"Investigación por recompra de Transportadora de Gas Internacional es una tontería”: exalcalde Petro

El exalcalde Gustavo Petro habla del juicio de responsabilidad por casi US$500 millones que le abrió la Contraloría Distrital. Insiste en que los números demuestran que fue un gran negocio para la ciudad.

 Para el exalcalde Gustavo Petro, el alcalde Enrique Peñalosa repetirá la historia de Samuel Moreno: salir de empresas muy rentables para hacer obras que beneficiarán a privados. / Archivo
Para el exalcalde Gustavo Petro, el alcalde Enrique Peñalosa repetirá la historia de Samuel Moreno: salir de empresas muy rentables para hacer obras que beneficiarán a privados. / Archivo

La Contraloría Distrital tiene la mira puesta en la recompra del 32 % de las acciones de la Transportadora de Gas Internacional (TGI), sociedad de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB). El proceso se resume así: en 2011, la alcaldía de Samuel Moreno vendió las acciones en US$400 millones y, en 2014, el Distrito las recompró en US$840 millones. Para el ente de control, esto sería el detrimento más grande en la historia de la ciudad. La lista de procesados la encabeza el exalcalde Gustavo Petro, quien asegura que el juicio fiscal es una “tontería” y esgrime dos argumentos: que el precio de la acción de la EEB se duplicó y que tan sólo por el 25 % de TGI unos coreanos ofrecieron US$1.000 millones. TGI, dice, es una joya de los bogotanos.

¿Ya conoció los argumentos del juicio fiscal en su contra?

Lo leí y, sinceramente, pensé que lo del contralor era más profundo.

¿Qué cuestiona el contralor?

Dice que hay detrimento porque recompramos en US$840 millones y cuestiona a la empresa Sumatoria por proponer un precio de recompra de US$760 millones que luego subió a US$840 millones. Si uno va a la teoría económica para estudiar cómo se valora una empresa, se concluye que lo que dice el contralor es una estupidez… una tontería teórica. Para ninguna empresa pública ni privada que se quiera comprar o vender se toma el precio anterior. El valor de una empresa se fija por su rentabilidad futura traída a valor presente.

¿Cómo encontró TGI cuando asumió como alcalde?

Al vender el 32 %, Samuel (Moreno) capitalizó diluyendo la propiedad del Distrito. Esa plata financió obras del cartel de la contratación. La forma de gerenciar la EEB provocó una caída en el precio de la acción, que llegó a $900 (hoy está en $1.850). La estrategia de Samuel fue la misma que aplicará Peñalosa: marchitar la empresa extrayendo recursos para financiar obras civiles.

¿El contralor distrital, Juan Carlos Granados, cuestiona la recompra?

Si ve las cifras, sabe que se está estrellando con la realidad. Duplicamos el valor de la EEB gracias a una estrategia que impulsé. Duplicamos el patrimonio de los bogotanos y generamos condiciones de mayor valorización. El primer criterio fue fortalecerla. No la usamos como caja para financiar obras civiles. Cambiamos la estrategia de inversiones enfocándonos en proyectos brownfield (ya consolidados), como la compra de una porción de la mayor empresa de transmisión de energía en Brasil. Sin embargo, la prioridad era comprar Isagén. Si lo hubiéramos hecho, la EEB sería una empresa más grande que EPM, sus utilidades se hubieran multiplicado por cuatro.

¿Y qué pasó?

La Superintendencia nos dijo que para comprar Isagén teníamos que vender la participación de la EEB en Emgesa y Codensa, algo imposible. Miramos entonces opciones en México, Canadá y Estados Unidos, e hicimos inversiones en Bogotá que la blindan a futuro ante un posible racionamiento.

¿Qué tiene TGI y qué tan rentable es?

Tiene el tubo de transporte de gas desde La Guajira hasta Cali, con opción de conectarlo con Venezuela y llevarlo hasta el mar para exportar gas. Es rentable porque las tarifas las pone la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) y son exageradamente altas. Eso hace que sea un negocio tan rentable como la cocaína. En un balance de TGI se nota que las utilidades son cuatro veces más que sus gastos operacionales.

