Literatura para la libertad

Fugas de Tinta 5 ya está en las librerías del país. Se trata de un compendio de historias, crónicas, cuentos, poemas o reflexiones escritos por reclusos de 16 centros penitenciarios del país.

Ejemplares del libro 'Fuga de Tinta 5'. /Liz Durán

En medio de la celebración de la Fiesta de las Mercedes, la patrona de los reclusos, varias mujeres encarceladas se preparan para su desfile. Disfrazadas de garotas, sirenas, princesas y policías están listas para salir a la tarima y dar inicio al evento de lanzamiento de 'Fugas de Tinta 5'.

Ante la mirada de sus compañeras de celda y decenas de espectadores, Andrea Castañeda Muñoz toma el micrófono y decide narrar su primera noche en la cárcel Distrital. "Son las cinco de la mañana y ya es hora de levantarme, hay que ir a trabajar. (…) No estoy en mi casa, ahora lo recuerdo. La voz de una mujer madura a mi lado me pregunta si estoy bien y puedo levantarme. Estoy adolorida en cuerpo y alma. Levanto mis ojos al techo en un gesto de súplica y le pido a Dios una explicación: ¿Por qué a mí? Una lágrima se asoma en mi ojo derecho y amenaza con abandonar mi cuerpo, pero no quiero llorar, debo ser fuerte y reponerme pronto del golpe. Analizo la altura desde donde he caído y calculo unos dos metros. Allí es donde está suspendido el planchón de cemento que ahora es mi cama. Este es mi primer despertar en la cárcel. Más doloroso que el golpe por caerme de la cama es el hecho de aterrizar en mi realidad". Es la crónica de su experiencia detallada en el libro 'Fugas de Tinta 5' bajo el título 'Aterrizaje forzoso'.

Andrea es una de las 480 reclusas que hace parte del programa 'Libertad bajo palabra', un proyecto que nació en 2005 en Cali, Valle del Cauca, cuando invitaron a varios escritores a la cárcel de mujeres de la ciudad en el marco de una jornada cultural. José Zuleta, uno de los invitados, notó entonces que una mujer cargaba bajo su brazo un cuaderno en el que escribía lo que él denomina una especie de historia de sí misma. "Le pregunté si había más personas que escribieran, y me comenzó a mostrar a varias, creo que de 400 mujeres al menos 100 lo hacían", recuerda. Ver Galería

Así surgió la iniciativa que logró salir de los pabellones de la cárcel de mujeres y llegó a la penitenciaría de hombres. En 2007 el programa hizo una antología que se tituló 'Fugas de Tinta', financiada por la Unidad de Educación de la Fundación Carvajal.

El libro llegó a manos de Clarisa Ruiz, directora de Artes del Ministerio de Cultura, y fue entonces cuando comenzó el convenio entre el Ministerio y el Inpec (Instituto Nacional Penitenciario). El plan piloto se realizó en siete cárceles, y contó con el apoyo de Relata (Red de Escritura Creativa), que dispuso de directores de talleres en los centros penitenciarios. Fue precisamente el escritor José Zuleta el ecargado de explicarles la metodología del proyecto.

La Unidad Educativa de cada cárcel hace la convocatoria en cada pabellón y presenta el programa a los reclusos con el objetivo de propiciar talleres de escritura libres. El programa no ofrece ningún tipo de beneficio a quienes participen en él por lo que José Zuleta cree que quienes escriben lo hacen por un interés genuino.

En la cárcel de mujeres El Buen Pastor, por ejemplo, el encargado de dirigir el taller es Víctor Manuel Mejía, que llegó a ocupar el cargo en 2009. Confiesa que se sorprendió mucho al conocer las reclusas pues su realidad hace parte de un mundo que en ocasiones parece diferente y en el que su condición es muy vulnerable.

Cada jueves llega al centro penitenciario, y mientras hace el proceso de ingreso, que se demora al menos 10 minutos, la guardia proyecta a las reclusas una película que casi siempre interrumpe Víctor Manuel con algún texto para compartir: "Les leo lo que estoy leyendo, un fragmento de una novela, o poemas, lo comparto porque creo que si me gusta a mi les puede gustar a ellas".

Ese espacio cultural es para muchas un respiro en medio de tanta realidad. Claudia Marcela Ríos, por ejemplo, espera ansiosa todos los jueves para participar en el taller. Lleva nueve meses en prisión y aún le hacen falta 36 más. "Tenemos una parte de lectura, que es lo más agradable porque nos trasporta a otro mundo. Después escribimos algo y cuando leemos en voz alta nuestros escritos caemos en cuenta que también lo podemos hacer", asegura al confesar que le gusta escribir poesía.

Antes de entrar a la cárcel estaba escribiendo un libro y aunque aún no lo ha terminado ya tiene el título listo: 'El despertar de las neuronas dormidas'. Se trata de un texto sobre las reflexiones que le han dejado dos estancias en la cárcel. Hace ocho años ya había estado recluida y aunque prefiere no hablar de los motivos, confiesa que tuvo problemas de drogas.

Por su parte, Andrea Castañeda Muñoz define su texto 'Aterrizaje forzoso', como una forma de reírse de su propia realidad, porque realmente le sucedió: se cayó y fue ese el golpe el que la hizo aterrizar. Ya lleva 33 meses presa y sólo le faltan seis más para cumplir su pena. Durante su estancia en prisión ha participado en dos temporadas de 'Libertad Bajo Palabra' y afirma que esta ha sido una forma de expresar todo lo que siente y piensa.

En esto coincide con José Zuleta, quien sostiene que en las cárceles hay muchos testimonios, pero sobre todo una necesidad de contar. Recuerda que tuvo un alumno que le hizo una carta a los hijos, en la que les revelaba una verdad para ellos desconocida: que estaba en la cárcel, y que su padre no era lo que ellos creían.

En el ministerio de Cultura también están comprometidos con la causa. Manuel José Álvarez, asesor de teatro del ministerio, afirma que la idea es que estos programas se puedan potencializar pues el arte es una forma de rescatar a las personas de su desgracia. "Si bien perder la salud y la libertad debe ser lo más duro, poder navegar dentro de nuestra cabeza y alma logra rescatar aquellos pequeños momentos de libertad que nunca se van a olvidar".
 

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