Los impactos ambientales que se vendrán con la obra del aeropuerto El Dorado II

Los estudios preliminares de la obra dan cuenta del impacto negativo que ésta tendrá en ríos y quebradas. Mientras la ANI anuncia que trabajará para mitigar los daños, la comunidad vecina pide que se socialice el proyecto.

El Dorado II tendrá una pista más que el aeropuerto actual. En total, serán tres.  / Archivo
El Dorado II tendrá una pista más que el aeropuerto actual. En total, serán tres. / Archivo

La materialización del aeropuerto El Dorado II está cada vez más próxima. Pese a la expectativa que genera la construcción de una de las terminales aéreas con mayor tráfico en Latinoamérica, hay preocupación entre las comunidades de Madrid y Facatativá, Cundinamarca, donde se edificará, por sus posibles impactos negativos en el río Subachoque y las quebradas de la zona.

La inquietud aumenta por la falta de socialización del proyecto. Aunque ya están listos los estudios preliminares y a principios de 2018 iniciará el proceso de licitación para adjudicar el contrato de construcción, la comunidad no está al tanto de la obra que se desarrollará en los predios vecinos. La Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), entidad a cargo de la megaobra, dice que trabajará para mitigar los eventuales daños.

La alteración de la calidad de los ecosistemas y humedales, la contaminación del río Subachoque y la desaparición de cobertura vegetal, y con ella la de especies animales. Esos son algunos de los daños ambientales que se enuncian en el Plan Maestro, el primer estudio -adelantado por la Aerocivil- sobre El Dorado II, obra avaluada en $3 billones que, movilizando 3,5 millones de pasajeros al año, responderá a la demanda de pasajeros en Bogotá durante el próximo medio siglo.

De acuerdo con el documento de la Aerocivil, el polígono del aeropuerto pisa una parte del río Subachoque, cuyo cauce podría ser modificado, y de las quebradas Bermeo y El Chircal. La afectación a la calidad del agua sería inevitable: a la disminución de los nutrientes y sedimentos se sumaría el vertimiento de líquidos residuales emanados de la terminal. De hecho, esas alteraciones ya están ocurriendo con el paso de materiales y maquinaria para poner a punto las 1.980 hectáreas donde se edificará una torre de control, tres pistas y tres plataformas para las aeronaves.

Según Patricia Veloza, geógrafa de la Universidad Nacional, el agua no es el único recurso que se afectaría. Las especies animales que lo habitan y los humedales que se abastecen con la corriente fluvial están en riesgo. “La construcción es una realidad que no tiene reversa. Sin embargo, lo que puede minimizar sus impactos es la participación de la comunidad en la obra y las condiciones que ponga en su momento la Corporación Autónoma Regional (CAR)”, asegura Veloza.

Para contrarrestar los efectos ambientales, la Aerocivil propuso modificar la ubicación de la segunda pista de aterrizaje, para disminuir los daños al Subachoque y a las quebradas. Además, sugirió a los alcaldes de Madrid y Facatativá adecuar el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) al desarrollo de la megaobra, en busca de convertir la zona aledaña al aeropuerto en un área industrial donde las personas no se afecten por el ruido de los aviones.

Las preocupaciones de la comunidad están potenciadas por el desconocimiento sobre el proyecto. Rosendo Romero, veedor de Madrid, señala que a los habitantes les gustaría conocer en su totalidad los estudios que se han hecho. “Sabemos que la construcción del aeropuerto es un proceso que demanda tiempo, pero ante la incertidumbre sobre la suerte que correrán los ecosistemas, nos gustaría que las entidades a cargo del proyecto explicaran los estudios preliminares que han realizado”.

A dicha petición se ha sumado la voz de Orlando Cardona, alcalde de Madrid: “Nos inquieta que ya esté listo el estudio preliminar del proyecto y no se haya socializado con la comunidad. Queremos participar en el proceso, porque en el terreno donde se va a hacer el aeropuerto hay empresas de flores que proveen empleo a una porción importante del municipio, y hasta el momento no sabemos qué pasará con ellas”. La Aerocivil, por su parte, asegura que ha entablado comunicación con la Gobernación de Cundinamarca para informar sobre la megaobra.

Lo concreto es que la gente no sabe qué se va a hacer, aun cuando el proyecto los impactará directamente. Según el Plan Maestro, tendrían que trasladarse viviendas y personas que habitan o trabajan en los terrenos requeridos para la construcción. En total, se afectarían 66 residencias en Madrid, habitadas por 290 personas, y por lo menos 75 viviendas dispersas en las veredas Paso Ancho y Moyano, en Facatativá. La Aerocivil aseguró que el paso a seguir es visitar los predios que están en el polígono del aeropuerto para hacer un censo. Luego vendría el proceso de avalúo de las viviendas y las valoraciones de los costos de la reubicación.

Así, mientras se acerca el arranque de la construcción de El Dorado II, crece la incertidumbre por el destino de los recursos naturales y las personas que habitan su área de influencia. Las dudas sólo se despejarán cuando empiece a socializarse el proyecto y la ANI entregue los estudios en detalle sobre la evaluación de los daños y las medidas de compensación para mitigarlos.

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