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hace 1 día

Lina, una sicóloga contra viento y marea

Lina Fernanda Betancourt es la mayor de cuatro hermanos. Aunque siempre le enseñaron el valor del estudio, debido a su condición médica, sacar su título profesional fue todo un desafío. Gracias a su tenacidad, hoy es testimonio de vida. Su nueva meta: conseguir empleo.

Cortesía Uniminuto

Lina sufre de parálisis cerebral espástica, un trastorno que no tiene cura. Esta enfermedad le impide en muchas ocasiones desempeñar algunas actividades regulares. A pesar de esto, gracias a su tenacidad y esfuerzo, logró graduarse en diciembre pasado de sicología, convirtiéndose en un ejemplo para aquellos que ven en pequeñas situaciones grandes obstáculos.

Con 26 años, su vida no ha sido sencilla. Lina ha tenido 29 cirugías en diferentes partes de su cuerpo. “Mi primera operación fue a los cuatro años, porque tenía el síndrome de la bailarina, que me hacía caminar en la punta de los pies. Después, me hicieron cuatro más en los ojos, para impedir que me quedara ciega”, cuenta. A raíz de esto, su cuerpo comenzó a descompensarse a tal punto de que estaba forzando la columna, por lo que también la tuvieron que intervenir. 

Su familia siempre la impulsó a llevar una vida normal, como la de cualquier persona. “Siempre me enseñaron que el estudio era importante, que era un derecho y un deber, pero en mi caso era difícil por el factor físico, social, cultural y un montón de imaginarios que había alrededor de mi enfermedad”.

Por esta razón, comenzó estudios en un colegio cerca de su casa. Al principio, para sus profesores y compañeros fue difícil adaptarse a su situación. A sus cuatro años, Lina ya sabía leer y escribir, pero tenía el síndrome del espejo, lo que hacía que iniciara el renglón de manera contraria. Además, su caligrafía no era legible debido a sus problemas motrices. A partir de ese momento se desencadenaron una serie de episodios de maltrato físico y psicológico, ya que sus compañeros tenían imaginarios donde le decían: “es que mi papá me dijo que no me juntara con usted, porque de pronto me pega lo que tiene”.

Con el tiempo ella aprendió a negociar con su inteligencia: comenzó a hacerle trabajos a sus compañeros menos aplicados, para que se convirtieran en sus protectores en caso de un posible maltrato. Esta estrategia le permitió concluir con éxito su primaria y su bachillerato. Cuando Lina finalizó su educación secundaria sus papas dijeron: “vamos a ver si puede con un técnico”. Cuando logró su meta, le dijeron: “vamos a intentar con la universidad. Paguemos el primer semestre y si no puede, no pasa nada”.

Es así como Lina llega a la Universidad Minutos de Dios (Uniminuto) a estudiar el programa de Psicología, en la modalidad virtual y a distancia. Ella pensaba que su paso iba a ser similar a su estadía en el colegio. A su primer día de clases, llegó con temor. El miedo que la invadía era que fueran indiferentes con ella, pero pasó todo lo contrario. “Yo llegaba a mi casa e inmediatamente le decía a mi mamá: ‘Mami, o definitivamente no notan que yo soy diferente, o no les importa’. En algún momento una compañera me dijo: ‘sí notamos que eres diferente, pero no nos importa, porque tu manera de ser y tu inteligencia te hacen brillar’”.

Esta época de su vida la hizo feliz. “Conocí gente que me aceptó, que no le importó que fuera diferente, que me incluyó, que me trató con respeto, con cariño y yo no estaba acostumbrada a eso, venía de otras dinámicas”. Durante su vida, Lina había estado rompiendo paradigmas y ella no lo notaba, pero una de sus compañeras, Diana Acosta, la motivó y le enseñó la importancia de que ella reconociera sus esfuerzos y entendiera que muchas personas en su situación no habrían logrado tan lejos.

A su vez, sus profesores siempre vieron en ella un ejemplo de vida. “Lo bonito es que, a pesar de tener un diagnóstico de parálisis cerebral, lo único que no tiene paralizada es la mente y el corazón. Eso fue lo que la impulsó a lograr los objetivos que se propuso. También teníamos la premisa de tratarla como una más. Creo que así fue y así ella nos lo hizo sentir”, afirma Yolima Ortiz, directora del programa de Piscología de Uniminuto.

Hoy Lina es profesional del programa de Psicología, estuvo becada durante casi toda su carrera, gracias a su promedio académico, y ahora se enfrenta a su mayor desafío: conseguir un trabajo donde no la discriminen por su enfermedad.

“Es difícil romper los imaginarios que existen para conseguir un empleo. Cuando empecé a buscar empleo, me decían cosas como: ‘es que no sabemos trabajar con gente como tú’, y yo les preguntaba: ‘¿A qué se refieren con gente como yo?’, me respondían: ‘con gente enferma’. Que te digan ese tipo de cosas es muy duro, porque uno espera que sus actos hablen por uno, entonces se espera que el hecho de tener una carrera ayude a romper ese imaginario”.

A pesar de las negativas respuestas, Lina persiste y espera que sus acciones contribuyan a generar un cambio social en Colombia.

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Cortesía comunicaciones Uniminuto

Bogotá

Lina, una sicóloga contra viento y marea

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