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hace 3 horas

La empanada más cara: a joven lo multaron con $834.000 por comprar una en la calle

Según el Código de Policía, quienes compran a vendedores ambulantes están "promoviendo o facilitando el uso u ocupación del espacio público en violación de las normas y jurisprudencia constitucional vigente".

Archivo.

En Bogotá una empanada le puede costar desde $1.000 hasta $4.000, pero un hombre que compró un ejemplar de este codiciado pasaboca en un puesto ambulante tendrá que pagar $834.000 luego de que varios uniformados lo multaran a él, a tres clientes más y a la vendedora, justificando una infracción al Código de Policía.

En diálogo con Blu Radio, Stiven Claros, de 22 años, explicó que salió de su jornada junto a algunos amigos hasta un puesto ambulante de empanadas, ubicado en el sector de La Castellana, donde comen habitualmente. “Nosotros llegamos, compramos la empanada, los policías nos vieron y no nos dijeron nada, pero cuando estábamos comiendo llegaron a pedir las cédulas. No había terminado de comer, cuando me pusieron un comparendo. Ellos nunca nos dijeron que no podíamos comer allí”, afirmó el sancionado.

La Policía argumentó que quienes compran a los vendedores ambulantes están infringiendo el artículo 140 del Código de Policía el cual considera que con esta conducta los ciudadanos “promueven o facilitan el uso u ocupación del espacio público en violación de las normas y jurisprudencia constitucional vigente”. (Lea también: Intervienen alrededores de cárcel La Picota de Bogotá para evitar vendedores ambulantes)

El joven dijo a dicha cadena radial que está muy preocupado pues sus ingresos no son suficientes para costear la multa, el pago de su semestre, sus transportes y el aporte económico que regularmente hace en su hogar. “Le quiero enviar un mensaje a la Policía diciendo que se preocupen más por la seguridad que por personas que salgan a comprar una empanada o a quienes salen a vender en puestos ambulantes que tienen que mantener una familia. A mí hasta me han robado en ese barrio, pero tienen siete policías para un puesto de empanadas y uno para la seguridad”.

Agregó que después de que los uniformados impusieron los cinco comparendos (a él, a tres clientes más y a la vendedora, conocida como La Negrita), empezaron a advertir a las personas que llegaban que no estaba permitido comprar en este lugar.

Steven Claros, quien ya se acercó a una estación de Policía para exponer su caso y buscar algún tipo de negociación, debe esperar a que se realice una audiencia en la que se defina si debe, o no, pagar el monto de la sanción pues, aunque admite que no sabía que esta conducta infringía la ley, esto no lo exime de la penalidad.