El fenómeno se extiende a países como México o Brasil

Justicia por mano propia en tiempos de redes sociales

En los últimos cinco años, según un estudio de la Universidad Nacional, se han presentado en el país más de 250 casos de linchamientos e intentos de agresión. Falsas cadenas y desconfianza en la justicia exacerban los odios.

El pasado viernes, en el barrio Acapulco de Ciudad Bolívar, una multitud atacó a un hombre que se movilizaba en un vehículo, quien fue acusado de intentar robar a menores. Tres personas resultaron heridas y una de ellas murió.Captura de pantalla - Video

Los casos de linchamiento y justicia por mano propia están de nuevo en boca del país. La muerte de un hombre en Bogotá hace ocho días —que por un rumor fue señalado de conformar una banda que robaba niños—, a manos de una turba en la localidad de Ciudad Bolívar, puso de presente los alcances de las noticias falsas y las cadenas que circulan en redes sociales, agravadas por el descontento y la desconfianza en las autoridades.

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Precisamente, herramientas como Facebook y la red de mensajería Whatsapp se han convertido en la tribuna más efectiva para difundir videos e imágenes de presuntos delincuentes que terminan cercados por decenas de ciudadanos, quienes generalmente los agreden bajo la mirada atónita e incluso cómplice de la comunidad. Se trata de episodios que no tardan en hacerse virales y que alcanzan otros públicos que elogian el actuar de la gente, al punto de justificarlos.

Basta revisar las estadísticas para dimensionar el fenómeno. Según estudios del grupo de investigación Eilusos, del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional, en los últimos cinco años se han registrado casi 250 hechos, entre linchamientos, intentos de agresión y casos de justicia por mano propia. Solo en Bogotá hay reporte de 54 hechos, y a nivel nacional, los muertos a manos de multitudes iracundas ascienden a 32.

Sin embargo, para el profesor Rosembert Ariza, quien dirige el grupo, los casos podrían ser muchos más, pues persiste un subregistro que dificulta el análisis, sumado a los líos para acceder a cifras oficiales. “La Policía no permite acceder a la información, ni con derechos de petición. Por ello, nuestros estudios los hacemos con fuentes secundarias”, dice el docente.

En sus informes, Eilusos identificó varios grupos en redes sociales dedicados a fomentar palizas a presuntos delincuentes. Entre ellos se destacan “Sí al linchamiento de los ladrones”, “Prolinchamiento a violadores” o “A falta de justicia, decimos sí a los linchamientos públicos”. En ellos abundan videos de comunidades haciendo justicia por mano propia. No menos alarmantes son las estadísticas de quienes justifican este tipo de acciones. Según un estudio de la Universidad Libre, solo en Bogotá, el 64 % de los ciudadanos están a favor de la justicia por mano propia, y en Colombia, una de cada tres personas acepta la cultura del ojo por ojo, diente por diente.

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“En el segundo bimestre de 2017 los capitalinos participaron en la captura de 8.100 delincuentes, casi 45 cada día. Sin embargo, el 80 % eran menores, lo que dificultó su judicialización; quedaron libres en menos de 48 horas o no se abrieron procesos, ya que nadie denunció. En otros casos, la cuantía del delito fue tan baja que no dio lugar a la penalización”, explicó Laura Guevara, autora de la investigación.

El fenómeno tiene alcance internacional y en países como India, las autoridades han elevado llamados a redes como Whatsapp para que actúen contra las falsas noticias y cadenas que provocan linchamientos, pues ya son 20 los muertos en los últimos meses. Para no ir más lejos, a nivel regional hay registro en México, Brasil y Ecuador, todos con algo común: las víctimas eran acusadas de secuestrar niños.

“En Brasil se presentan linchamientos con mayor frecuencia que en cualquier parte del mundo y hay más facilidad de acceso a internet. Estos fenómenos ocurren por muchos factores, pero las redes los agravan”, agregó el profesor Ariza.

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Ante este panorama persiste la duda: ¿qué lleva a la gente, no solo a replicar un mensaje sin verificación, sino a atentar contra otros basados en un rumor? Según Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, hay tres factores que explicarían la situación.

En primer lugar, que la comunidad “siente que el Estado no está respondiendo, entonces actúa contra los delincuentes para que cojan escarmiento”. En segundo lugar, que la ciudadanía no entiende el funcionamiento del aparato judicial y reprocha que delincuentes capturados por delitos menores no reciban castigos mayores. Finalmente, la aparente dificultad para alertar un hecho delincuencial: “Antes, un robo se denunciaba a la línea 123, pero con el modelo de cuadrantes, ahora se reportan a los cuadrantes y hay más de 1.050, es decir, que hay más de 1.050 números celulares a donde llamar. Eso es un retroceso”.

Por su parte, el director del grupo de investigación Eilusos advierte que también influyen los factores económicos y sociales detrás de quienes resultan linchados. “Persiste el imaginario de que hay que linchar al ñero, al desechable o al pobre. Fíjese cómo en el caso de alias Yayita —una mujer que al parecer usaba sus atributos para robar apartamentos— o los mismos primos Nule —sindicados de desangrar las finanzas de la ciudad con el carrusel de la contratación— no hubo intentos de linchamiento ni de agresión. Es decir, para linchar a alguien también hay un filtro social”, precisó el profesor Ariza.

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Los expertos coinciden en que, por más escabroso que sea el actuar de un delincuente, la respuesta no puede ser la violencia, no solo porque los mismos ciudadanos podrían terminar en la cárcel, sino porque estas prácticas terminan por exacerbar los odios y mermar los esfuerzos de las autoridades por judicializar a los infractores o resolver los conflictos a través del diálogo.

Mientras se sigue librando la batalla contra las noticias falsas y la propagación de rumores, en ciudades como Puebla, en México, han apostado por medidas para hacer frente a los linchamientos, como la creación de un protocolo de búsqueda de soluciones pacíficas, para que la gente no tome justicia por mano propia y, por el contrario, facilite que los delincuentes queden a disposición de las autoridades. ¿Le llegó la hora a Colombia de adoptar estas estrategias para evitar más tragedias?

>>>Editorial: ¿Cómo evitamos los asesinatos por Whatsapp?

jgonzalez@elespectador.com 

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Javier González Penagos - Twitter @Currinche

Bogotá

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