“Les da miedo reconocerme los logros”: Gustavo Petro

El mandatario asegura que, desde antes de posesionarse, hubo un ataque sistemático de la prensa para destruir su imagen e invisibilizar los resultados de la Bogotá Humana.

El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, en el hospital San Juan de Dios, donde instaló su despacho por estos días. /Óscar Pérez

Despachando desde el hospital San Juan de Dios, con su perro Rayo, un golden retriever, merodeando por los jardines de la edificación, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, habló con El Espectador sobre el futuro y la situación actual de la ciudad.

Se acercan las elecciones a la Alcaldía de la capital del país. ¿La Bogotá de hoy es la que usted se imaginó dejar?

Hubiera querido hacer más. Cuando llegué a la administración dije que este iba a ser un gobierno de reformas, rupturas, y no de mantener el statu quo. Lo que sucede es que las reformas llegan hasta donde la sociedad es capaz de profundizarlas. Además, el aparato estatal es sumamente conservador y se atraviesa a las transformaciones.

Hay quienes piensan que usted gobierna para favorecer sólo a un sector de Bogotá y no a toda la ciudad. ¿Es así?

Tenemos una opción preferencial que no significa trabajar para un solo sector.

¿Preferencia por quién?

Por los más débiles, los excluidos, que es la orden de la Constitución. Si uno se plantea un Estado social de derecho, si se quiere volver realidad, implica una sociedad equitativa. Cuando la Constitución habla de una sociedad equitativa dice que el Estado debe privilegiar los grupos discriminados. Si eso hay que quitarlo de la Constitución, pues procedan, pero mientras ese artículo esté así escrito hay toda una vertiente de luchas democráticas para empoderar grupos que han sido excluidos hasta el momento.

La ciudadanía le critica a su administración que no haya trabajado en la cultura ciudadana. ¿Por qué hemos retrocedido?

No he creído mucho en esa discusión que evoca a Mockus con nostalgia, porque él estableció un criterio de respeto a la regla con cárcel y el mayor ejemplo es la Ley Zanahoria, en donde a quien veían tomando después de la 1:00 a.m. en la calle lo llevaban al calabozo. Hoy mantengo parcialmente esa ley por cuestiones de seguridad, pero hablamos de la cultura democrática, que no es un cambio simplemente de nombre.

La pérdida de cultura no sólo se ve en el tema del alcohol, sino en la ciudad, en el día a día...

La mayor demostración de cultura democrática en construcción, porque no vamos a caer en falsos optimismos, hablamos de construcción, se ve ya en la ciudad.

¿En dónde?

No en donde Mockus hizo énfasis, sino donde nosotros lo hemos hecho, que es en el reemplazo del carro por la bicicleta, en que el ciudadano deje de usar el carro por voluntad propia. Ese cambio es una construcción de cultura democrática en Bogotá.

¿El cambio del uso del carro por la bicicleta se debe a una cultura democrática o a que las vías y el tránsito están colapsados y la gente no ve otra alternativa?

Conjuga políticas del Distrito para desestimular el uso del vehículo. En la práctica nos llueven truenos y centellas, mucha gente nos odia por eso, pero así hemos querido que sea porque nos parece que así se va a imponer en el siglo XXI si queremos preservar la vida y si queremos una ciudad equitativa. Un incremento sustancial del uso de la bicicleta por decisión propia: ahí hay una cultura democrática, porque quienes lo están haciendo no lo hacen por un simple escape a la congestión del carro sino como una decisión voluntaria, pues son conscientes de que están salvando el planeta.

Hay unos gremios interesados en debatir la disposición emitida por el segundo Día sin Carro. ¿Va a dar esa pelea?

Me sorprende que todavía haya congresistas que hagan un nexo con el interés particular, cuando la Constitución ordena que es el interés general el que prima, y más cuando la decisión judicial que salvó el Día sin Carro fue atacada judicialmente por estos gremios particulares. El interés particular es legítimo, pero cuando un mandatario público supedita el interés general al particular está violando la Constitución.

Lo que los empresarios dicen que es una pérdida de dinero enorme...

Eso no es cierto. Primero, porque Fenalco, que es el gremio particular que habla de estos temas, no tiene cómo medir el comercio. Si queremos medir el comercio tenemos que irnos a los datos objetivos, que no son diarios, son bimensuales, y que se pueden observar en el cobro del ICA. No existe un bimestre en donde el comercio decrezca. Nadie puede medir el día. Esto tiene que ver más con una resistencia al cambio, no de los comerciantes en general sino de Fenalco y Camacol, que han estado en contra de la Bogotá Humana.

¿Va a haber más días sin carro este año?

Va a haber mucha política pública de desestímulo del uso vehicular, y no consiste sólo en generar días sin carro.

La inseguridad en Transmilenio ha llegado a un punto crítico. ¿No le ha hecho falta autoridad y control a su administración?

