La apuesta por la agricultura sostenible en Bogotá

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Uno de los planes más ambiciosos de esta administración es llegar a 20 mil huertas urbanas, que no solo se conviertan en una posibilidad de sustento para familias vulnerables, sino que puedan ser parte de las rutas agroecológicas y turísticas. La pandemia ha sido clave en el proceso.

Junto al cerro, que hace más de 20 años se declaró en riesgo, los habitantes de Altos de la Estancia, en Ciudad Bolívar, han estado sembrando. Se trata de una red de nueve huertas comunitarias, de las que en los últimos cinco años se han beneficiado habitantes de los barrios Santo Domingo, Santa Viviana, Los Espinos, Tres Reyes, Casa Grande y La Estancia, para sembrar legumbres, aromáticas y otros alimentos de uso diario en sus cocinas.

En Engativá, junto al humedal Tibabuyes, la comunidad se unió para rescatar el espacio aledaño a la zona ecológica. Crearon una compostera de residuos orgánicos y comenzaron a sembrar. Hoy, en el lugar, ya tienen maíz y sus habitantes se organizan tanto para garantizar su cuidado como para participar en los talleres pedagógicos y con la siembra. Como estas, el Distrito tiene identificadas 432 huertas urbanas en la ciudad, que en patios, terrazas, jardines, balcones y el espacio público han tenido cabida, tras procesos comunitarios, y se han fortalecido a tal punto que su producción es comercializable.

Esta actividad ha crecido de diferentes maneras. No solo se encuentran en casas con grandes espacios, sino en balcones y ventanales, muchas veces motivados por los más pequeños y las posibilidades del cultivar en materas. A nivel comunitario, es cada vez más común encontrar huertas en espacios aledaños a los salones comunales de los barrios, mientras que a nivel institucional, en lugares como centros de Integración Social, hogares para adultos mayores, terrazas de las empresas y en colegios, los cuales han sido puntos claves para el surgimiento de estos proyectos.

“Hemos encontrado muchísimo liderazgo femenino, de jóvenes y de colectivos interesados en la gestión ambiental, así como en apropiarse de sus territorios, como ha ocurrido en el canal Arzobispo, en el barrio Belalcázar. También ha dejado de ser un tema que solo interesa en lo rural o a las poblaciones más vulnerables, pues hemos visto a gente de todos los estratos buscando capacitarse y con la motivación de sembrar en sus casas”, dice Martha Liliana Perdomo, directora del Jardín Botánico.

Pero esta no es una propuesta nueva. Desde hace más de 16 años fue impulsada la agricultura sostenible dentro del programa de “Bogotá sin hambre” y, de hecho, en 2015 se determinaron sus lineamientos y se encargó al Jardín Botánico la tarea de garantizar la asesoría, asistencia técnica y capacitación a los interesados en los procesos. La diferencia es que esta administración incluyó en su plan de desarrollo el fomento de 20 mil huertas urbanas, para lo que ya invirtió $3.000 millones del presupuesto de este año y se espera que los próximos tres años se establezca un programa distrital, así como cinco rutas agroecológicas en la ciudad.

“Las últimas tres administraciones prestaron asistencia técnica, pero no entregaron agroinsumos ni tenían una estructura modular para que las personas pudieran organizar sus huertas. Lo que estamos haciendo es fortalecer la capacitación y cambiamos la asistencia. Además, trabajamos con huertas familiares y comunitarias, para que comiencen a comercializar sus excedentes”, indicó Perdomo.

Lo que se está haciendo es que se capacita a los interesados. Ante la pandemia, estos talleres han sido virtuales, por lo que aumentó su asistencia. Posteriormente se evalúan las condiciones y, dado el caso, a las huertas comunitarias, en las que participan varias personas y hay amplio espacio para cultivar, se les entregan bultos de compostaje, semillas, plántulas y herramienta básicas de trabajo. En el caso de las huertas familiares, se entregan los insumos básicos y un instructivo de siembra.

“Entre más espacio haya se puede pensar en cultivar papa, maíz o amaranto, entre otros. Pero, en general, se puede cualquier cosa: aromáticas, fresas y legumbres, pues lo cierto es que se puede hacer hasta dentro de un apartamento. Lo único que se requiere es agua, sol y un espacio donde plantar”, manifestó Perdomo.

Una vez iniciado el proceso, se realizan visitas técnicas para hacer el acompañamiento, se refuerza la organización para el trabajo en equipo y se motivan otras practicas, como el tratamiento de los residuos orgánicos, que se desechan a diario, para producir abono o compostaje. Todo con el fin de invitar a separar las basuras y reducir lo que se envía al relleno de Doña Juana. Pero la cuestión no es tan fácil, pues ante la ambiciosa meta de que haya más de 20 mil huertas urbanas en la ciudad, está el reto de que estas sean sostenibles y, de paso, haya constancia para que no mueran pronto.

En este camino, el Distrito se encuentra en la ruta de diagnóstico de las posibles rutas agroecológicas que se podrían establecer, pues se han identificado circuitos en Park Way y La Candelaria que podrían servir como base, así como procesos colectivos que se han consolidado en los últimos años en San Cristóbal y Usme. “Tenemos que sentarnos con ellos para ver quiénes quieren participar y quiénes pueden recibir turistas. Ya con eso podemos trabajar con el Instituto Distrital de Turismo y la Secretaría de Salud, para sentar los lineamientos y cumplir con todos los requerimientos de salubridad y comercialización.

Además se trabaja con las alcaldías locales en la creación de redes de cultivadores urbanos para fortalecer el tejido social, de tal forma que los proyectos no terminen con el cambio de administración y entre ellos se puedan consolidar espacios de capacitación, así como de seguridad alimentaria entre las poblaciones más vulnerables, a las que han priorizado en la capacitación y entrega de insumos y herramientas.

Asimismo, se busca la articulación con el comercio formal para la comercialización de los productos de las huertas comunitarias más grandes, mientras que dentro de los lineamientos del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que presentará el Distrito al Concejo, se reglamentarán los parque agrourbanos para facilitar la labor de las huertas comunitarias que se han formado en el espacio público.

Por ahora, con la reapertura, se han reactivado las asistencias técnicas en las huertas ya consolidadas, a las que se han entregado plántulas y semillas, mientras que se continúa la asesoría en otros lugares como San Bernardino, donde se trabaja con la comunidad muisca. Aunque se han incluido huertas en La Pasquilla, El Mochuelo y otras zonas rurales de la ciudad, aún se trabaja en la articulación que se hará en la localidad de Sumapaz con el departamento, para fortalecer la agricultura en esta zona.

Si bien se ha logrado consolidar un circuito de huertas urbanas en la ciudad, lograr masificarlas a gran escala podrá ser uno de los ejes fundamentales para mitigar la pobreza en zonas vulnerables, en especial después de la pandemia. Además, todo este plan puede ser importante para acercar a la ciudadanía con una verdadera apropiación y protección de sus espacios. Quedan tres años, y el reto está en hacer que esta idea sea realidad.

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