Le robaron la moto en el IDRD y la recuperó en el mercado negro

El hurto se presentó el pasado viernes dentro de las instalaciones del Instituto Distrital de Recreación y Deporte.

Tomada de http://airelibreyaventura.org/

A diario se escuchan cientos de quejas por el servicio que se presta en los parqueaderos tanto públicos como privados en Bogotá. Un ciudadano se siente seguro cuando parquea, bien sea su moto o su carro, en un estacionamiento y confía en que nada le pasará a su vehículo; sin embargo, esto no siempre ocurre.

Juan Carlos Téllez pasó un fin de semana no solo estresante sino angustiante luego de que el pasado viernes 8 de mayo le robaran su moto nueva dentro del parqueadero del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD).

La empresa donde trabaja Juan Carlos organizó Corbeshow, un evento que se llevó a cabo ese viernes en el IDRD. Cuenta que el miércoles de la semana pasada cuando comenzó la organización llegó en su moto y cuando ingresó al parqueadero no le dieron factura. A él no se le hizo extraño porque en varias oportunidades que ha ido a ese lugar a otros eventos tampoco le han dado recibo de entrada.

El viernes pasado, día en que se llevó a cabo el evento, ingresó al parqueadero del IDRD en la mañana y tampoco le dieron factura. Durante todo el día permaneció dentro de las instalaciones del instituto en el pabellón de Corbeshow atendiendo a sus clientes.

A las seis de la tarde un compañero de trabajo le informó que se habían robado una moto dentro del parqueadero, que se cerciorara que no se trataba de la suya. Cuando salió a mirar se llevó la sorpresa de su vida. La moto marca Pulsar NS roja, que había comprado hacía seis meses y que le había costado casi ocho millones de pesos, no estaba parqueada donde la había dejado en horas de la mañana.

De inmediato se contactó con personal del IDRD; pero sus esfuerzos fueron en vano, pues en el Instituto le contestaron que ellos no tenían nada que ver con eso porque la concesión del parqueadero no la manejan ellos sino Aparcar.

En ese momento no se encontraba el supervisor de Aparcar en el lugar, por lo que Juan Carlos solicitó que lo dejaran ver las cámaras de seguridad para conocer qué había pasado y desde qué horas se había presentado el robo; sin embargo, le contestaron que estaban dañadas, es decir, no estaban en funcionamiento.

La desesperación de Juan Carlos incrementó cuando un trabajador de Aparcar le pidió la factura de entrada. “La respuesta de ellos fue: “déjeme ver el recibo, obviamente más de uno no teníamos recibo. De hecho las personas que iban saliendo en sus vehículos y se dieron cuenta de la situación gritaban desde sus carros que a ellos tampoco les habían dado y fue en ese momento cuando me enteré que yo no era el único afectado. Ese día, aparte de mi moto se robaron tres más, y a un carro le rompieron los vidrios y se robaron unas maletas que estaban dentro”.

Según Juan Carlos, por el evento, Aparcar cobraba por el parqueo todo el día $2.000 para motos y $4.000 para carros.

“Yo llamé al 123 y cuando llegó la policía del cuadrante de Teusaquillo me dijeron que ellos tienen antecedentes de eso y que nunca se roban motos que tienen tiquetes y se supone que a todo carro que entre se le debe dar recibo porque es parqueadero privado. Ese día fue un caos todo, pues dentro del evento también se robaron tres computadores”, agregó.

Ese viernes por la noche luego de salir del IDRD, Juan Carlos se fue para la Caracas con calle Sexta a Automotores a instaurar la denuncia, pero no se la recibieron porque ya estaba muy tarde. Desconsolado llegó a su casa y hablando con su cuñado él le dijo que a un amigo suyo le había pasado lo mismo y que la recuperó en el mercado negro.

Juan Carlos, en medio de la desesperación porque su moto no estaba asegurada y todavía tenía una deuda por la compra, madrugó el sábado a recorrer las calles 15 y 17 entre la Caracas y la carrera 17, acatando la recomendación de su cuñado. Habló con dos mecánicos que trabajan por la zona, les contó lo que había pasado y dejó su número de celular con las placas de la moto.

Ese sábado en horas de la tarde lo llamaron y le dijeron que tenían la moto y que el rescate costaba 2,5 millones de pesos. Juan Carlos sintió miedo, pues no sabía si se trataba de una llamada falsa para robarle ese dinero; sin embargo, se arriesgó y se puso una cita para recuperarla.

Le dijeron que la moto se la iban a entregar en la localidad de Kennedy en el barrio Patio Bonito. Cuando llegó al lugar le tocó esperar porque la moto estaba en Soacha. Finalmente cuando llegó, la identificó y se dio cuenta que sí era la suya. Se la entregaron sin el maletero, sin los cascos y con el switch roto.

En total, recuperar la moto le salió por más de 3 millones de pesos, pero según Juan Carlos, le salió más barato que haberla perdido, pues no estaba asegurada.

Según el IDRD, el parqueadero aunque está dentro de las instalaciones del Instituto no es de ellos sino de Coldeportes, en donde aseguran que no se van a pronunciar al respecto porque no han recibido ninguna notificación ni denuncia por el hecho.

El Espectador intentó comunicarse con Aparcar para conocer su versión pero no fue posible.

Fernando Dueñas, de la Asociación de Parqueaderos, explicó que cuando se celebra un contrato de estacionamiento de depósito o custodia sobre vehículos automotores el servicio consiste en suministrar un espacio y se debe entregar en las mismas condiciones en las que fue recibido.

“Yo me hago responsable por todo lo que le pase al vehículo, pero yo le debo entregar la constancia de ingreso, sin eso muy difícilmente prospera una reclamación”, indicó Dueñas.

Las preguntas en este caso son ¿Por qué no se le dio factura de ingreso al parqueadero? ¿Quién responde? ¿Por qué se llevaron la moto que no tenía tiquete? ¿Por qué las cámaras de seguridad no estaban en funcionamiento ese día?

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