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Distrito y empresas se reúnen para acordar formalización
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Infraestructura y seguridad: los retos para regular la micromovilidad en Bogotá

A la ciudad siguen llegando empresas de patinetas y bicicletas compartidas, pero no existen reglas de juego para los usuarios. El Distrito espera sacar pronto un documento con los términos de uso, pero las bicicletas podrían quedar por fuera.

Uno de los problemas de los pequeños vehículos compartidos es que deben ser parqueados en el espacio público. / Cortesía

El transporte está cambiando en las grandes ciudades. En tiempos de cambio climático, las autoridades y los emprendedores buscan renovar los vehículos que trabajan con combustibles fósiles, esfuerzos a los que se suman las nuevas tecnologías, que ofrecen modelos de transporte basados en lo compartido. Esto da como resultado la micromovilidad, un concepto propio de este siglo que hace referencia a transportes pequeños, generalmente eléctricos, que sirven para viajes cortos. En Bogotá, estas iniciativas toman más fuerza y han sorprendido incluso al Distrito, que busca la forma de que no se salgan de control.

Los capitalinos que aún no conocen este modelo pueden compararlo con los bicitaxis que se ven a las afueras de las estaciones de Transmilenio (TM). Estos vehículos, que llevan hasta cuatro personas, hacen la primera o última milla del viaje de los usuarios del sistema. Los modos de micromovilidad (bicicletas o patinetas compartidas) cumplen la misma función e incluso permiten viajes más largos. Sin embargo, tienen los mismos problemas de los bicitaxistas: no hay regulación, ocupan ilegalmente el espacio público y están desconectados del circuito de movilidad de la ciudad.

A pesar de esto, vale señalar que son más las ventajas. Además de aliviar el tráfico, permiten desplazamientos más limpios y contribuyen a mejorar la calidad del aire, un problema cada vez más agudo en Bogotá. Por ejemplo, 100.000 patinetas eléctricas compartidas reemplazarían 300.000 viajes de carro al día en la ciudad y se dejarían de emitir 4 toneladas de PM 2,5, el material particulado más peligroso para la salud. Al menos esto es lo que estima Lime, multinacional del microtransporte, que explicó su modelo esta semana en Bogotá.

Según el gerente de Lime, Enrique Cuéllar, la idea es que los ciudadanos cambien su visión del transporte. “Queremos hacerle entender a las personas que las scooters no son un juguete, sino un medio de transporte. Vemos que las patinetas son una forma de movilidad que puede transformar los modelos de ciudad”. A pesar de que esta empresa ya operan en otras ciudades latinoamericanas, su gerente dice que esperará a que en Bogotá exista una regulación para entrar al mercado. Para esto, agrega Cuéllar, los retos más importantes pasan por el espacio público, la seguridad y la retribución de las empresas a la ciudad.

En esto coincide Juan Pablo Orjuela, de la Mesa por la Calidad del Aire y experto en este tipo de modelos de transporte. Para él, los temas de espacio público y compensación a la ciudad son complementarios y se pueden resolver exigiendo a las empresas un pago. “Aunque prestan un servicio, esto también tiene que representar un beneficio en términos financieros, así que estas iniciativas deben venir acompañadas de un pago de impuestos. Eso es importante que se formalice”.

El avance de la micromovilidad hizo que el Distrito se preocupara por solucionar los problemas alrededor de su regulación. Por eso, actualmente se realizan mesas de trabajo periódicas entre el Distrito y los empresarios que prestan este servicio, para concertar los puntos de la regulación.

La última reunión fue el pasado 4 de marzo y se adelantó parte de lo que será el documento final de formalización. Según anticipó Santiago Hernández, representante en Colombia de Grin, la empresa de patinetas que funciona en alianza con Rappi, “la reglamentación estará enfocada en el espacio público y no tanto en cómo moverse con las patinetas. Es el mayor reto y se necesita apoyo del Distrito, que pretende designar espacios que antes eran bahías de parqueo”.

Además de la regulación del espacio público, el proceso también contempla el cobro por este concepto. No obstante, aún no es claro si será por la ubicación, por viaje o por flota. Al respecto, el gerente de Lime afirma que están dispuestos a saber cómo se puede hacer la retribución. “Operamos en diferentes ciudades y nuestra experiencia dice que si esa retribución es por viaje será más lo que reciba la ciudad para invertir en infraestructura para estos medios de transporte”.

Dicha infraestructura es importante, pues así se protege la seguridad de los vehículos, teniendo en cuenta que una de las dudas más frecuentes de los usuarios es cómo se garantiza que no se las roben cuando las dejan, por ejemplo, en el andén de un centro comercial. Hoy en día, lo que salva a las empresas es el respaldo tecnológico, pues todas tienen GPS y cuando una patineta no está en viaje y se mueve, un equipo va en moto a recuperarla.

Otro aspecto es la seguridad que deben garantizar las empresas en las vías. Por eso, cada patineta cuenta con seguros que cubren accidentes y, por fortuna, dicen, hasta ahora no se han registrado accidentes fatales a bordo de estos vehículos. “Tenemos un seguro de $7 millones para cualquier gasto médico, pero nunca hemos usado ni el 10 % , porque son accidentes leves”, dice el gerente de Grin.

¿Y las bicicletas?

Tal parece que el panorama para ofrecer servicio de patinetas se está aclarando. Sin embargo, la pregunta tiene que ver con los sistemas de bicicletas, pues en las reuniones en las que se ha hablado de micromovilidad no se ha tocado ese asunto. Lo poco que se sabe hasta ahora, según los mismos empresarios, es que el Distrito estudia abrir una licitación para que una sola empresa se encargue de este servicio en la ciudad.

De concretarse, palabras más, palabras menos, esta sería la estrategia de la administración para solucionar el rezago con el sistema público de bicicletas, que Bogotá está en mora de crear desde hace 10 años. Aunque Movilidad no quiso confirmar esta información, los empresarios dicen que ya se los advirtieron en las reuniones.

Daniel Bernal, gerente de Muvo, empresa que ofrece servicio de patinetas, indicó que el Distrito ya informó que no permitirá que opere el sistema de bicicletas eléctricas, ya que adjudicará una licitación. “No sé qué tipo de intereses hay, pero es una contradicción. No compartimos la decisión, porque se han demorado 10 años en sacar un sistema público de bicicletas”.

La micromovilidad llegó para quedarse, pues es evidente que se ha convertido en una solución para moverse entre trayectos cortos. En Colombia, aunque hay ciudades como Cali y Medellín en las que también están funcionando, por ahora todas se encuentran apenas creando las reglas de juego para los usuarios y las empresas. Es clave que ni los emprendedores de estos nuevos sistemas de transporte ni el Distrito bajen la guardia y logren consensuar las normas para incorporarlos al circuito de movilidad de la ciudad.