Increíble historia de un caballo "zorrero" que logró la libertad

Historia de ‘Yoli’, uno de los 2.468 equinos que jalaban carretas de reciclaje, y que hoy pasó a una pesebrera donde su única preocupación es pastar.

David Campuzano - El Espectador

Desde la llegada de los españoles a América y aún hoy, con los grandes adelantos en los sistemas de transporte, el caballo ha sido clave como herramienta para el desplazamiento de los habitantes del continente. Gonzalo Jimenez de Quesada recorrió medio país en el lomo de uno de estos ejemplares, desde Santa Marta hasta Bogotá, donde los indígenas Chibchas creyeron que el hombre y el equino eran uno solo.

Aunque la idea de los temibles Centauros ya es leyenda olvidada, hombre y caballo siguen siendo uno solo en casos como el de la las faenas de vaqueros e incluso en la urbana figura de ‘zorreros’ o carreteros, aquella en la que el vínculo entre uno y otro va desde el utilitario interés laboral hasta la relación afectiva, si se quiere sentimental. Sin embargo, en 2003 por orden de la Corte Constitucional se prohibió el tránsito de las carretas tiradas por caballos en las principales ciudades del país. Una medida pensada para evitar la explotación de los animales, ante las cotidianas escenas de maltrato que se presentaban en ciudades como Bogotá.

En la misma sentencia, la C-475 de 2003, el alto tribunal ordenó a las alcaldías municipales y distritales promover, entre los recicladores, actividades alternativas de trabajo o sustituir por otros mecanismos de transporte para que, por lo menos en Bogotá, según cifras de la Secretaría de Movilidad, 2.468 equinos fueran entregados en adopción y se jubilaran.

La Alcaldía de Bogotá ofreció tres posibilidades a los carreteros, a cambio de la entrega de los caballos: adquirir un vehículo de carga, dinero para desarrollar una idea de negocio o capital para la adquisición de una vivienda o mejorar una propia. En todo caso, el presupuesto fue de 36 SMLV (salarios mínimos legales vigentes), es decir, $21 millones.

A diciembre del año pasado, 2.703 recuperadores primarios habían decidido cambiar su animal por un vehículo de tracción mecánica. Entre ellos estuvo Luis Ángel Piraján quien entregó a su yegua, “Yoli”. La formó en medio del congestionado tráfico de Bogotá, le mostró la ruta de los mejores lugares para ir en busca de los tesoros de una caneca y aprovechó la inteligencia del animal para que, incluso, se grabara la ruta de vuelta a casa.

Blanca Irene Hernández, la adoptante, una mujer que ve en los caballos la libertad, se encargó de devolverle este derecho ‘Yoli’. Las anteojeras que solo le permitía mirar hacia adelante y jalar una carreta ya no son necesarias. Ahora con su lomo descubierto y en una pesebrera su única preocupación es la hora de salir a pastar.