Los fantasmas del Congreso

Funcionarios pidieron al capellán del Legislativo oficiar una ceremonia religiosa para ahuyentar al espanto que, aseguran, es un niño. Relatos de periodistas, fotógrafos, empleados y hasta senadores que dicen haberlo sentido.

Señoras del aseo, policías, escoltas, periodistas, legisladores: en el Congreso, todo el mundo parece tener una historia que contar sobre el supuesto fantasma que ronda a cualquier hora del día por los pasillos del tercer piso. Está claro, porque todos coinciden en eso, que es un niño o un duende que corre de un lado a otro y a veces juega con un balón. Se sabe que le gusta asustar tocando la espalda de las mujeres que van solas al baño. Que hace bulla. Se ríe, habla, rueda los muebles, sin que nadie lo pueda ver. Y a veces atraviesa paredes, dejando ver una sombra rápida. “Es hasta juguetón”, dice doña Gloria, del área de contabilidad, mientras le prende una vela a la virgen que adorna su escritorio.

Johnny Hoyos es fotógrafo para el diario El Heraldo de Barranquilla y ha visitado el Congreso casi todos los días durante los últimos ocho años. Cuenta que se le apareció hace unos meses, cuando subía las escaleras hacia el tercer piso, por la noche, a las 11. Había plenaria. Al final del recorrido, vio a un niño que jugaba. Un niño como de año y medio. Bien vestidito. De azul y blanco. Salió corriendo y se perdió por el oscuro pasillo.

Una chica de la oficina de presupuesto del Senado, vecina del despacho de la senadora Gilma Jiménez, relata que hace una semana, en el baño, también en el tercer piso, sintió que le jalaron el vestido. La amiga que la acompaña asegura que, en el mismo sitio, alguien le tocó la espalda. Por eso ya pocas se atreven a visitar el lugar a solas. Mucho menos por estos días en que allí se fundió un bombillo.

Un día, a la senadora Jiménez le tiraron el cabello. Ella a veces escucha que se mueven cosas. Y a uno de sus escoltas lo agarraron por el cuello. Eso dicen las muchachas de presupuesto. Y eso comentan en la oficina de la congresista. “Acuérdese de que el fantasma es un niño y ella es la senadora de los niños”, agrega un funcionario del Congreso. Y se ríe.

Álex Montañez es camarógrafo del canal del Congreso desde hace dos años. Hace dos meses, a las 8 p.m., caminaba con cuatro colegas por un pasillo del tercer piso rumbo al área administrativa. “Se escuchaban muchas voces y por eso pensamos que todavía quedaba gente en el piso. Cuando empezamos a abrir las puertas, las oficinas estaban vacías”. Al siguiente minuto, una ventana se cerró duro, sin explicación alguna. Salieron corriendo.

El susto general en el tercer piso llegó a oídos del capellán del Congreso, el padre Pedro Mercado, quien fue al lugar para ofrecer una oración, aunque advirtió que es escéptico frente a estos temas y por eso prefirió continuar con la programación religiosa de ayer, que invitaba a los funcionarios y congresistas a ayunar por la paz del país.

No importa. La señora de los tintos, que se llama María Jesús. Vanegas, el auxiliar de policía bachiller. Los empleados que prefieren no revelar sus nombres. Todos recuerdan algún cuento de miedo reciente en este Congreso que parece funcionar sólo de martes a jueves —al menos en cuanto a presencia de congresistas se refiere— y luce medio abandonado y oscuro el resto de la semana. Hernando León Vanegas, periodista político de la cadena Todelar desde hace 16 años, dice que el fantasma es “un ángel” divertido que asoma la cabeza por los corredores, como jugando a las escondidas. “Siempre me sonríe”.

Son fantasmas tan viejos como el mismo Capitolio, de los que ya se ha hablado en varias ocasiones. Lo dijo el fallecido y eterno senador Víctor Renán Barco, quien en una ocasión se refirió a los muertos que están enterrados allí, bajo los pies de los llamados hombres de la patria.

Fantasmas que se suman, cómo no, a los fantasmas de la ‘parapolítica’, de la corrupción, de la ‘farcpolítica’, de la ‘yidispolítica’ y tantos otros que han rondado por el Congreso. Y, claro, al fantasma de aquellos legisladores ausentistas, que también suelen verse como sombras rápidas.