482 años de historia

Los ejes de la Bogotá pospandemia

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Con pocos motivos para celebrar, el cumpleaños de la capital se presenta como una oportunidad para repensar su rumbo y entender cómo pueden aportar las administraciones y los bogotanos. Espacio público, salud, seguridad y movilidad, los cambios más grandes que tendrá la ciudad.

Bogotá cumple 482 años y las celebraciones, como muchos aspectos de la cotidianidad, tendrán que postergarse, pues el aniversario coincide con el pico de una pandemia que le dio al mundo un nuevo orden. En este momento lo más importante es pensar en cómo reducir la velocidad de contagio del virus, pues las cifras indican que la capital cuenta con uno de cada tres positivos del país por coronavirus, que más de 3.100 personas han muerto por la enfermedad y que un tercio de sus habitantes están confinados.

Las cifras, luego del registro de varias semanas, para algunos quizá ya no dicen mucho. Pero el hecho de que un momento histórico como este no lo ha vivido ninguna generación viva, tal vez sí. Y es que desde que inició la cuarentena se especula sobre cómo cambiará la normalidad que había antes del 6 de marzo, día en el que el virus empezó a circular oficialmente en la ciudad. Por eso este cumpleaños de Bogotá es especial, porque se presenta como la oportunidad de pensar qué aspectos se pueden transformar para bien cuando la emergencia pase, porque pasará.

En ese sentido, de acuerdo con expertos en historia, urbanismo, movilidad, salud y otros campos relacionados con la vida urbana, en la ciudad pospandemia será clave el empeño del Distrito por mejorar los aspectos en los que se desnudaron las mayores falencias, pero también la actitud de los ciudadanos frente a los tiempos venideros.

Para algunos, como Bogotá es una megaciudad, será difícil que haya transformaciones inmediatas, así que una primera tesis es que la vida va a retornar poco a poco, a la cotidianidad que se vivía antes de la pandemia. Germán Mejía Pavony, decano de ciencias sociales de la U. Javeriana y Ph.D en historia de Latinoamérica, cree con base en lo ocurrido luego de la pandemia de 1918 y otras situaciones históricas que ninguna ha cambiado a fondo la vida. “Cambiarán algunas prácticas, pero no creo que haya una transformación profunda. Eso no quiere decir que no se deban cambiar algunos servicios como el de salud o los ritmos de trabajo, con lo que ha dejado el teletrabajo”, dice.

Más allá de si los cambios son inmediatos o a largo plazo, parece claro que los primeros reajustes a la vida tendrán lugar en el espacio público. Según Fabio Zambrano, profesor del Instituto de Estudios Urbanos de la U. Nacional, allí se darán las grandes transformaciones, pero quizá sean imperceptibles. “Poco lo que cambiará, pero sí habrá modificaciones que desde ya se están presentando en temas de espacio público y la forma como nos relacionamos. La virtualidad llegó para quedarse y cambiará la forma de relacionarnos”.

En eso coincide José Fernando Rubio, director del programa de historia de la U. Externado, quien destaca que además de replantear los espacios al aire libre, la ciudadanía también debe devolverles la importancia. “Bogotá fue consumida por los centros comerciales y en este momento mucha gente quiere volver, pero a los parques”, sostiene. En este punto, además del trabajo del Distrito para garantizar la convivencia y seguridad en los espacios públicos, será importante ver cómo los capitalinos redescubren lugares como ciclorrutas, alamedas y parques. “Puede que tengamos una Bogotá más sana y alejada del ‘vitrineo’”, agrega.

De la misma forma que será importante redescubrir los espacios, asimismo será clave la relación entre los mismos bogotanos. Zambrano considera que la virtualidad incluso podría cambiar la forma de hacer política y la manera de ver al otro. “Ya venía dándose una construcción fuerte del miedo y puede aumentar la desconfianza con el vecindario y con el que no conocemos”, manifiesta. Pero para que esto no se acelere son claves las mejoras en seguridad que anunció el Distrito, como los cambios al modelo de cuadrantes que buscan mejorar la relación entre autoridades y ciudadanía.

En este punto también es fundamental el civismo, que para Fernando Rojas, Ph.D en historia y “bogotanista”, es “un elemento clave para generar una transformación de fondo”. Rojas asegura que la actitud de los habitantes será muy importante para lograr acuerdos sociales que permitan mejorar la calidad de vida. Y en cuanto a las administraciones, opina que deberán centrarse en asuntos de fondo.

“Tenemos problemas de salud, seguridad y movilidad, pero debajo de todo tenemos uno de desigualdad y pobreza que evidenció la pandemia, y si no podemos solucionarlo no llegaremos a la raíz de todos los males”, dice Rojas, quien añade que por más que se tenga un sistema de transporte moderno o un gran modelo de educación, de poco sirve si estos no llegan o no pueden ser utilizados por todos. “El desafío como ciudad es lograr transformaciones de fondo de problemas que se evidenciaron en este tiempo”, puntualiza.

En cuanto a servicios fundamentales, la salud aparece como lo primero a mejorar cuando pase la pandemia. La emergencia reveló que si bien Bogotá estaba mejor preparada que otras ciudades, aún queda camino para garantizar salud a una ciudad de casi ocho millones de personas. “Se deben reorientar los servicios”, advierte Luis Jorge Hernández, Ph.D en salud pública y profesor de medicina en la U. de los Andes. “Nuestro modelo es asistencialista y restringido, y hay que empezar a trabajar en un modelo de atención primaria, que implica una reacomodación y hacer más énfasis en la prevención de la enfermedad”.

Hernández también advierte que tras el confinamiento aumentarán la obesidad y la diabetes, así que será necesario enfatizar en la actividad física, dieta saludable y disminuir el consumo de cigarrillo. Asimismo, que se deberá priorizar el tema de salud mental, la atención a la población de la tercera y cuarta edad, la cobertura de vacunación y la atención a la salud de los migrantes. “Es necesario aumentar la capacidad hospitalaria, pero construir una red de servicios que no se enfoque solo en la parte pública, se necesita trabajar con ambos componentes”, concluye.

Por último aparece un aspecto que desde ya está teniendo cambios: la movilidad. Desde que empezó el confinamiento el Distrito decidió darles más espacio a quienes se transportan en bicicleta, que es justo el camino que se debe tomar, según analistas del tema. Ricardo Montezuma, Ph.D en movilidad y urbanismo, considera que se debe impulsar y proteger no solo a los biciusuarios, sino a los peatones. “Se debe seguir frenando el uso de moto y carro, y priorizar el orden de la logística, pues en este momento hay desorganización por el aumento de servicios de mensajería”.

Por su parte, Nicolás Rincón, director de la maestría en logística y transporte de la U. Javeriana, cree que el mayor reto estará en mejorar la calidad del transporte público, construyendo las troncales de TM faltantes y trayendo vehículos con energías limpias. Aún es incierto hasta cuándo estará el virus en la ciudad y por ahora lo importante es que todos los capitalinos sigan las instrucciones para evitar el contagio. Y a pesar de que este no será el mejor cumpleaños, puede ser el punto de partida para construir entre todos una mejor Bogotá.

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