Sentido adiós a universitaria arrollada por un motociclista en Bogotá

El viernes en horas de la noche murió la joven periodista de la Universidad Javeriana Mariant Andrea Vargas, en el Hospital Simón Bolívar, luego de ser atropellada por una motocicleta en el barrio Verbenal. Sus compañeros rinde homenaje a su memoria con estas palabras.

Mariant Vargas (izquierda) junto con sus compañeros del Semillero Audiovisual de la Pontificia Universidad Javeriana. Cortesía

“Yo quisiera aprender un poco más de televisión y me gustaría ayudarte con las entrevistas de Directo. Tú me dices qué hacer y yo lo hago. Yo siento que esto me gusta". Estas fueron las palabras que me dijo Mariant mientras caminábamos a lo que con el tiempo se convirtió en un recinto sagrado: el laboratorio Hipermedial.

Quizás para algunos de ustedes esta palabra no les diga mucho. Otros recordarán a Mariant diciéndola varias veces. Pues bien, para nosotros sus compañeros es el lugar que unió nuestros caminos con ella. Fue en donde en medio de cámaras, computadores y micrófonos conocimos una de las personas más dedicadas, apasionadas y altruistas que la vida puso en nuestros caminos. Fue ahí en donde compartimos risas, llantos, regaños y consejos, todos dados desde el corazón, llenos del profundo amor y compresión que tanto la caracterizaron. Es por eso que hoy queremos compartir con ustedes lo que significó Mariant para nosotros y lo mucho que su paso por este mundo marcó nuestra existencia.

En Hipermedial empezó una relación de estudiante - profesor que con el pasar de los años se convirtió en amistad. Con Mariant y otros estudiantes de especialización de televisión se dieron los primeros pasos para lo que hoy llamamos Semillero de Investigación aplicada de periodismo audiovisual. Fueron muchas mañanas, tardes y noches en ese estudio de televisión editando imágenes de historias que tendrán por siempre su marca. El sello de la pasión y el amor por un oficio que la llenaba de ilusiones y de sueños que quedaron a media marcha. Nunca la vi más feliz que cuando me miraba, me sonreía y me decía..."profe, esto quedó muy bonito".

Esas palabras y su curiosidad por el mundo de la televisión nos acercaron a ella. La conocimos cuando era monitora de Directo Bogotá, ahí rodeados de notas periodísticas ella fue nuestra amiga, cómplice y mentora en un mundo que estábamos descubriendo. Nos dio a todos algo de ella sin esperar nada a cambio. Hoy le escribimos desde el corazón, esperando que de alguna manera nos escuche y sepa que siempre estará con nosotros.

Poco a poco nos empezamos a volver a amigos entre trabajo, pizza, risas y masajes, porque sus masajes eran siempre los mejores. De Mari admiramos su capacidad para ver lo mejor de todo el mundo, recordándonos siempre que debíamos ponernos en los zapatos del otro, antes de lanzar una acusación o comentario, porque las cosas podían no ser cómo pensábamos, siempre estuvo ahí ayudándonos a pensar con cabeza fría, pero con dulzura.

Sin importar la hora o el lugar Mari estaba dispuesta a escuchar con sinceridad y con amor, viviendo muchos de nuestros problemas como si fueran los suyos, y festejando nuestras alegrías como las propias. Mari fue nuestra cómplice. Iluminó nuestras vidas con la felicidad que transmitían sus carcajadas. Y mientras escribimos esto, una palabra salta a la vista, incondicionalidad, como siempre estuvo ahí para nosotros, cómo siempre ponía su vida de lado para ayudar a los demás, dando todo de ella sin esperar nada a cambio. Así como se lo dijo un día a Diani, en una de sus conversaciones: “Dianis, es que para mí la motivación es ayudar a los demás, a veces me cuestionan por qué estoy más pendiente por las cosas de los otros, más que por las mías, pero yo qué hago, si hacer eso me hace feliz” y hoy más que nunca nos damos cuenta de la relevancia de estas letras, porque sin importar qué siempre tenía una palabra de aliento, una sonrisa esperanzadora y un abrazo reconfortante, siendo nuestra heroína de esos pequeños momentos cuando estábamos llenos de confusión y angustia.

Hoy no solo la recordamos por la gran amiga que fue sino también por la profesional que era, fue la mentora de quienes hoy escribimos estas palabras, nos acogió bajo sus alas y con una paciencia increíble nos introdujo en ese mundo de la televisión que era tan suyo, nos empezó a enseñar, y en él, sin soltarnos la mano nos ayudó a encontrar nuestros caminos, presentando frente a una cámara o editando frente a un computador.

Fue la más dedicada a su trabajo, la primera en llegar y la última en salir del estudio, siempre con una sonrisa en el rostro. Ahí ‘en el sagrado recinto’, como le decimos todos, nos mostró que la televisión va más allá de tener un micrófono en la mano y lo bello que era editar. Siempre admiraremos su ojo crítico como profesional, al que no se le escapaba ni un espacio en negro en el video, ni los hombros torcidos de las presentadoras. Tuvo la paciencia de enseñarnos una y otra vez cómo se hacían las cosas hasta que estaba segura de que lo habíamos hecho bien, incluso a pesar de que a veces la exasperábamos, estaba ahí lista para darnos la mano y levantarnos por si alguna vez nos caíamos. Fue la persona que nos alentaba a perseguir nuestros sueños, motivándonos a ser cada día mejores, tanto en lo personal como en lo laboral siempre estaba ahí, dando todo de ella misma, sin esperar nada a cambio.

Hoy solo nos quedan palabras de agradecimiento por todo lo que hiciste por nosotros, por los consejos, enseñanzas, regaños, risas y complicidades. Tu paso por este mundo queda marcado en nuestros corazones, porque pocas veces se tiene la oportunidad de conocer un alma tan bondadosa como la tuya. Hoy ya no estás, pero serás recordada como una mujer feliz y guerrera, que nunca cayó ante las adversidades, que siempre defendió ante el mundo lo que quería y pensaba, que estaba de manera incondicional, ya sea para curar un corazón roto o un video mal editado. Siempre serás la chica del ultimate, y harás parte de las chicas de hipermedial y del trio de las Vargas que aman Tinjacá.

Gracias por recorrer con nosotros este pedacito de existencia que llamamos vida, por tu cariño de hermana y por enseñarnos a volar en el mundo audiovisual. Quizás no entendamos la muerte, pero sí entendemos el amor, ese que te motivó durante toda tu vida y que seguirá motivando las nuestras. Sabemos que mientras te recordemos vivirás en cada uno de nosotros, con esa carcajada alegre que resonará incondicionalmente en nuestros corazones.

Tu partida nos deja un vacío en el alma por todo lo que no se pudo decir, por los postres que no nos comimos, por los recuerdos que hoy quedan marcados en nuestra mente y corazón, pero sabemos que ahora estás riendo y bailando en un lugar mejor. Buen vuelo amiga.

*Diana Camacho, Catalina Vargas, Manuela Martínez, Germán Ortegón, Mónica Acosta, Lucía Franco, Fabián Higuera