Los "transmiambulantes"

Vendedores ambulantes y artistas han llegado hasta a dividirse las rutas. Policía dice que aumentó su pie de fuerza en las estaciones para mitigar esta invasión del espacio público.

Maní, chocolates y hasta USB son los productos que ofrecen los vendedores ambulantes, quienes pueden ganar hasta $40.000 diarios. / Pamela Aristizábal

En uno de los articulados que cubren la ruta F14, del portal Norte al portal de las Américas, estaba José Benavides, de 23 años, quien desde hace dos años decidió dedicarse a “rapear” en el transporte público. Al principio cantaba solo en los buses tradicionales, pero después de que empezó la implementación del Sistema Integrado de Transporte (SITP), pasó al Transmilenio, donde, según él, no tenía que pedir permiso a los conductores para subirse a los vehículos y “sacan más billetes que monedas”. Al día, cuenta este joven de pelo negro y cejas pobladas, se gana $50.000.

José dice que prefiere el Transmilenio y no el crimen de las calles. Es un negocio rentable, eso lo reconoce, aunque arduo. Se levanta a las 7:00 a.m. y acaba a las 10:00 p.m. Es consciente de que muchas veces su trabajo es incómodo para los pasajeros, sobre todo cuando el articulado está lleno.

La verdad es que entrar al sistema de Transmilenio hoy es como visitar un mercado persa. Vendedores de chocolates, maní y hasta USB, además de artistas, hacen parte del paisaje de las estaciones y los articulados. Sin lugar a dudas, se han convertido en el nuevo dolor de cabeza de las autoridades, pues por un lado es evidente el problema de desempleo que hay en la capital y, por el otro, la problemática incesante de la invasión indiscriminada del espacio público, que tanto molesta a los usuarios y que, en ocasiones, podría incluso dar una sensación de inseguridad para los ciudadanos que se movilizan por este medio. De acuerdo con las cifras dadas por la Policía Metropolitana de Bogotá, en diciembre al menos 700 vendedores trabajaron de manera informal en el sistema. Eso sin contar a quienes piden dinero ni a los artistas callejeros

Juliana Licona Henao, frecuente usuaria del sistema, cree que muchas veces la situación es incómoda, sobre todo en horas pico, cuando la gente viaja “espichada, pendiente de que no la roben, y ellos se montan a las malas”. Para esta pasajera, más allá de la incomodidad, este problema se les salió de las manos a las autoridades, pues incluso ha presenciado riñas entre los vendedores, quienes ya tienen divididas las rutas y las estaciones. “Hace poco, en la 45 se pelearon dos vendedores, porque uno le dijo al otro que esa era ‘su’ estación. Ya hay una mafia y hasta dueños de estaciones. De cierta forma, yo me siento más insegura”, asegura Juliana, quien agrega que faltan más uniformados dentro de las estaciones, que estén capacitados para reaccionar en estos casos.

Pero así como están en los articulados, los vendedores y los artistas ambulantes también se sitúan en las estaciones. En la estación de la calle 57, por ejemplo, están quienes venden maní y plátanos de paquete, como Antonio Vargas, quien trabaja desde hace 14 años en esta actividad. Antonio asegura que al día puede ganar $40.000. “Pero hay veces que uno sale blanqueado. Es que todo depende de la ruta. Las mejores rutas son J74, K23, L18, C15, H15, F14”, añade este hombre oriundo de La Macarena, Meta. Hoy le pide al Distrito que lo deje trabajar en el transporte público.

Pero eso es muy poco probable que pase. La orden del Distrito y de Transmilenio es disminuir las cifras de vendedores ambulantes en el sistema. Para eso, la Policía creó un grupo especial de control del espacio público, que se encargará de buscar estrategias para mitigar este problema, sobre todo en puntos críticos, como la zona centro de Ricaurte y la avenida Jiménez. Así lo asegura el coronel José Palomino, comandante de Policía de Transmilenio, quien agrega que a finales de 2014 se adquirieron nueve vehículos (uno por troncal) y 13 motocicletas, además de cámaras de seguridad con identificación biométrica, que prontamente serán instaladas en portales y estaciones y ayudarán a controlar la invasión del espacio público.

Sin embargo, el tema de los vendedores y artistas ambulantes en el transporte público es solo una arista del grave problema de trabajo informal que hay en la capital del país. Según cifras del Instituto para la Economía Social, hay 46.015 vendedores ambulantes trabajando en Bogotá. La localidad que más vendedores ambulantes tiene es Santa Fe, con el 21,1%; seguida de San Cristóbal, con un 7,3%.

Pero ¿se podría lograr cambiar esta situación ofreciéndoles un mejor empleo, con prestaciones de servicio? Al parecer, por las declaraciones de José y Antonio, esto va más allá de las oportunidades. Ellos no quieren cambiar de labor, pues la venta informal es muy rentable y no tienen que rendirle cuentas a nadie. De hecho, dicen que van a morir trabajando en esto.

 

 

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