Avanzan obras en Juan Amarillo y en Jaboque
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Infraestructura en los humedales de Bogotá: apuesta con alarma ambiental

El Acueducto adecúa aulas ambientales, miradores y senderos, uno de ellos elevado. Pese a las dudas de la comunidad, la Secretaría de Ambiente guarda silencio sobre sus responsabilidades.

La controversia por estas obras inició en la primera alcaldía de Peñalosa, con la construcción de una alameda y una ciclorruta en el humedal Juan Amarillo.Secretaría de Ambiente.

Son notorias las diferencias entre la administración Peñalosa y los ambientalistas. La visión de ciudad del Distrito, en la que prima la generación de espacio público y la expansión, choca con el activismo por la conservación, en tiempos de reflexión por el cambio climático. Si a diciembre no han aprobado la intervención de la reserva Van der Hammen o el sendero en los cerros orientales, lo que mantendrá vivo ese antagonismo serán las obras en los humedales.

La pugna por la intervención en estos ecosistemas comenzó en 2017, cuando la Secretaría de Ambiente modificó la política de humedales (expedida en 2007), argumentando que había una contradicción en el concepto de recreación pasiva, incluido en el decreto y en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). El cambio abrió la puerta a obras como senderos, ciclorrutas y alamedas, entre otras.

De esta forma, Enrique Peñalosa revivió la controversia que generó en su primera alcaldía (1998 - 2001), cuando adecuó en el borde sur del humedal Juan Amarillo una alameda y una ciclorruta. Ahora, no solo hará obras en el borde norte, sino que construirá un puente para conectar a Suba y Engativá. Cerca de allí, en el humedal Jaboque, se adelantan trabajos similares. Aunque encuentran justificación en la modernización de infraestructura, han profundizado las grietas con los ambientalistas.

Las intervenciones, en detalle

Las intervenciones tocan los dos humedales más grandes de Bogotá. Ambos ocupan 376 de las 727 hectáreas que suman los quince humedales oficiales. En el Juan Amarillo, por ejemplo, están haciendo un sendero perimetral para peatones y bicicletas. Según Viviana Rodríguez, asesora de gerencia del Acueducto de Bogotá, servirá como “límite , para que la gente sepa dónde empieza el área protegida. Una reja, como hay ahora, no es un obstáculo y queremos que todos vean lo que hay en el humedal, pero a través del sendero, los miradores y las aulas ambientales”.

Por otro lado, está la intervención que más choques genera: en el borde sur, el sendero se convierte en un puente, frente a la PTAR Salitre. Será de 1,2 kilómetros y se construye sobre un carreteable que usa la comunidad para pasar entre las localidades de Suba y Engativá. Según Rodríguez, el puente se hace con vigas que permiten el paso de la luz y el agua, y tendrá puertas de acceso, que se cerrarán en las noches para controlar el paso de peatones.

“Esto era un botadero y tenía una carretera para llevar las basuras. Cuando se hizo la PTAR, la vía se usó para adecuar cuatro humedales artificiales. La idea es cerrarlo, para dejar de fragmentar el humedal”, asegura la funcionaria. Fuera de los senderos, frente a la avenida Ciudad de Cali habrá juegos para niños, canchas, pista de patinaje y área comercial. La intervención costará $55.625 millones y esperan entregarla en diciembre.

Entre tanto, en el humedal Jaboque se hacen dos senderos: uno perimetral, de 2,1 km para peatones y bicicletas, y otro de 4,5 km, para educación ambiental. También, dos aulas ambientales y once miradores. “El sendero tiene un diseño que permite el paso de la fauna en la parte inferior y, funciona como sistema de drenaje. Allí había ocupaciones ilegales desde los años 70, que comieron parte del humedal, que pocos ven como un resguardo verde”, afirma Rodríguez. Las obras costarán $27.537 millones y esperan tenerlas listas en marzo de 2020.

Más allá de las obras, el Acueducto resalta otro trabajos, como la siembra de árboles y el retiro de basura y buchón, planta que impide el paso de los rayos del sol al agua. En Juan Amarillo, por ejemplo, plantarán 2.726 árboles y en el Jaboque, 1.342. De ambos ecosistemas han sacado casi 60.000 toneladas de Buchón y 2.300 de basuras.

