Más allá del Che, estudiantes se fijan en verdaderos problemas de la U. Nacional

Estudiantes que estaban a favor y en contra de la imagen del guerrillero se unieron para estampar la efigie de Jaime Garzón, con el fin de poner freno al sabotaje y concentrarse en problemas más profundos, como los edificios que se caen a pedazos y la tributaria.

En la noche del pasado lunes un grupo estudiantes pintó el rostro de Jaime Garzón, junto al del Che, en el auditorio León de Greiff. Marisol Garzón, hermana del humorista, participó en el evento. La Direkta, colectivo audiovisual de la U. Nacional.

La idea de pintar la efigie de Jaime Garzón en un muro del auditorio León de Greiff surgió el pasado viernes, cuando un grupo de estudiantes estampó el rostro del Che Guevara, después de que unos alumnos de posgrado lo borraran. La propuesta que hicieron algunos estudiantes a quienes estaban inconformes con la imagen del guerrillero fue pintar otros personajes con los que  ellos sí se sintieran representados. Ambos apuntaron a Garzón por varias razones: es un símbolo más local que el Che, fue silenciado por el Estado, estudió en esa universidad y habló, invariablemente, de la necesidad de que los jóvenes dictarán el rumbo. “Si ustedes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!”, reza la leyenda del periodista. (Lea: El Che vuelve a la plaza porque no se puede negociar un símbolo histórico: estudiante de la U. Nacional).

Susan Duque, estudiante de farmacia, cuenta que el viernes llegaron a un consenso para apropiarse de los muros de la universidad con personajes referentes de la institución. Además de Garzón, pintarán a Orlando Fals Borda y a estudiantes desaparecidos por el Estado. Así esperan ponerle fin al debate simbólico que lleva dos semanas, para concentrarse en discusiones más estructurales: el impetuoso deterioro de los edificios como el de la facultad de artes, el presupuesto y la reforma tributaria. (Lea: “Borramos ‘El Che’ para que la Universidad Nacional reflexione”).

Un ejemplo de las discusiones que, dicen, se deben dar en la institución lo expone Víctor Correa, representante a la Cámara por el Polo Democrático. Él radicará un proyecto de ley que aborda el problema de la financiación de la educación superior y  apunta a estrategias para superar el déficit acumulado de las universidades públicas que alcanza los $14 billones, desde que se implementó la Ley 30 hace más de 20 años.

Según el congresista, ese vacío financiero ha comprometido, por ejemplo, los recursos para remodelar las instalaciones de la Nacional. “La reforma tributaria que propuso el Gobierno no soluciona el problema de desfinanciación. También existe el riesgo de que disminuya el aporte de recursos, lo que reduce el acceso y la permanencia de los estudiantes en la universidad. No garantiza el acceso a educación superior pública…garantiza que los estudiantes sean esclavos del Icetex de por vida”.

También hace reparos al programa “Ser pilo paga”, porque considera que sus costos no son proporcionales con las necesidades educativas del país. “Se trata de un costo multimillonario que beneficia a pocos estudiantes, mientras que la universidad pública se quedó estancada en cobertura”.

Para Paola Galindo, egresada de la Nacional, otro aspecto a evaluar es cómo se invierte el presupuesto. Opina que la comunidad universitaria, en conjunto con las directivas, deben decidir cómo y con quiénes se gasta el dinero para evitar arbitrariedades. “Hace tres años, cuando se remodeló la rectoría, se compró una silla con plumas de ganso, mientras los edificios se estaban cayendo”, asegura. (En imágenes:  El regreso de la efigie del Che Guevara a la plaza central de la U. Nacional).

Ella considera que el movimiento estudiantil tiene varias vías para resistir el latigazo económico. Una de ellas es la movilización social y otra es buscar recursos legislativos, como ocurrió en 2011, para frenar la reforma de la ley 30. “Mi universidad está en sus peores momentos. Los temas que más me preocupan son el financiamiento y la veeduría de recursos. En vez de estar peleando por los símbolos que están pintando, los estudiantes se deberían preguntar qué hacer con la crisis”, considera. 

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