La batalla de una familia en Bogotá para demostrar un feminicidio

Marilyn Rojas habría perdido la vida a manos de su expareja y aunque el presunto responsable fue capturado, hoy sus allegados reclaman que solo respondería por desaparición, pues el cuerpo aún no ha sido hallado.

En noviembre se cumple un año de la desaparición de Marilyn. Johana Rojas, su hermana, reclama justicia. / Óscar Pérez

El pasado 18 de julio, luego de meses de incertidumbre y angustia, la familia de Marilyn Yulieth Rojas creyó que al fin iba a comenzar a cerrar una herida que permanece abierta desde diciembre, cuando ella desapareció sin dejar rastro. Tras ocho meses, las autoridades habían logrado capturar a la expareja de Marilyn, a quien responsabilizan de su ausencia. Sin embargo, la detención fue el inicio de otro drama, ya no por su paradero, sino por la búsqueda de justicia.

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La historia la cuenta, en medio del llanto, Johana Rojas, hermana de Marilyn, quien emprendió una afanosa lucha para que el presunto responsable sea condenado, no solo por desaparición forzada, sino por feminicidio. Los hechos se remontan al 30 de noviembre de 2017, cuando Marilyn —una auxiliar de enfermería de 29 años y madre de un bebé de dos años— fue reportada como desaparecida. Su expareja, Juan Carlos Góngora, al igual que su familia, se mostró preocupado e incluso ayudó en su búsqueda y repartió volantes. Sin embargo, extrañamente desapareció apenas tres días después.

Los allegados de Marilyn, quienes sospecharon de él desde el principio, volvieron a tener noticias suyas siete meses después, cuando fue detenido en La Dorada (Caldas). En ese momento, Góngora habría confesado su responsabilidad en los hechos. Con todo, la investigación permitió determinar que, al parecer, resolvió asesinarla luego de que ella diera por terminada la relación. Para no levantar sospechas, habría envuelto el cadáver en bolsas y lo habría tirado a un camión de basura, diciéndoles a los operarios que en el interior había un perro muerto.

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Este lunes, Góngora comparece ante la justicia para seguir con el proceso judicial. Sin embargo, la hermana de Marilyn señala que no podrá ser imputado por feminicidio —que implicaría una pena mayor—, sino solo por desaparición forzada. ¿La razón? Como aún no se ha encontrado el cuerpo de Marilyn, no pueden atribuirle el feminicidio. Este es su clamor.

En noviembre se cumple un año de la desaparición de Marilyn. ¿En qué va la investigación?

Este señor aceptó la desaparición y, aunque queremos que responda por feminicidio, los abogados me dijeron que no se puede porque no está el cuerpo. Debe pasar un tiempo para saber si se lo imputan, pero no es probable. Sin embargo, seguiremos luchando para que haya justicia.

¿Qué implica que no responda por feminicidio?

Que se va a seguir invisibilizando la violencia de género, el legado que dejó Rosa Elvira Cely. ¿Qué mensaje es este? ¿Se está permitiendo que hombres como él les sigan haciendo daño a las mujeres? No sé qué pasa con las normas de nuestro país; pareciera que tuvieran más derechos quienes hacen el mal.

¿En qué circunstancias fue capturado?

Lo detuvieron en La Dorada. Estaba conviviendo con una señora. Los investigadores dicen que se dejó crecer el cabello y la barba, como si fuese un habitante de calle. Teníamos el sinsabor de que estaba libre, que se seguía comunicando y que no sabíamos nada de Marilyn. Él hablaba con la mamá de sus otros dos hijos, pues con mi hermana tuvo un hijo, que hoy tiene dos años.

¿Cómo llegaron a la hipótesis de que arrojó el cadáver a la basura?

Gracias al testimonio de la hija de él, una niña de apenas 10 años. Ella dijo que el papá le pidió que le ayudara a sacar unas bolsas de la basura y que a los recolectores les explicó que era un perro muerto, que se lo llevaran. Hoy mi hermana está en el botadero Doña Juana. Este señor, hasta para la muerte de mi hermana, fue muy cruel. No cabe en mi mente imaginarme cómo hizo esto. No es justo.

Nada justifica un crimen, pero ¿qué lo habría llevado a hacer esto?

Él lo planeó todo y solo porque ella no quería estar más con él. Marilyn quería irse con su hijo y ser feliz. Pero este señor le quitó la vida y la posibilidad a mi sobrino de estar con su mamá. No pensé que Juan Carlos Góngora fuera a hacer esto con la persona que decía que amaba. Si ella no quería estar más con él, era su decisión, eran sus sentimientos, algo sencillo y respetable. Nos quitó la felicidad de tenerla físicamente, porque los recuerdos con ella son enormes.

¿Alguna vez sospecharon algún tipo de maltrato por parte de él?

Mi familia no estaba de acuerdo con la relación, porque él era un señor mayor, pero fue la decisión de mi hermana. A veces era manipulador y creo que sí había maltrato psicológico, así como económico, pese a que ella era la que mantenía el hogar. Pero violencia física, que yo haya visto, no. Ella sí me dijo que ya estaba cansada y aburrida. Yo la apoyé, le dije que se fuera para mi casa, pero me respondió que no quería molestar. Un día antes de su desaparición hablamos, estaba muy alegre y me dijo que ya había conseguido apartamento para irse.

¿Cómo ha sido para la familia que ya no esté Marilyn?

A todos nos hace falta porque cuando nos veíamos salía con sus chistes y siempre reía. Para mí fue más fuerte, porque hablábamos todos los días. Me hacen falta su elocuencia, sus bromas, escucharla, la fuerza que me daba cuando estaba mal, su energía.

¿Qué le piden hoy a la justicia?

Queremos hacer un alto en el camino, ya no más. Todos los días es una mujer o un niño asesinado. Marilyn me dejó un legado y es que tenemos que seguir luchando, porque las mujeres tenemos que ser reconocidas en todos los ámbitos. No puedo dejar de sentir impotencia por nuestro sistema de justicia. ¿Qué debemos esperar? ¿Más muertes? Queremos justicia y verdad.

 

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Javier González Penagos /Twitter: @Currinche

Bogotá

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