Obtuvieron $84.000 millones de regalías

La disyuntiva frente al proyecto turístico que avanza en Tominé

El Grupo de Energía de Bogotá tiene previsto abrir el embalse al público. Aunque aseguran que activarán la economía en los municipios aledaños, hay temor entre habitantes de la zona por sus implicaciones.

El embalse ha perdido capacidad por el ingreso de sedimentos al cauce. / Fotos: Óscar Pérez

La idea de volver turístico el embalse de Tominé es un plan del que se viene hablando desde hace más de 20 años. Si bien no es una propuesta nueva, la posibilidad sí ha dejado recientemente dudas entre algunos habitantes de los municipios de Sesquilé, Guasca y Guatavita, quienes hoy se encuentran en la disyuntiva de si apoyar o no el proyecto.

Tanto el embalse como los predios aledaños pertenecen al Grupo de Energía de Bogotá (GEB), que desde 1998 viene madurando la idea de abrir el embalse al público. Se trata de un proyecto que incluye la construcción de un sendero alrededor del lago, un malecón, un centro de convenciones y áreas recreativas, así como espacios para la actividades acuáticas y la habilitación de un ferry sobre el cuerpo de agua.

Si bien la empresa asegura que esta iniciativa activará a través del turismo la economía de los tres municipios aledaños y de otros cinco ubicados en la zona de influencia, algunos habitantes, especialmente los de Guatavita, se sienten excluidos del proyecto y temen por las afectaciones ambientales que pueda haber con la intervención y la llegada masiva de visitantes.

El embalse no solo es de gran importancia para la región, pues allí vierten sus aguas residuales. También lo es para la capital, ya que, en esencia, fue construido en 1960 para alimentar la planta de tratamiento de agua potable (PTAP) Tibitoc, de la que sale el 15 % del agua que consume la ciudad.

Fuera de esto, cumple un papel como regulador del nivel del río Bogotá. En temporada de lluvias absorbe el excedente de agua para evitar inundaciones como la que ocurrió en 2011 en la Universidad de la Sabana. Y en temporada seca alimenta de agua al afluente, para mantener su caudal.

Así ha funcionado siempre, por lo que alrededor del embalse, aunque no pueden ingresar a él, los habitantes han desarrollado diferentes formas de turismo y comercio. Así que ahora, desde que se volvió a hablar de la iniciativa, las opiniones están divididas: mientras algunos lo ven como una oportunidad, otros sienten que será una amenaza para los lugareños y el medio ambiente. A pesar de esto, tal parece que la obra no tiene vuelta atrás.

En diciembre del año pasado le adjudicaron regalías de Bogotá a la empresa para llevar a cabo el proyecto en Tominé. Esto hizo que rápidamente se reviviera el tema. A partir de ahí, el Grupo de Energía comenzó los trámites ante la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) para obtener los permisos ambientales, como el de concesión y vertimiento de aguas. “Este es necesario, ya que vamos a usar agua del embalse, que luego procesaremos en las plantas de tratamiento que construiremos y las devolveremos”, explicó Fredy Ussa, director financiero del GEB y encargado del proyecto.

Contrario a la claridad que tienen los promotores, entre algunos pobladores solo hay dudas y temores, pues desconocen los detalles del proyecto. Habitantes de los municipios aledaños aseguraron a medios locales que la obra no se había socializado, por lo que lo único que conocían eran rumores, como que a la zona llegarían grandes cadenas alimenticias, que se crearía una burbuja inmobiliaria debido a que las viviendas se valorizarían por estar cerca del embalse, que se afectaría la zona arbórea alrededor del embalse e incluso que el alcalde Enrique Peñalosa construiría una troncal de Transmilenio para acercar a Bogotá con Tominé.

El concejal de Guatavita Mauricio Calderón (Movimiento Ciudadano) afirma que la iniciativa se manejó con total sigilo hasta que obtuvieran los recursos de regalías: “Antes no se sabía mucho y por eso había tantas dudas, tanto así que hubo manifestaciones, se realizó un cacerolazo y se creó un grupo en defensa de la represa”.