¿Y cómo llegaron a la recompra?

Las cifras muestran que TGI es la joya de la corona de la EEB, pero tiene una debilidad: los bogotanos no saben que son sus dueños. Cuando se vendió el 32 %, el privado puso una cláusula en la que obligaba a la empresa a retener el 50 % de las utilidades. Cuando vimos que el privado iba a vender, Sandra Fonseca, entonces presidenta de la EEB, dijo que era un negocio ultrarrentable y vimos la opción de recuperar ese 32 % y eliminar esa cláusula. Esa sola decisión disparó las acciones de la EEB.

¿Por qué la joya de la corona?

Cuando llegué a la administración, las utilidades que recibía la EEB provenían de Emgesa y Codensa. Al final, el año pasado, TGI aportaba el 40 % de las utilidades.

¿Cómo se fijó el precio de recompra de TGI?

Contratamos a Sumatoria, la empresa que la valoró cuando el exalcalde Lucho Garzón la compró en 2006 y cuando Samuel Moreno decidió vender en 2011. Incluso la impuso el Gobierno para la estructuración del metro. Su conclusión fue que TGI valía el doble, algo que se refleja con el valor de la acción de EEB. Como dato: en 2012 el flujo de caja de TGI era de US$24 millones. Cuando dejé la administración, había aumentado a US$300 millones.

¿Por qué pagaron US$840 millones?

La EEB tenía una opción preferencial, pero se podía perder si alguien hacía una oferta mayor. Sumatoria nos dio una franja de precios cercana a los US$760 millones, pero dijo que para asegurar la recompra debíamos pagar una prima de riesgo del 10 % y por eso el precio es US$840 millones. Podíamos no pagarla, pero otra empresa privada se hubiera quedado con las acciones de TGI. Era claro que era supremamente rentable recomprar. Incluso, meses después, unos coreanos nos ofrecieron US$1.000 millones por el 25 %.

¿Por qué el negocio de la recompra lo hicieron en España?
 
Porque el dueño era el CITI y ellos dicen dónde se compra… Si el dueño dice que la vende en Singapur… tocaba comprarla allá. La venta en España yo no la conocí porque se concretó en abril de 2014 y yo no era el alcalde (estaba destituido). En ese momento estaba Rafael Pardo. Con esto no quiero decir que me bajo del bus, sino que eso no lo dice el Contralor. Si Pardo se hubiera echado para atrás, se habría tirado un gran negocio.

¿A qué cree que apunta el contralor con el proceso fiscal?

A desvalorizar la empresa.

¿Por qué?

TGI es muy apetecida y por esa razón cada vez valdrá más.

La administración dice que venderá el 20 % de EEB, pero no habla de vender a TGI.

Lo que se ha discutido en TGI es su venta. Peñalosa va por partes. Empezó con la ETB, pero no mencionó la EEB, donde venderá el 20 % del flujo de utilidades de todo el conglomerado. Repetirá la historia de Samuel Moreno: salir de empresas muy rentables para hacer obras que beneficiarán a privados. No sólo al que compre las acciones, sino porque ese dinero será para hacer Transmilenio. ¿Y quiénes ganan? Los dueños de los buses.

¿El proceso afecta el precio de EEB?

El anuncio de la venta del 20 % bajó el precio de la acción y a esto se suma lo que dijo el contralor: que sobrevaloramos TGI. Eso lo repitió irresponsablemente el secretario de Gobierno. Dicen que TGI vale menos y nosotros sabemos que vale mucho más. Esa sola apreciación demuestra que el contralor no tiene idea de qué es TGI. Él está adelantando una acción política. Esta investigación lo demuestra porque es un absurdo teórico. Hicimos un gran negocio.

Se nota tranquilo frente al juicio fiscal.
 
Todos los datos apuntan a que la recompra de TGI fue un gran negocio. Si la venden, el nuevo dueño se quedará con una gran empresa y Peñalosa podrá hacer sus parques y sus vías y sus obras de cemento y saldrá como el gran ejecutor, pero se tira un patrimonio inmenso de la ciudad.