El plan piloto comenzará este lunes y terminará en abril de 2020
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La contradicción de la ANLA que les quita el sueño a los vecinos de El Dorado

La autoridad ambiental le dio luz verde a la Aerocivil para modificar los horarios y sentidos de las operaciones nocturnas en la terminal aérea, a pesar de tener vigente un proceso sancionatorio en su contra.

Habitantes de Engativá y Fontibón deben convivir las 24 horas con sus vecinos de alto vuelo. / Cristian Garavito - El Espectador

Los vecinos del aeropuerto El Dorado se preparan para soportar desde este lunes y hasta abril una modificación en la operación de la terminal, que les quitará el sueño. A las 5:00 de la mañana arrancará el plan piloto, que estructuró la Aeronáutica Civil (Aerocivil) y que aprobó la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), que contempla cambios en los horarios y el uso de las pistas, que colindan con barrios de Fontibón, Engativá y la zona rural de Funza.

Para entender la incomodidad de la comunidad es clave saber varias cosas. Por un lado, que la terminal tiene dos pistas (Norte y Sur) y que entre las 6:00 a.m. y las 10:00 p.m., en promedio, cada minuto despega o aterriza un avión. Por el otro, que si bien la terminal tiene permiso para funcionar las 24 horas, existían restricciones entre las 10:00 p.m. y las 6:00 a.m., lapso en el que solo podía operar la pista Norte, los aviones no podían sobrevolar la ciudad y toda la operación debía apuntar hacia la sabana. La medida buscaba garantizar ocho horas de sueño a los habitantes de la zona, que no duermen cada vez que aterriza o despega un avión.

No obstante, a partir de mañana esas restricciones serán más flexibles: ahora solo aplicarán entre 12:00 de la noche y las 5:00 a.m. (tres horas menos) y se habilitará la operación en la pista Sur. Eso sí, con aviones capítulo cuatro, es decir, más modernos y que supuestamente generan menos ruido. Lo paradójico de todo esto es que la ANLA avaló el cambio, a pesar de que desde 2017 tiene en marcha un proceso sancionatorio en contra de la Aerocivil, que sigue sin decisión de fondo, por posibles incumplimientos en la mitigación de los niveles de ruido y la realización de operaciones aéreas nocturnas no autorizadas.

Los antecedentes y la decisión

Detrás de esta controversia hay una historia larga, que arrancó hace 24 años cuando la Aerocivil recibió la licencia ambiental para la operación de la pista Sur del aeropuerto El Dorado, algo que no cayó bien entre sus vecinos. Desde entonces, y con el ánimo de proteger los barrios aledaños, la ANLA realizó una serie de modificaciones en cuanto a las obligaciones, plazos y horarios de las operaciones aéreas.

Sin embargo, también puso la mira en posibles incumplimientos del Plan de Manejo Ambiental (PMA) de los operadores de la terminal. Al menos así lo deja ver en el Concepto Técnico 6929 de 2017, en el que la ANLA identificó una serie de infracciones, que dieron como resultado el inicio de un proceso sancionatorio contra la Aerocivil. Mediante el Auto 4322, del 27 de septiembre de 2017, la autoridad ambiental le formuló cargos a la entidad por usar la pista Sur en las noches.

Tras revisar el Sistema de Vigilancia y Control Ambiental del Aeropuerto, solo en junio de 2016 encontró que realizaron 1.978 aterrizajes y despegues, es decir, uno cada siete minutos y, para completar, la mayoría fueron sobrevolando la ciudad. Además, que incumplió con el protocolo de evaluación de los niveles de ruido y no entregó el consolidado de las insonorizaciones adelantadas en las áreas de influencia directa de El Dorado.

Sin haber emitido una decisión de fondo frente a este proceso, la ciudad conoció hace un par de semanas que la ANLA le había autorizado a la Aerocivil un plan piloto, en el que permite modificaciones en la operación, autorizando justo las operaciones por las cuales aún se investiga.

Sobre la vigencia del plan se tiene que, si bien la Aerocivil dijo que sería inicialmente hasta abril próximo, mes en el que harán una evaluación para determinar la conveniencia de la medida, la ANLA aclaró que no fijó un plazo, de ahí que los vecinos hoy pronostiquen que esta medida provisional terminará siendo permanente, como el 4x1.000.

