Los perros antinarcóticos de la Cárcel Distrital

Desde hace seis meses, tres canes y seis guías han impedido el ingreso de 211 personas con droga, a la Cárcel Distrital. Las requisas duran 20 minutos.

Tres perros labradores hacen parte del equipo antinarcóticos de la Cárcel Distrital./ Cortesía Alcaldía de Bogotá.
Tres perros labradores hacen parte del equipo antinarcóticos de la Cárcel Distrital./ Cortesía Alcaldía de Bogotá.

Por los pasillos de la Cárcel Distrital se ha visto rondar a un trío de vigías caninos que han venido impidiendo el ingreso de droga al penal desde hace 6 meses. En total, han delatado a 211 personas (177 mujeres y 34 hombres) que pretendían aprovechar los días de visita para llevarle estupefacientes a los reclusos. 'Baco', de 16 meses; 'Thor', de 20, y 'Ada', de 18, son los nombres de la Unidad Canina, que junto a seis guías, se encargan de cazar jíbaros en la entrada del centro de reclusión. (Ver Galería: Perros cazadores de droga en la cárcel distrital).  

Un domingo de visita, la entrada a la Cárcel Distrital representa para todos los guardianes un día agitado. Al menos 800 personas llegan para ver a sus parientes. Requisarlos a todos es un proceso dispendioso. La seguridad se tiene que multiplicar y los filtros de revisión son más estrictos. Por eso, la labor de los canes se ha vuelto indispensable en la última fase de revisión, donde los visitantes son olfateados por los perros para verificar que no lleven drogas.

El proceso consiste en sentar a 10 personas por turno en el corredor de ingreso, para que los perros puedan hacer su trabajo. Cuando un perro da señal activa sobre alguien, le damos una segunda oportunidad. Con un nuevo grupo de visitantes, esa persona es sometida a otra inspección. Si el perro vuelve a dar la señala afirmativa, se le impide el ingreso a esa persona”, explica una guarda de seguridad y guía de la unidad canina.

El trabajo de los canes dura 20 minutos, de la hora y media que gasta un visitante (entre trámites, requisas y detectores de metales), antes de poder llegar al patio del penal para encontrarse con su pariente detenido. Muchos reclusos, adictos a las drogas, se quedan sin su “mercancía”, gracias a la buena labor de los canes antinarcóticos de la Cárcel Distrital.

Después de que terminan su jornada, a Baco, Thor y Ada los llevan a comer. Cada uno tiene derecho a 700 gramos de concentrado diarios para su alimentación y a un día de descanso a la semana, más conocido como “día del perro”. Ese día salen de la cárcel a un lugar abierto para desestresarse, jugar y hacer ejercicio. Mensualmente se les baña y se les cortan las uñas para que siempre estén limpios y las personas no se vayan a sentir incómodas al momento de las requisas.