La marcha de la indignación

La jornada de ayer fue convocada por organizaciones sociales para celebrar la Semana Mundial de la Indignación y exigirle al Gobierno que acepte a la sociedad civil en las negociaciones de paz con las Farc, entre otros reclamos.

“En Colombia hay  por qué indignarse”

 Carteles rechazando la corrupción, otros que protestaban contra la crisis de la  salud, unos más denunciando la existencia de un  ejército ilegal que asesina a  las víctimas del despojo cuando se atreven a  luchar por recuperar sus tierras. La  pobreza de los indígenas,   la exclusión de las víctimas de la guerra de la mesa de negociación con las  Farc, los estragos de la locomotora minera. Estas y otras proclamas  hicieron que más de 200.000 personas marcharan ayer por las calles capitalinas. Al menos así lo explica una de las líderes de la Coordinación Nacional de Movimientos Sociales y Políticos de Colombia, quien prefirió la reserva de su nombre.

La líder asegura que hace dos meses, en el más reciente encuentro de unidad popular, la Coordinación definió que el 12 de octubre se realizaría la gran jornada por la indignación en 25 departamentos del país. Esta marcha contó con el permiso del Distrito.

En la capital hubo 10 puntos de protesta, de los cuales el de mayor concentración fue el Parque Nacional, carrera 7ª con calle 37, donde los manifestantes que llegaron desde otros puntos de la ciudad se unieron para finalizar la marcha en la Plaza de Bolívar.

Al cierre de esta edición el secretario de Gobierno, Guillermo Asprilla, aseguró que el balance de las protestas fue relativamente positivo, pese a que “hubo unos disturbios de poca proporción”. El funcionario también pidió a las autoridades respetar a los marchantes. A lo largo de la carrera 7ª hasta la Plaza de Bolívar, la mayoría de los establecimientos comerciales cerraron sus puertas para evitar pérdidas materiales en caso de que se presentaran desórdenes, como efectivamente sucedió.

Toma a la rectoría de la Distrital

 Desde el jueves en la noche, 15 estudiantes se tomaron pacíficamente las instalaciones de la rectoría de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, ubicada en la carrera Séptima con calle 40. Aseguran que no pertenecen a ningún movimiento político ni estudiantil y que su actuación es independiente.

Los estudiantes argumentan que lo hacen debido a la crisis que vive la institución, pues, según ellos, hay fallas académicas, carencia de proyectos y las dependencias administrativas están al borde del colapso, entre otras razones.

También explicaron que han enviado cartas a la administración distrital en las que denuncian presuntas irregularidades en la contratación de la institución que vincularían al actual rector, Inocencio Bahamón, y al anterior, Carlos Ossa.

Para abandonar las instalaciones de la rectoría, los estudiantes exigen reunirse directamente con el alcalde en un cabildo abierto.

Disturbios fueron protagonistas

Paradójicamente, en la marcha convocada para expresar la indignación frente a ciertos temas en el país, la paz no estuvo presente. La jornada  se desarrollaba con tranquilidad en el Parque Nacional; sin embargo, algunos marchantes que venían desde el norte de la ciudad por la carrera Séptima y otros que se movilizaban por la calle 51 a la altura de la carrera 13 empezaron a lanzar papas bombas y ladrillos. Los ataques fueron propiciados por encapuchados.

Según la Secretaría de Gobierno, a la altura de la avenida Caracas con calle 45 fueron retenidas más de 10 personas y luego conducidas a la UPJ. En este punto resultó una persona herida.

Líderes estudiantiles y sindicales repudiaron los ataque de los encapuchados y en varias ocasiones se arrodillaron en la vía publica gritando: “¡No con violencia!”, quienes aseguraron que los encapuchados eran infiltrados.

La marcha contó también con  represión  del Esmad cuando aquellos protestaban pacíficamente, como lo pudo constatar El Espectador. Alrededor de las 12:45 de la tarde, el cuerpo policial lanzó tres bombas aturdidoras en la avenida Jiménez a la altura de la carrera Séptima.

Algunos estudiantes se agolparon en las puertas de la Universidad del Rosario pidiendo auxilio, allí fueron resguardados. Mientras tanto,  en la Plaza del Rosario, ubicada frente a la estación de Transmilenio Museo del Oro, funcionarios del Distrito atendían a cuatro personas afectadas por los gases, entre ellas un adulto mayor con una herida en la cabeza y una fotógrafa del medio alternativo Hekatombe, que tenía una esquirla en su pierna izquierda.

Temas relacionados