Conversatorio de Colombia 2020

hace 4 horas
Bibliotecas biológicas

Herbarios: memoria histórica de la flora

La colección de plantas secas del Jardín Botánico José Celestino Mutis es de casi 20.000 ejemplares. Hay especies nativas de Bogotá, así como del bosque altoandino y páramos.

Esta planta tiene como nombre científico Epidendrum secundum Jacq, pero es conocida como Orquídea y tiene la capacidad de adaptarse a condiciones extremas.Cortesía

Al escuchar la palabra herbario, muchos se remontan a su época estudiantil, cuando los profesores de biología los ponían a llevar plantas con etiquetas y describir sus principales características. Sin embargo, el concepto hace referencia a un archivo donde se conservan muestras de cientos de plantas de todo tipo, que forman una colección biológica, en la que se lleva el registro, la clasificación y la nomenclatura científica de cada muestra vegetal para el estudio de la botánica. (Lea: ‘Los herbarios siguen siendo útiles para apoyar las investigaciones’: José Luis Fernández)

Pero ¿en dónde radica su importancia? “Un herbario es el armazón permanente en el que se puede acumular la información de la evolución y el estado de las especies de flora. Cabe destacar que las plantas pasan, pero los pliegos quedan. Las muestras preservadas están diseñadas para que perduren años y mucha gente las usa por la información que contienen”, explica José Luis Fernández, quien trabaja en el Real Jardín Botánico de Madrid y es miembro del Comité de la Organización Flora Neotrópica.

Pero su valor va más allá. Los herbarios son espacios que, además de conservar las muestras de cada planta, sirven para adelantar investigaciones que permitan aplicar sus resultados en la conservación de especies en peligro. Estas bibliotecas biológicas guardan la memoria histórica de las plantas, tienen información que permite ver su evolución y los distintos riesgos que tuvieron que enfrentar.

En la ciudad, al ya tradicional Herbario Nacional Colombiano, que abrió sus puertas en la Universidad Nacional en 1970 y tiene alrededor de 940.000 especímenes biológicos, se sumó el recién inaugurado herbario del Jardín Botánico José Celestino Mutis, en la calle 63 con carrera 68. Arrancó con 20.000 ejemplares de la zona andina, pero tiene capacidad para albergar hasta 200.000 muestras.

Las plantas son clasificadas en tres colecciones. En la primera están las secas, es decir, aquellas que fueron disecadas y conservadas por completo, de las cuales existen cerca de 16.400 ejemplares en el Jardín Botánico. La segunda es la carpoteca, en la que se preservan 1.050 tipos de semillas y hojas. Finalmente está la antoteca, donde se encuentran las estructuras florales de 510 tipos, en su gran mayoría de orquídeas colombianas correspondientes a 38 géneros y 61 especies diferentes.

Pero antes de hacer parte de alguna de estas colecciones del herbario, las plantas pasan por un proceso largo y minucioso. Todo comienza con la colecta de material fresco en campo, el cual es llevado al herbario para prensarlo y preservarlo mediante secado y montaje en pliegos de cartulina. Se les adiciona una etiqueta con la información obtenida en campo, como su ubicación geográfica, nombres comunes, altitud, usos, fecha de colecta, entre otros datos.

Las muestras pasan a la catalogación taxonómica y organización dentro de gabinetes especializados. Adicionalmente, cada planta es fotografiada y la información ingresada a una base de datos para facilitarla posteriormente al público.

Las imágenes son publicadas en la aplicación Plataforma de Nombres de Plantas Comunes de Bogotá, en la que se pueden consultar casi 3.000 especies, con propiedades medicinales, ornamentales, cosméticas, agropecuarias, tecnológicas, agroecológicas y ambientales, que se están perdiendo por el desconocimiento de los ciudadanos.

Según César Marín, coordinador de flora y colecciones del Jardín Botánico de Bogotá, la proyección a futuro del herbario es que sea uno de los referentes más importantes en el país en especies de plantas altoandinas y de páramo y como el repositorio de la colección botánica más completa sobre la flora de Bogotá, nativa y no nativa.

Para la continuidad de los herbarios es de suma importancia la labor de los botánicos y que estos dejen las muestras y la información recolectada durante sus trabajos de campo en tales lugares, para evitar que se pierdan los datos de su trabajo.

“Es clave resaltar la labor de fortalecer un herbario en una ciudad como Bogotá, que cuenta con diversas especies de plantas. Además es curioso encontrar un herbario dentro de un jardín botánico, donde se conservan plantas vivas. Y resulta beneficioso porque en la capital hay muchos colegios y universidades que pueden usar la colección del Jardín Botánico como fuente de investigación”, señala Fernández, miembro del Real Jardín Botánico de Madrid.

Por último, destaca que “hay gente que dice que los herbarios están abolidos y que eran muy útiles en el siglo XIX, porque ahora las nuevas tecnologías, como la fotografía y los registros génicos, tienen todo. Sin embargo, estos espacios suministran un montón de información y siguen siendo útiles para apoyar un sinfín de investigaciones. Por eso es muy importante resaltar la vigencia que tienen hoy en día. Este lugar es constantemente visitado por médicos, farmacéuticas, veterinarios y otros usuarios, que apoyan su trabajo en los datos de botánica”.