Estará ubicado en el embalse San Rafael, en La Calera

Las dudas por el Parque El Rocío

El Distrito quiere convertir el lugar en atractivo turístico. Los vecinos, que tienen inquietudes, piden que se tengan en cuenta sus opiniones.

El embalse de San Rafael se creó en los noventa. Hasta este lugar llega el agua del páramo de Chingaza, que abastece el 70 % de Bogotá y 13 municipios vecinos. / Diego Santacruz

Cerca de Bogotá, en La Calera, está el embalse de San Rafael. Un cuerpo de agua que, a pesar de haber sido creado por el hombre, ha permanecido cerrado al público, para protegerlo. Hasta allí llega el agua del páramo de Chingaza, que abastece el 70 % de Bogotá y 13 municipios vecinos. En los noventa, cuando se inundó el terreno, la Empresa de Acueducto (EAAB) se comprometió con el vecino municipio a convertir este espacio en un lugar que la gente pudiera disfrutar.

Ahora, la promesa incumplida parece estar próxima a saldarse. El Distrito diseña un parque llamado El Rocío. Aunque sigue en el papel, el primer borrador llenó de dudas a los habitantes de la zona. Por un lado, consideran que hay ideas que no respetan el medioambiente. Por el otro, que los están excluyendo de la elaboración del proyecto, que podría afectarlos.

Poco se sabe del plan que tiene el Distrito. El Concejo de La Calera, preocupado por el futuro del embalse, citó el pasado 9 de mayo al Acueducto de Bogotá para conocer la iniciativa. En el encuentro, si bien aclararon que es apenas un boceto que puede cambiar, hay propuestas claras. Por ejemplo, quieren construir un metrocable, que conectará el parque con el norte de Bogotá. También hablaron de un sendero ecológico que comenzará en el club La Aguadora, en la capital, y se conectará con el camino al Meta, en los cerros orientales, y bajará hasta el embalse.

Según funcionarios de la EAAB, el parque será abierto para todos los ciudadanos y contará con atracciones como pista de skateboard, pared de escalar, muelles, restaurantes, zona de pícnic, un ferry para recorrer la represa, un anfiteatro y hasta la idea de sumergir esculturas para que cuando baje el nivel del agua se puedan ver.

Laura Camargo, habitante de la zona e integrante de la Asociación de Vecinos de Camino al Meta de Bogotá y La Calera (Asvecame), manifiesta su preocupación por este primer borrador. Si bien destaca que quienes viven en la zona aprueban que se abra este espacio para los ciudadanos, considera que debe hacerse de una forma más amigable con el medioambiente.

Queremos que se trate como un parque natural, con senderos ecológicos, carga máxima diaria de visitantes y costo de entrada. No se nos puede olvidar que de ahí sale el agua que bebemos todos y es un ecosistema que debemos conservar. Hay animales, como colibríes, toches, pavas, tinguas, copetones, mirlas, cardenales, pájaros carpinteros, búhos, lechuzas, gavilanes y hasta tigrillos. Ojalá se pudiera tratar como una zona de protección”, agrega.

Luisa Fernanda Camacho, concejal de La Calera, recuerda que en el área que ocuparía el parque hay 300 hectáreas del club Aguadora y 900 hectáreas de la reserva protectora El Sapo: “Su intervención la debe aprobar la Corporación Autónoma Regional (CAR), que define el uso del suelo del lugar”.

También hay otras preocupaciones, como los planes de contingencia para la congestión vehicular que se puede dar en la zona, pues sólo hay una vía hacia La Calera. Pilar Castro, miembro de Asvecame, afirma que ya existen serios problemas de movilidad, porque es un corredor angosto y se presentan múltiples choques, sobre todo con motociclistas.

