Podrían pagar más de 20 años de prisión

Extraditarán a colombianos que robaban diamantes en EE.UU. y se escondían en Bogotá

La Corte Suprema avaló la extradición de dos colombianos que son señalados de integrar una banda trasnacional dedicada al robo de joyas y dinero en efectivo en Texas. La investigación, que inició el FBI, derivó en la captura de tres personas en el centro y sur de la capital colombiana.

Una cámara de seguridad registró uno de los golpes de la banda dedicada a asaltar a comerciantes de diamantes en Texas (EE.UU.) / Archivo particular

Un cadáver, un lote de diamantes y tres colombianos son los ingredientes de la historia de una banda trasnacional dedicada al robo de joyas. La investigación, que inició el FBI en Estados Unidos, derivó en la captura de tres personas en Bogotá, quienes están próximas a ser extraditadas, por orden de la Corte Suprema de Justicia, para responder ante la justicia de Estados Unidos. La Dijín de la Policía les seguía los pasos desde el momento en el que un fiscal del Distrito Norte de Texas los acusó formalmente, en octubre de 2016, y emitió una circular roja de la Interpol con fines de extradición. Todo apuntaba a que los sospechosos se escondían en la capital colombiana.

Pasaron menos de dos meses para que la Policía diera con su paradero. La primera en ser detenida fue una mujer identificada como Catherine Julieth Contreras Beltrán, el pasado 24 de diciembre, en la carrera 40 con calle décima (zona industrial); el 13 de febrero de este año, en el barrio Country Sur (en Rafael Uribe), cayó Eslevy Francisco Vargas Ávila, y una semana después el turno fue para Johnattan Ramírez Sierra, en el barrio Perdomo, en el sur de Bogotá, cuando se movilizaba en un vehículo blanco marca Mazda. El Departamento de Justicia de EE. UU. los señala de integrar “el grupo más grande y organizado en contra de la industria de la joyería” de los últimos años en ese país.

La Corte Suprema de Justicia estudió su caso y recientemente avaló la extradición de Vargas y Ramírez, y se alista a emitir una decisión sobre la situación de Contreras Beltrán, de 28 años. Pero, según la acusación, los delitos por los que los buscan no son de poco tenor. De acuerdo con la acusación conocida por este diario, los hechos se remiten a comienzos de 2016, cuando habrían perpetrado una serie de robos a vendedores de diamantes en Estados Unidos. Al parecer, después de cada golpe se refugiaban en Bogotá.

Los hechos que involucrarían a estas tres personas se remontan a abril del año pasado, en un supermercado en la ciudad de Garland, Texas, donde un viajero fue abordado por un latino armado que lo despojó de su maletín. El atacante, además, le pinchó una de las llantas del vehículo y emprendió la huida con las pertenencias de la víctima (una cámara profesional y cheques de clientes). Al investigar el caso, los detectives norteamericanos tenían la hipótesis de que los delincuentes atacaron a esta persona porque ese día había visitado una joyería. “Parecía un vendedor de joyas”.

Transcurrieron dos meses y la banda volvió a atacar. Esta vez en la ciudad de Arlington (Texas), donde la víctima fue un vendedor de diamantes. Ese día, el comerciante había visitado la misma joyería de Garland donde estuvo la víctima del primer robo. En las cámaras de seguridad de una estación de gasolina, en la ciudad de Arlington, se ve cuando el comerciante está tanqueando su vehículo. En segundos, un carro dorado se estacionó detrás y de la parte posterior salió un sujeto vestido de negro, con una máscara blanca y con un arma de fuego.

Al verlo, la víctima huyó hacia la tienda, pero en la entrada el sospechoso lo interceptó y lo requisó, pero no pudo encontrar una suma cercana a los US$70.000 ($210 millones colombianos), producto de la venta de diamantes, que guardaba en un bolsillo secreto. Entre tanto, un cómplice logró sustraer un maletín y pinchó una llanta del vehículo. A pesar de que no lograron concretar el robo, una fuente les dijo a los investigadores que supuestamente tres colombianos y un hombre de origen centroamericano habían sido los encargados de urdir el plan.

El caso más grave ocurrió una semana después. Los atacantes usaron la misma modalidad: interceptaron a un comerciante de oro y diamantes, identificado como Muhammad Saeed Shaikh, cuando se detuvo en una estación de gasolina. Los delincuentes, que se movilizaban en un Mazda 6, rompieron uno de los vidrios del vehículo y extrajeron una caja que contenía US$170.000 (más de $500 millones colombianos) producto de la venta de joyas.

Saeed Shaikh trató de recuperar el dinero y se trepó en el vehículo de los sospechosos. Sin importar que la víctima seguía sobre el carro, los delincuentes se dirigieron hasta un complejo de apartamentos en la ciudad de Irving. Allí bajaron a la víctima, lo golpearon brutalmente y luego huyeron en una camioneta que llegó por ellos. El comerciante falleció horas después en una ambulancia.

La fuente del FBI los identificó y, al parecer, informó sobre su posible paradero en Bogotá (mientras que el centroamericano fue capturado en Nueva York). Aunque los cargos por los que elevaron la circular de la Interpol no incluyen la muerte de Shaikh, uno de los abogados de los sospechosos le dijo a este diario que ese delito podrá ser tenido en cuenta en el proceso que se adelante en Estados Unidos.

Al ser capturados en Bogotá, según explicó uno de sus defensores, uno de los sospechosos no confirmó ni desmintió su participación en la organización criminal. “Sólo ellos saben si son responsables de los cargos por los que los investigan”. Contra ninguno de los capturados, sin embargo, pesa una condena en Colombia y el Departamento de Justicia de EE. UU. asegura que respetará su presunción de inocencia durante el proceso.

“En caso de que sean hallados culpables, si bien no los pueden condenar a cadena perpetua o a una sanción mayor, sí pueden enfrentar una pena superior a los 20 años de cárcel”.

Luego de que el Gobierno Nacional firme su salida del país, los detenidos enfrentarán un juicio en el que tendrán la oportunidad de desvirtuar una investigación del FBI que los señala de ser una “organización extremadamente peligrosa, que hace parte de un grupo de robo suramericano más grande y organizado que ha atacado a miembros de la industria de la joyería de EE. UU.”.