Por su parte, el cabildante de Bogotá Manuel Sarmiento (Polo Democrático) cuestiona las razones por las que se invierten dineros de la ciudad en proyectos que no están en ella. “El proyecto fue estructurado por el Consorcio Tominejo, del que hacen parte empresas muy cercanas a Peñalosa. Además se contempla la privatización del parque a través de un modelo de negocio en el que éste sería operado por un privado que cobraría la entrada”, dijo.

El Grupo de Energía de Bogotá señala de entrada que ha hecho lo posible por dar a conocer el proyecto desde que aseguró los recursos para hacer la primera fase, que comprende el borde oriental. Asimismo indica que el plan no solo busca volver turística la zona, sino, además, comenzar un trabajo de conservación ante la pérdida de capacidad del embalse.

Según Ussa, esta se ha dado por el ingreso al embalse, en los últimos años, de sedimentación producto de los restos que llegan con las aguas residuales de los municipios, así como la tierra que llega en temporada de lluvias desde las zonas que han perdido vegetación y han quedado al descubierto. Agrega que, dentro de la zona boscosa aledaña al embalse, la vegetación que había sido plantada para recuperar el sector se ha ido muriendo, por lo que como parte del proyecto plantean la recuperación ecológica, que implica el manejo de especies invasoras como pinos y eucaliptos y la plantación de 50 especies nativas.

Respecto a las zonas que van a endurecer, el Grupo de Energía ha señalado que de las 4.900 hectáreas que componen el embalse se van a intervenir solo 84, es decir el 1,71 % del terreno total, algo que contrasta con los beneficios económicos que obtendrán los municipios aledaños, ya que mejorarían sus ingresos ante la activación del turismo y la reducción de la tasa de desempleo, pues tienen prevista la contratación de habitantes de la zona para la construcción y posterior operación del proyecto.

Para esto, recalca el director del proyecto, han sido identificados 75 tipos diferentes de emprendimiento en la región, a los cuales se les ha hecho acompañamiento, junto con la Cámara de Comercio de Bogotá, para que tengan mayores oportunidades en sus negocios. De igual forma, el Sena ha ofrecido programas de turismo, cocina y construcción, que se requerirán al momento de poner en marcha las obras.

Uno de los beneficiados será Hugo Torres, quien alquila bicicletas en Guatavita. Asegura que una vez se ejecute el proyecto en el embalse comenzará el préstamo de bicicletas compartidas, lo que potenciaría su negocio. A él se suma Sandra Cortés, quien trabaja en apicultura y manifiesta que con la llegada de más turistas a la zona seguramente su negocio va a crecer.

Si bien la GEB ha ganado terreno, aún le falta conseguir los permisos ambientales y de construcción para avanzar, los cuales están en trámite. El año pasado radicaron solicitudes ante la CAR, y este, ante el Ministerio de Ambiente, los cuales siguen sin respuesta. Además han radicado documentos ante las alcaldías de Sesquilé y Guatavita para obtener las licencias de construcción necesarias para edificar los restaurantes y el centro de convenciones.

El concejal Calderón señala que las licencias de construcción solo las obtendrán cuando tengan los permisos ambientales. Si la GEB no los recibe antes de septiembre corre el riesgo de perder las regalías, pues éstas solo tienen vigencia hasta diciembre, por lo que el proyecto quedaría nuevamente en el limbo por falta de recursos.

Aunque hay temor entre algunos habitantes por la posibilidad de quedar excluidos del proyecto y de ver afectada la seguridad y la movilidad en la zona, también hay esperanzas por la reactivación del turismo, que se disminuyó hace siete años, cuando se prohibió a los lancheros navegar. Solo resta esperar para saber antes de que finalice el año si el proyecto tiene luz verde, con lo que en un año se podría ingresar de nuevo al embalse de Tominé.

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2019-07-13T22:00:06-05:00

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2019-07-17T17:22:45-05:00

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Mónica Rivera Rueda / [email protected] - @Yomonriver

Bogotá

La disyuntiva frente al proyecto turístico que avanza en Tominé

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