La seguridad es otro aspecto que preocupa, según Castro: “Son 1.200 hectáreas, es decir, tres veces el parque Simón Bolívar. ¿Quién cuidará este territorio? ¿Quién evitará las quemas? ¿Cómo se evitarán los atracos? Este tipo de problemas se presentan cuando hay mucha gente. Se estima que al día entrarán 20.000 y en La Calera sólo hay 30 policías”.

Hoy, los ciudadanos le piden a la administración que sea más abierta en la reestructuración de su plan. Hay preguntas y, aunque han intentado contactar a las instituciones involucradas, los vecinos aseguran que nadie les responde y no hay intención de diálogo. Por eso, agregan, han tenido que acudir al derecho de petición para resolver sus inquietudes.

La concejal de La Calera agrega que la preocupación nace cuando, en medio de la incertidumbre, los habitantes ven que se instalan entradas y hay contenedores: “Sabemos que hay un plan de manejo ambiental. Dicen que no nos pueden explicar, porque no hay detalles, pero ponen avisos de obra. Esto tiene que ser un proyecto construido entre todos”.

¿Qué dicen las autoridades?

La administración Peñalosa insiste en que la ciudad tiene déficit de espacio público. Según el último diagnóstico del POT, sólo hay 4,4 metros cuadrados por persona. “Si quisiéramos llegar al estándar internacional, que es 10 m², tendríamos que construir 14 parques como el Simón Bolívar”, dijo la semana pasada Andrés Ortiz, secretario de Planeación. Por eso insiste en que una de las salidas es buscar espacios fuera de Bogotá, como el embalse de San Rafael. Germán González, gerente de la EAAB, afirma que si se abre el parque El Rocío lograrán un 25 % más de espacio público. “Es un proyecto diseñado para mejorar la calidad tanto de los bogotanos como los calerunos. Nos acercará a los estándares internacionales”.

Aunque sí se desarrollarán algunos elementos mencionados en la reunión en el Concejo de La Calera, González aclara que todo es susceptible de cambios, pues hasta ahora se trata de “una aproximación conceptual”. Indica que les gustaría aprovechar elementos del embalse y los alrededores para que los ciudadanos puedan divertirse, pero “respetando las normas ambientales y cuidando el entorno”.

Para el gerente de la EAAB, es importante que no se satanice el proyecto desde ahora, pues es un intento de la Alcaldía para acercar a los habitantes con la naturaleza de una forma a la que no están acostumbrados: “No creemos que para proteger las fuentes de agua se tienen que instalar cercas y alejarlas del ser humano”.

González manifiesta que, si bien es un área que hay que proteger, no es un terreno intocable. Y agrega que una vez esté listo el proyecto será socializado con la comunidad, que tendrá la oportunidad de manifestar sus dudas y proponer otras ideas que se le pudieron escapar a quienes diseñan El Rocío.

Aunque González insiste en que sólo hay un bosquejo, Ana Lucía Escobar, alcaldesa de La Calera, aclara que desde hace un año trabajan junto con el grupo consultor y que su despacho ha aportado múltiples ideas “que se ven en el proyecto”. Eso sí, aclara que aún no está concluido el trabajo y están en un proceso de conciliación sobre ciertos puntos que prefiere no revelar.

Escobar advierte que esta es una deuda histórica de Bogotá con el municipio y que cumplirla le ayudará en su desarrollo económico. Esperan que el espacio sea atractivo turístico y una oportunidad de empleo para decenas de calerunos, pues en su territorio está el embalse. Las preocupaciones de la administración de La Calera son, especialmente, el manejo del tránsito vehicular al momento de su apertura, el cuidado del medioambiente y la seguridad. Pero, según Escobar, trabajan de la mano con Bogotá para plantear soluciones.

“Lo que queremos que se tenga en cuenta es que esta decisión de sacar adelante el parque debe ser conciliada. Se tienen que respetar todas las posiciones. Es un parque para el goce y disfrute de la comunidad, no para generar discusiones. Tengan todos claro que vamos a respetar el medioambiente”.