Análisis

Renovación urbana en Bogotá: “apuesta” pendiente

El Concejo de Bogotá discute por esto días el proyecto para un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Más allá de los reparos, es clave debatir las tareas pendientes que apunten a mejorar el desarrollo de la ciudad.

En los proyectos de renovación en la ciudad han primado los procesos predio a predio. / Herminso Ruiz - El Espectador

Hace 19 años se expidió el primer Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bogotá. Desde entonces, se ha buscado promover la “renovación” o “rehabilitación” de zonas deterioradas y con potencial de densificación, pero hoy hay pocos ejemplos exitosos. Aunque la ciudad es una de las más densas del mundo, este proceso ha sido desigual por zonas y se ha dado, sobre todo, en áreas de desarrollos de origen informal, desprovistas de los soportes públicos necesarios, como movilidad, espacio público, equipamientos, etc.

Por eso, la discusión de un nuevo POT hace pertinente evaluar en qué va la renovación urbana de Bogotá. Para comenzar, es clave distinguir dos tipos: la que pretende reactivar la apropiación social, económica e inmobiliaria y el reuso de edificaciones, es decir, revitalización, y la “operación buldócer”, que es “tumbar y volver a hacer”, es decir, reurbanización de grandes áreas. Hasta ahora, Bogotá se ha densificado a través de la “renovación” predio a predio (tumbando una casa para levantar un edificio), lo que a menudo se acompaña de procesos de gentrificación.

El POT de 2000

El primer POT de Bogotá declaró la intención de consolidar un modelo de “ciudad densa y compacta”. La renovación urbana se delimitó geográficamente y en la reglamentación de algunas unidades de planeamiento zonal (UPZ). En ese escenario, podía darse a través de dos modalidades: (1) reactivación, que necesitaba apenas la aprobación de un curador urbano, o (2) redesarrollo, mediante el trámite de planes parciales para la reconfiguración urbana del área.

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Hasta diciembre de 2017 se adoptaron 10 planes parciales de renovación urbana, de los cuales solo tres habían iniciado algún desarrollo para 2018. En contraste, entre 2004 y 2016 se construyeron más de dos millones de metros cuadrados por reactivación. Esta modalidad buscaba revitalizar zonas deterioradas o con potenciales de densificación, pero en la práctica se ha dado predio a predio y con edificaciones de pocos pisos. En esos mismos años se construyeron más de tres millones de metros cuadrados tumbando casas para construir edificios, locales comerciales o de servicios. Este también ha sido un proceso predio a predio, pero sin servicios públicos o soportes suficientes.

Adicionalmente, en este período los demás instrumentos del POT le apostaron a la programación y el desarrollo de las áreas libres para apartamentos de interés social. A la par, la demanda de vivienda propició la ocupación de suelo en la Sabana, en terrenos “baratos”, sin articulación o actividades complementarias.

Recientemente, entre 2012 y 2016, se hicieron esfuerzos por posicionar el Programa de Revitalización Urbana en la agenda gubernamental. Un ejemplo fue la Modificación Excepcional del POT (Mepot). Pero como esta norma fue suspendida por el Consejo de Estado en 2014, la administración distrital expidió, entre otros, el decreto 562 de 2014, que redefinió las condiciones para hacer desarrollos en altura, entre las cuales se incorporaron cargas en dinero o suelo.

Lo que antes se licenciaba como reactivación y consolidación con cambio de patrón, se podría licenciar con aumento de edificabilidad, pero entregando cargas (como espacio público, vías y equipamientos). Eso motivó que muchos iniciaran procesos de licenciamiento. Como consecuencia de esa decisión, en un corto período aumentaron los índices de construcción de obras nuevas asociadas con usos residenciales.

En 14 meses se licenciaron más de 800.000 metros cuadrados para consolidar estructuras urbanas ya existentes en la ciudad. Así mismo, en 2016 las cargas urbanísticas permitieron recaudar más de $200.000 millones. Dos cambios se evidenciaron: un recaudo importante que no existía antes y la dinamización del mercado inmobiliario en zonas consolidadas. Pero no hay evidencia de que esos recursos se usaran para atender a la nueva población y las normas siguieron estimulando la renovación predio a predio.

El POT de hoy

Hoy, el proyecto de POT desconoce los antecedentes y pretende incorporar importantes zonas residenciales a renovación por reactivación. Sin duda, eso mantendrá la tendencia del desarrollo predio a predio. Aunque formalmente se orienta la renovación a lo largo de los corredores de transporte público, no se conoce la edificabilidad básica y máxima, ni las obligaciones urbanísticas, ni los estudios técnicos, requisitos y condiciones para adoptar planes parciales en modalidad de redesarrollo.

La mayoría de los contenidos del POT actual están sujetos a reglamentación, incluido el tratamiento de renovación urbana. Eso quiere decir que se dejará en manos de futuros alcaldes la reglamentación del uso del suelo, aunque esa sea una competencia del Concejo. En suma, avanzar en la renovación urbana no ha sido una apuesta en la ciudad y los incentivos y trámites han dificultado su aplicación.

Es necesario dejar atrás las posiciones dicotómicas entre la expansión y la densificación. Se necesitan visiones “realistas” y concertadas sobre las necesidades de suelo y transformación del espacio. En esto juegan un papel clave los municipios vecinos, pero no como “productores” de suelo para vivienda de la “gran ciudad”, sino como áreas urbanas delimitadas y viables en términos económicos, ambientales y sociales.

* Profesora de la U. Nacional y analista de Razón Pública.

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Yency Contreras Ortiz*

Bogotá

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