Más de 3.000 vendedores informales en Bogotá se acogieron a planes de reubicación en 2016

Se estima que en la ciudad hay 43.000 vendedores ambulantes. El año pasado se caracterizaron 6.247 y la meta para 2017 es vincular a 12.000 a empleos formales.

Archivo El Espectador

Pese a la controversia y el descontento que ha generado la política de recuperación del espacio público de la administración de Enrique Peñalosa entre los vendedores ambulantes de Bogotá, este miércoles el Distrito destacó los avances alcanzados a lo largo de 2016 y reveló que 3.295 de ellos se han sumado a los planes de reubicación ofrecidos por la Alcaldía.

De acuerdo con el Instituto Para La Economía Social (IPES), a lo largo de 2016 se hicieron 104 jornadas de recuperación del espacio público en distintos puntos de Bogotá, priorizando los que tenían más problemas de invasión del espacio público y donde los peatones habían perdido espacio para transitar.

Entre estos puntos que, no obstante, generaron el rechazo de algunos vendedores, se cuentan la calle 72, la calle 19, la Plaza de Bolívar y alrededores, el Parque Simón Bolívar, Ricaurte, la carrera 10, la carrera 15 con 85, Bosa La Libertad, Alameda, la Avenida Primero de Mayo, Santa Librada, el Portal 80, La Estanzuela, La Pepita, el Voto Nacional y el Portal Norte.

“La meta para el año entrante es que podamos llegar a 12.000 vendedores de la economía informal, que acepten nuestras propuestas y salgan del espacio público (…) En 2016 tuvimos ferias navideñas en el Parque el Tintal, el Parque Nacional y el Parque de Usaquén. Más de 220 vendedores de la economía informal se reubicaron en estos lugares”, explicó María Gladys Valero, directora del IPES.

Según cifras de la administración, el año pasado se caracterizaron 6.247 vendedores informales, de los cuales 3.295 ya están disfrutando de un empleo formal o de puestos de venta en lugares legales ya autorizados. Estas son algunas de las alternativas labores que ofrecen los funcionarios del IPES durante las jornadas de recuperación del espacio público, y que los vendedores deciden si aceptan o no de forma voluntaria.

Con corte a octubre pasado, en el Registro Individual de Vendedores Informales (RIVI) se contaban en Bogotá más de 43.000 vendedores informales. La localidad que tiene más informalidad es Santa Fe, con el 19,53% de estos vendedores. Le sigue Kennedy con el 8,65% y Los Mártires, con 6,78%.

De los vendedores que han aceptado salir de la informalidad, 178 han decidido empezar su propio negocio, a través de ruta de emprendimiento, 83 han sido reubicados en quioscos, 67 han aceptado estar en ferias institucionales y 154 en centros comerciales. 49 son adultos mayores o personas con discapacidad que fueron incluidas en el programa de Emprendimiento Social. El resto de personas han conseguido empleos formales en una de las 3.256 vacantes que ha gestionado el Distrito en empresas reconocidas.

Una de ellas es María Graciela Triviño, antigua vendedora informal, quien se acercó a buscar formalización. “Dando gracias a Dios que a través del IPES, de la Alcaldía, a todo lado iba a buscar un SOS, auxilio que me estoy quedando sin trabajo. Por fin me llamaron del IPES y ah qué rico, sortearon este puesto y sí, me lo gané yo. Feliz porque acá ya el agua, el sol, la Policía, el hambre, las carreras, los peligros, no existen. Es un cambio total, rotundo, sí es mejor aceptar la reubicación”.

Sin embargo, muchos vendedores aseguran que las opciones no los cobijan a todos ni cubren sus necesidades. Félix Palacio Arena, vendedor de perros calientes en el sector de Chapinero y representante de los informales de esa localidad, está inconforme con la oferta de la administración.

“El IPES, además de ofrecer quioscos en puntos desolados por donde no pasa nadie, como el de la calle 90 con Autopista (debajo de un puente vehicular), hace un sorteo en el que participan 40 personas y sólo hay un ganador. Mientras tanto, los demás se quedan sin su modo de sustento. Por eso peleamos tanto cuando nos quitan nuestras carpas, pues si el Distrito no tiene cobertura para todos, que nos deje en nuestros puestos”.

La pelea por el espacio público seguirá siendo una discusión de largo aliento que se dará en el Concejo si los vendedores ambulantes logran recoger las firmas necesarias para promover un cabildo abierto y, de esta manera, abrir formalmente la discusión política.

De lograrlo, le plantearán al alcalde que se vuelvan a instalar las mesas de diálogo en las que se reunían con el mandatario y las entidades del sector para buscar soluciones. Dichas mesas se venían realizando desde la administración de Luis Eduardo Garzón (2004-2007), pero se levantaron este año. Allí también pedirán que el Distrito les ofrezca trabajo fijo antes de quitarles su modo de sustento. Mientras tanto tendrán que acogerse a las alternativas laborales que les ofrece el IPES.

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