antonis Mavropoulos, experto en gestión de residuos que participa en la Cumbre Mundial de Líderes Locales que se celebra en Bogotá, pide que la ciudad invierta en bases de datos que le permitan tomar decisiones sobre el manejo de las basuras. Propone estudiar el caso de Brasil para incluir con éxito a los recicladores.

El griego Antonis Mavropoulos, experto en gestión de residuos sólidos. / Foto: Alcaldía de Bogotá

“El futuro de la gestión de residuos sólidos está no solo en manos de los diseñadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), sino de los recicladores de Bogotá”. Así terminó su intervención en la Cumbre Mundial de Alcaldes el griego Antonis Mavropoulos, un hombre que ha asesorado una quincena de países en la estrategia para lidiar con las basuras.

Su experiencia le indica que para diseñar planes en este campo son tan necesarias las herramientas tecnológicas como los conocimientos aportados por quienes, en buena medida de manera informal, viven de sacarles jugo a los residuos.

Y este tema, además, es sensible en Bogotá, no solo por la tormenta que desató en 2012 el intento del exalcalde Gustavo Petro por cambiar el modelo, sino porque la administración Peñalosa se apresta a otorgar un billonario contrato que definirá el esquema de manejo de residuos que se implementará por los próximos ocho años. Estuvo en un panel, de hecho, con Beatriz Cárdenas, la directora de la Unidad de Servicios Públicos encargada de ese proceso.

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Aunque admite no conocer lo suficiente la situación de la ciudad y por eso no da recomendaciones puntuales, plantea, de entrada, la necesidad de contar con sistemas de big data (bases de datos pormenorizadas) con suficiente información que sirva de base para tomar decisiones.

¿Cuál es el objetivo de tener grandes bases de datos?

Mapear los generadores de residuos (individuales, comerciales, residenciales e industriales) y su desempeño. Entender sus dinámicas permite planear.

Bogotá está a punto de cambiar su esquema de aseo. ¿Cuáles son los puntos claves para planear la gestión de residuos sólidos?

Lo primero es tener una línea base: saber cómo se comportan los barrios, cuánto se está recuperando, cuáles son los costos de implementar el sistema. Luego, la administración debe sentarse con todos los actores de la cadena y plantearles alternativas realistas. Por ejemplo, Bogotá requiere nueva infraestructura para empezar a hacer una buena gestión y tratamiento de los residuos sólidos. Debe definir si esa infraestructura será para el 50 %, el 70 % o el 90 % de los residuos. Una vez establecido ese porcentaje, se debe decidir si el restante lo tratarán mediante reciclaje y otros mecanismos. Lo que sigue es evaluar los costos, para que esas alternativas sean viables.

¿Eso es muy costoso?

Todo el manejo ambiental tiene un costo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que permitir la degradación ambiental trae, en el momento, costos financieros bajos, pero los deberá asumir la siguiente generación para restaurar el ambiente. La financiación a través de la venta de bonos de carbono es una muy buena opción para que Bogotá recupere las inversiones hechas para manejar los residuos.

Lo ideal es aprovechar al máximo los residuos, sea reciclando o generando energía. ¿Deben entonces acabarse los rellenos sanitarios?

No. La idea es que cada vez se disminuyan más los residuos que van a los rellenos, pero siempre se necesitarán. En países donde se han desarrollado tecnologías avanzadas, tienen grandes plantas generadoras de energía a partir de residuos, pero siempre quedarán deshechos que requieren una disposición final adecuada. Lo que tiene que acabarse es el impacto ambiental de los rellenos. No más rellenos sanitarios sin tratamiento del biogás y los lixiviados que allí se generan; no más rellenos sin constante monitoreo ambiental.

Colombia está en deuda con la inclusión de los recicladores. ¿Qué experiencia exitosa recomienda tener en cuenta?

Hay muchas, incluso en Latinoamérica. La más exitosa que conozco es la forma como el gobierno de Brasil ha involucrado a los recicladores informales. Para no tratar con individuos, les pide crear cooperativas. Hecho eso, cada parte define sus expectativas. Luego hay que entrar en contacto con otras partes que también tienen intereses en el sector, como empresas y ONG. En el diálogo con ellas se debe definir el porcentaje y tipo de residuos que quedarán a cargo de los recicladores. Por ejemplo, que les den acceso a papel, plástico y latas de aluminio, y lo demás quede para que lo traten las otras entidades. Los privados siempre temen que los recicladores les creen problemas; a estos, a su vez, les da miedo que los privados se apropien de su reciclaje; y en muchos casos a las autoridades locales realmente les asusta organizar este diálogo. La clave es generar confianza y eso toma tiempo.

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