Los riñones son los más esperados

La donación de órganos y tejidos en Bogotá tiene un déficit del 91,5%

Cerca de 2.580 personas esperan recibir un órgano o un tejido en Bogotá. Para algunas de ellas la espera ha sido larga, pues aunque hay una ley que indica que todos somos donantes, hacerlo es un proceso más complejo de lo que parece.

Cerca de 630 colombianos han expresado en una notaría que se oponen a la extracción de sus órganos y sus tejidos al morir.Pixabay

Todos los colombianos somos posibles donantes de órganos y tejidos. O al menos eso dice la Ley 1805 de 2016. Sin embargo, ¿por qué si Colombia tiene casi 49 millones de habitantes y al año se registran alrededor de 250.000 muertes, hay muchas personas que siguen esperando un trasplante? La situación es compleja, pues, por un lado, no todos son aptos para donar y, por el otro, aún hay tabús que reducen las cifras de donantes para atender a quienes están en las listas de espera, a las que cada año llegan nuevos pacientes.

Según el Instituto Nacional de Salud (INS), en Bogotá la lista la integran 2.584 personas, en su mayoría pendientes de un trasplante de riñón (1.860), seguidas de las que esperan un hígado (90), pulmones (28) y corazón (3). En cuanto a tejidos, 603 esperan córneas. En contraste, solo este año, al 5 de noviembre, pese a que hubo 899 alertas de posibles donantes, los médicos solo lograron rescatar 221 órganos, cifra que representa el 8,5 % de las necesidades.

Ahora bien, pese a que las autoridades distritales y nacionales han realizado campañas para incentivar las donaciones y a que 95.918 personas han obtenido de manera voluntaria el carné que los identifica como donantes potenciales, la tasa anual de donantes reales en la Regional 1 (a la que pertenecen Bogotá y 12 departamentos cercanos a la capital) viene disminuyendo. Mientras en 2017 fue de 9,5 casos por cada millón de habitantes (con 153 casos), el año pasado fue de 7,5 (con 123).

Detrás de estas bajas tasas no solo influye que no todas las personas son aptas para donar. También van desde las creencias religiosas, la falta de información de las familias, que en muchas ocasiones se niegan al rescate de órganos, y los mitos que rodean esta práctica. “En los pasillos de hospitales se llegan a escuchar que los pacientes no quieren notificarse como donantes, porque los dejan morir”, comenta Liz Niño, coordinadora de donación de la Fundación Clínica Shaio.

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A esto se suma, en ocasiones, la necesidad de más personal especializado. Por eso, con miras a mejorar la capacidad de reacción de las entidades de salud en la capital, el Distrito y la Universidad Antonio Nariño actualmente capacitan, gratuitamente, a 300 profesionales de salud con talleres de simulación médica. La meta es que Bogotá siga siendo una de las capitales pioneras en el rescate y trasplantes de órganos en Latinoamérica, como indicó la Secretaría de Salud.

Tiempo que vale… vida

Pareciera una escena dramática de película, pero rescatar y trasplantar un órgano o un tejido es complejo, por lo que requiere personal capacitado; es a contrarreloj, porque cada órgano tiene un tiempo máximo de vida, y definitivamente de vida o muerte. “Tenemos que actuar con mucha rapidez y agilidad por el tiempo que dura cada órgano”, afirma Adriana Segura, subdirectora técnica de la Red de Donación de Órganos y Tejidos del INS.

Todo empieza cuando una persona ingresa a urgencias o a una unidad de cuidados intensivos y le diagnostican muerte encefálica, es decir, que su cerebro perdió todas las funciones que mantienen vivo a un ser humano y su corazón solo puede bombear sangre de forma artificial, a través de equipos médicos. Cuando esto ocurre se emite una alerta a la Red de Donación de Órganos y Tejidos.

“Solo en este tipo de casos el paciente es considerado apto para donar órganos, pues en el país aún no contamos con los equipos y la tecnología para hacer rescate de órganos por asistolia, es decir, cuando alguien fallece, por ejemplo, por un paro cardíaco. Estos últimos son aptos solo para donar tejidos”, explica la coordinadora de donación de la Fundación Clínica Shaio.

Luego de que se alerta a la Red “se verifica si la persona en vida expresó su oposición a la donación ante un notario, algo que solo han hecho 630 personas en Colombia. En caso de que no lo haya notificado, se aborda a la familia del fallecido para comentarle sobre su condición de donante, para hacer la extracción de órganos y tejidos”, agrega Niño.

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Ese paso es uno de los cuellos de botella del proceso, pues algunas familias se oponen a la donación por el duelo o por creencias religiosas. Y si bien, de acuerdo con la Red, por ley la decisión no depende de la familia, en la mayoría de los casos se acata su decisión, para proteger su salud mental, ya que se trata de una petición dura en un momento difícil.

Si nadie se opone, se prepara a todo el personal y se procede con unos exámenes para evaluar las condiciones del donante, que incluyen pruebas que van desde conocer su tipo de sangre hasta saber si tiene enfermedades que pueda contagiar al receptor.

Al final, si se cumplen todos los criterios de selección, se programan las salas de cirugía para hacer el rescate de órganos o tejidos, mientras otro equipo de médicos contacta a los posibles receptores compatibles, que incluso pueden estar en otra ciudad.

La descripción de la donación y el trasplante en realidad son más largos que la ejecución del proceso, que debe realizarse en algunos casos en menos de cuatro horas. No obstante, más larga y fatídica es la espera cuando no se sabe si se aguarda la vida o la muerte.

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María Dilia Reyes Torres - mreyes@elespectador.com - @Madinewss

Bogotá

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