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hace 26 mins
Zonas rurales contarán con el servicio de recolección

Licitación de aseo se adjudicará en noviembre

Se asignarán cinco zonas de servicio exclusivo. Será un contrato a ocho años por $5 billones, que saldrán de la tarifa de aseo. Los operadores tendrán nuevas exigencias.

La administración tiene todo dispuesto para comenzar la elección de los nuevos operadores del aseo en Bogotá y desmontar el esquema que dejó la pasada alcaldía. La licitación está en curso y, según el cronograma, debe quedar adjudicada el 10 de noviembre. Son cinco contratos a ocho años que, sumados en principio, alcanzan los $5 billones y se pagarán a través de la tarifa de aseo que se cobra a los ciudadanos. (LEA: Bogotá y su nuevo plan de basuras para 12 años)

En la licitación, la administración impuso una serie de requisitos para las compañías que quieran participar. Por ejemplo, una experiencia como operador de aseo en recolección y transporte de residuos de 1,2 millones de toneladas recolectadas y transportadas en un período consecutivo de cuatro años, que sus activos corrientes superen el 60 % sus pasivos corrientes y que tenga un capital de trabajo de $25.000 millones.  (LEA: Nuevo esquema de aseo de Bogotá, una oportunidad para los recicladores)

El nuevo esquema contempla la división de la ciudad en cinco zonas, denominadas Áreas de Servicio Exclusivo (ASE), en las que cada operador se tendrá que encargar no sólo de recoger la basura y llevarla hasta el relleno Doña Juana, sino de otra serie de exigencias que buscan mejorar y modernizar el servicio. Con una característica particular: el servicio ahora llegará a zonas rurales como Sumapaz, Chapinero y Suba, por ejemplo. (LEA: Luz verde a la licitación del aseo en Bogotá)

Entre las funciones adicionales, los operadores se encargarán del barrido de la ciudad, cortar el césped y podar los árboles. En cuanto al barrido, la idea es limpiar más kilómetros: en conjunto, hoy se barren 186.000 km y la pretensión es llegar a 277.000 km. Además tendrán la tarea de limpieza y pintura de postes, paredes, puentes y estructuras, para garantizar el embellecimiento de la ciudad.

Lo único que tienen expresamente prohibido es recoger el material aprovechable. Eso sí, estarán obligados a facilitar la tarea de los recicladores, instalando contenedores y sensibilizando a los ciudadanos, para que dispongan del material en la “caneca adecuada”. Se espera que a finales de 2018 la ciudad cuente con un contenedor con capacidad para 2.400 litros por cada 250 habitantes.

Seguramente, el área más apetecida será la que se encargará de ocho localidades del suroccidente de la ciudad en las que vive casi el 30 % de los bogotanos. De acuerdo con la licitación, será un contrato con una remuneración promedio de $200.000 millones anuales. Por su parte, la segunda más atractiva será las de las siete localidades del borde oriental de la ciudad, en las que vive el 20 % de la población y contempla una remuneración cercana a los $130.000 millones anuales.

El esquema con el que funcionan los recicladores también cambiará, puesto que ya no será el Distrito el encargado de pagarles directamente por la prestación del servicio, sino que serán los usuarios —vía factura y por medio de los operadores— quienes cancelarán por su oficio.

El antiguo esquema

El nuevo modelo terminará el esquema de la pasada administración, cuando el exalcalde Gustavo Petro intentó que el servicio de aseo quedara en manos públicas, a través del Acueducto y su empresa Aguas de Bogotá. Como la empresa no tenía la capacidad para asumir toda la ciudad, se encargó de la recolección en el 52 %. El resto siguió en manos de otras tres empresas privadas: Lime, Aseo Capital y Ciudad Limpia, que quedaron con una remuneración fija (un promedio de $4.000 millones mensuales). Pero tener un ingreso fijo, según la actual administración, no los obligaba a mejorar el servicio. Simplemente a cumplir.

La administración se la jugó por el nuevo esquema, en el que a los operadores se les pagará vía tarifa de aseo. Esto, según fuentes del Distrito, no les cayó bien a algunos de los que pretenden competir por los nuevos contratos. Por eso, desde que conocieron las nuevas condiciones, han solicitado modificar algunas exigencias. La razón: el contrato actual es más beneficioso, en la medida que no tienen que hacer inversiones. Ahora, con el nuevo esquema tendrán que cumplir índices de calidad y servicio, ya que la tarifa contempla estímulos por eficiencia. Además se verán obligados a renovar sus vehículos.

Por ahora, el proceso de licitación está en sus primeras etapas. Falta ver si los empresarios de la basura se acoplan a las nuevas exigencias o siguen en su esfuerzo por cambiar el rumbo de la licitación.