Un viejo debate

Con cada nueva notificación se reavivan las quejas de las comunidades aledañas, que llevan más de 20 años padeciendo los efectos de la operación de la pista Sur de El Dorado, en cuanto a ruido y el desmejoramiento en la calidad de vida y del aire. Andrea Castro, exalcaldesa y edil de Fontibón, aseguró que “las zonas residenciales son las más afectadas por la insuficiencia de medidas efectivas de insonorización (…). Las autoridades ambientales deben tomar en serio las peticiones de la comunidad”.

El rechazo de los vecinos a la operación nocturna de El Dorado viene incluso desde 2015, cuando se tramitó la licencia ambiental para la operación de la terminal las 24 horas. Las juntas de acción comunal de los barrios Ciudad Modelia y La Rosita, la Personería de Funza, la asociación “Asosalitre” y el representante de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) alegaron que era necesario una evaluación más profunda de los impactos en el interior de las viviendas.

En ese momento, la secretaria de Ambiente, Susana Muhammad, se sumó al rechazo al indicar que el informe de impacto ambiental que había entregado la Aerocivil presentaba inconsistencias y no era lo suficientemente robusto para dimensionar la real afectación en los residentes de Engativá y Fontibón. A pesar del descontento colectivo frente a la ampliación horaria del aeropuerto (y de los estudios que lo sustentaban), la ANLA autorizó la solicitud de la Aerocivil. En la Resolución 1034 de 2015 modificó las condiciones de la licencia ambiental. No obstante, le pidió “reportar y ajustar los impactos correspondientes a ruido, vibraciones y afectaciones a las actividades económicas”.

Lo que pronosticaron en su momento los vecinos, hoy lo padecen a diario: un incremento del ruido y la falta de acciones para mitigar los impactos. Gloria Molina, voceras de “Comunidades Unidas”, advierte que “hasta este momento las medidas de insonorización han sido insuficientes (…) en unos casos este proceso ha consistido únicamente en reforzar los tejados con láminas de icopor”.

A esta voz se unió Jairo Chavarro, representante de la organización Parque Ofir, quien considera que “en este momento lo que más impacto nos genera son las operaciones de carga del aeropuerto (Opaín) (...) los mapas estratégicos de ruido realizados por el Centro de Información y Modelamiento Ambiental de Bogotá (CIMAB) evidenciaron que las operaciones superan los 65 decibeles legalmente permitidos”.

Otro líder de la localidad, Julio Ramón Acosta, radicó recientemente un derecho de petición a la ANLA para solicitarle información sobre el estado del proceso sancionatorio. Él considera que “necesitamos saber la verdad y que se garantice la participación ciudadana (...) Solicitamos el acompañamiento a las comunidades que sufren el mayor impacto. Ahora no hay un control de salud ni de inversión social”.

La ANLA y la Aerocivil responden

Frente al contrasentido que representa que la ANLA tenga activo un proceso sancionatorio contra la Aerocivil por operaciones nocturnas no autorizadas y ahora habilite la pista Sur, tal parece no existir una explicación oficial. A pesar de que El Espectador contactó a su director, Rodrigo Suárez Castaño, para conocer detalles sobre ambos procesos, fue esquivo. Lo único que atinó a decir fue: “Son dos procesos diferentes. El permiso que se otorgó recientemente es para realizar una evaluación real sobre los niveles de ruido emitidos por aeronaves de categoría IV”.

Por su parte, el director de la Aerocivil, Juan Carlos Salazar, manifestó que no tenía conocimiento del proceso sancionatorio y se abstuvo de dar declaratorias al respecto. “Tengo que contactar al área jurídica de la entidad para saber qué ha pasado con el proceso que adelanta la ANLA”. Frente a la insatisfacción de la comunidad, el director declaró que “se han cumplido con todos los protocoles para atención de quejas y reclamos”.

El funcionario añadió que “el plan piloto es un experimento que permitirá evaluar el impacto sonoro de las aeronaves de última tecnología”. No obstante, lo que se pregunta la comunidad es si el 98 % de los aviones que aterrizan cumplen esa característica. ¿Ya no tienen datos suficientes para establecer la pertinencia de ampliar la operación nocturna?

Según las estadísticas de la Aerocivil y del aeropuerto El Dorado, en lo que lleva de este año se han realizado 230.942 operaciones aéreas. Si bien, de acuerdo con la ANLA y la Aerocivil, el plan piloto no incrementaría esta cantidad de operaciones aéreas, tocará esperar las cifras de los próximos meses, en una temporada alta como la de fin de año, y sus efectos para saber el impacto en la comunidad.

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Valerie Cortés Villalba ([email protected])

Bogotá

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