Ante las dudas que genera la cimentación de un humedal, el Acueducto dice que, en sintonía con el plan de manejo ambiental, en Juan Amarillo solo se tocará el 1 % del área y en Jaboque, el 3,6 %. La próxima intervención sería en el humedal Córdoba, que pasó la etapa de estudios y diseños, pero la licitación no se ha abierto porque un juez ordenó que cualquier obra debe ser concertada.

Preguntas sin respuestas

Para ambientalistas y expertos, lo ideal es que las intervenciones se hagan como en el humedal Córdoba: de la mano con la comunidad. Sin embargo, coinciden en que fue imposible participar en los procesos en Jaboque y Juan Amarillo. Según Marcela Peñuela, miembro del Colectivo Caicas, que vigila el humedal Jaboque, los frentes de obra están afectando la flora y fauna.

“De un tiempo para acá se ven curies muertos, hasta en los conjuntos aledaños. Incluso, han llegado a Unicentro de Occidente y en muchas partes, hay letreros para que no los maten pensando que son ratas. También han muerto culebras y aves. En estos planes hay un patrón: invisibilizar los trabajos comunitarios, pues la Secretaría de Ambiente subestima el conocimiento de los expertos que tenemos y no nos brinda la información necesaria”, manifiesta la líder.

Por su parte, Daniela Salazar, vecina y líder de Jaboque, considera que las intervenciones son invasivas y coincide en una errónea socialización. “Las especies migrarán o morirán, porque la maquinaria es bastante fuerte. Hemos pedido que nos expliquen los trabajos, pero cuando nos visitan modifican y replantean los diseños. Tenemos biólogos e ingenieros que conocen del tema, pero siempre quedamos con la misma incertidumbre. Nunca son claros y también hay preocupación porque no sabemos cuántos árboles van a talar”.

Los miembros de la Fundación Humedales Bogotá, que se creó cuando se intervino por primera vez el humedal Juan Amarillo, también manifestaron su preocupación, no solo por la inoperancia de la mesa distrital de humedales, sino porque hay pequeñas obras en otros humedales que también están cambiando los ecosistemas. “Hay que hacer un estudio serio, pues es mucha coincidencia que los animales muertos aparezcan cerca a las obras. Es difícil hacer control y no consultan a personas que llevamos trabajando en esto muchos años”, sostiene Jorge Escobar, vocero de la fundación.

“En el Juan Amarillo se veían zarigüeyas, comadrejas, búhos, ardillas y tinguas. Ya no tantas. La entrada de camiones endurece el humedal y cuando le ponen cemento, irrumpen el ecosistema en zonas que nunca habían sido tocadas. Es una inversión exagerada en cemento, porque son ciclorrutas que poca gente usa, pues son muy inseguras. Además, en el humedal Santa María del Lago hicieron plazoletas con pisos de caucho y en el del Salitre construyeron muy cerca una pista de BMX, que lo afectó”, agrega Daniel Bernal, otro de los fundadores del colectivo.

El panorama lo concreta Herman Martínez, exdirector del Jardín Botánico, quien considera válidas las obras, pero no tan cerca de los humedales, pues los afectará. “Las ciclorrutas se necesitan, pero serían mejor sin meterse a los humedales. El gran pecado es que los pilotes, los senderos, y el resto de cemento mata el humedal, porque le cambia el proceso de fotosíntesis. Son obras ilegales y la Secretaría de Ambiente no tenía por qué avalarlas. Además, nuestros humedales son protegidos por convenio internacional Ramsar”.

A pesar de las múltiples dudas, de haber enviado cuestionarios y haberle insistido durante varios días a la Secretaría de Ambiente por una respuesta, dejaron la vocería del tema en manos del Acueducto. Aunque las obras tienen un sustento desde la recuperación de espacio público y zonas verdes, son más las preguntas que las certezas que dejan estas intervenciones.

 
Obras de infraestructura en humedales de Bogotá.
Johnatan Bejarano.

 

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2019-09-16T15:29:50-05:00

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2019-09-16T17:24:29-05:00

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Felipe García Altamar - @FelipeAltamar ([email protected])

Bogotá

Infraestructura en los humedales de Bogotá: apuesta con alarma ambiental

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