En los hurtos, la dificultad tiene que ver con que la fuerza policial no aumenta en la misma cantidad en la que aumenta el flujo de población en los buses, que ha crecido exponencialmente. De 2008 a 2014 se duplicó el número de pasajeros por policía. Este año volvimos al indicador de 2008, logrando convencer a instancias nacionales de que Bogotá no sólo necesita una estructuración en cuadrantes, sino en flujos poblacionales, que no está metida en el esquema actual de la organización nacional de la Policía. Lo que pasa es que a los medios les gusta invisibilizar los logros que ha tenido esta administración y resaltan lo malo.

¿Como qué?

La pobreza se redujo a la mitad en tres años, y no con las estadísticas del DANE de pobreza monetaria, que mide más la política macroeconómica del Gobierno, de las cuales nosotros no participamos, sino con las medidas que Naciones Unidas impulsó como pobreza multidimensional, que mide las políticas distritales. Además, en términos de seguridad tenemos la tasa de homicidio más baja de todos los tiempos, y eso no lo ven.

Durante su administración su relación con la prensa ha sido muy tensa. ¿Por qué?

Yo vengo del M-19, donde no teníamos prensa que no fuera la nuestra. Y desde esa perspectiva, que viene del período de rebeldía, uno entiende el medio de comunicación tradicional privado como un instrumento en guerra, absolutamente parcializado. En esas épocas no era tanto como ahora. Tenemos medios de comunicación que son ideológicamente y partidistamente cerrados y en manos de la derecha. Con respecto a mi caso particular, todos los días, desde antes de tomar posesión, hubo un ataque sistemático de la prensa, en unos medios más que otros, por destruir mi imagen de alcalde en primer lugar y por invisibilizar los logros de la Bogotá Humana y amplificar sus errores. Hay un inmenso temor de que si se visibilizan sus éxitos la Bogotá Humana se transforme en una corriente que dispute el poder nacional.

Sobre ese temor hay quienes creen que si usted llega a la Presidencia impondría un modelo similar al de Venezuela...

Es de una inmensa ignorancia pensar así porque el modelo venezolano es parecido al que desarrolló Uribe en Colombia, que es el modelo petrolero. Lo que hemos hecho en la Bogotá Humana es desestimular el consumo del petróleo y recrear una democracia de nuevo tipo, sustentada en la diversidad económica de la ciudad.

Pero el modelo venezolano no se basa solamente en la dependencia del petróleo y el temor que hay es que si usted llega a la Presidencia en 2018 implemente políticas similares.

También se puede comparar ahora, no sólo en 2018. Todo es completamente diferente, porque en Venezuela se tiene un gasto en expansión sin impuestos, y eso no es sólo chavista, sino que venía desde antes. En Bogotá la crítica ha sido al contrario. Incluso nos dicen que no gastamos todo lo que deberíamos gastar, que no ejecutamos, lo cual no es cierto; lo que pasa es que ahorramos $2,4 billones esperando financiar el metro desde el año pasado, pero a eso lo llamaron no ejecución. No importa, lo que hemos hecho es un gasto social fuerte básicamente en educación y en los niños.

Con esa respuesta me queda claro que su próximo proyecto político es la campaña presidencial de 2018. ¿Ya tiene decidido a cuál de los candidatos a la Alcaldía de Bogotá va a apoyar?

Usted sabe que yo no puedo responder eso, pero sí le puedo decir que la campaña que se está haciendo desde la prensa, en donde se está construyendo un escenario para lograr que la sociedad bogotana se incline mayoritariamente por salir de la izquierda y no profundizar el modelo de la Bogotá Humana, me parece un retroceso.

¿Usted cree que con Peñalosa la ciudad estaría retrocediendo?

Me parece que Peñalosa es una figura sui géneris de la política colombiana, porque expresa una ambigüedad que lo ha perjudicado muchísimo y que no le ha permitido ganar. Mientras Peñalosa conoce, sabe y a veces defiende posturas de vanguardia, como la bicicleta, incluso antes de nosotros, cuando nadie le entendía, al mismo tiempo quería expandir la ciudad de una manera fáustica siendo el principal rival de la reserva natural del norte, por ejemplo. Lo anterior no quiere decir que no tenga posiciones valiosas, pero debería escoger cuál es su camino.

¿Usted ya escogió el candidato que le gusta para sus adentros?
 
No, no he escogido. En este momento es muy prematuro. Independientemente de las personas y los partidos, pienso que la ciudad está debatiendo, con fuerza en ambas posiciones, un retorno al neoliberalismo, que en mi opinión volvería la ciudad insostenible.
 
¿Quiénes son los representantes del neoliberalismo?
 
Muchas personas. No le puedo mencionar candidatos, pero sí Camacol, Fenalco y partidos políticos que encarnan estas figuras en el Concejo, como Cambio Radical.
 
Y el metro, que ha sido también su bandera, ¿será real?
 
Claro que sí, y no nos lo darán como una bandera, porque hubieran preferido vernos abrir el hueco del túnel, pero sentamos las bases, los estudios hasta el final, incluso la financiación del Distrito, que quedó suspendida en el POT, que la magistrada suspendió.