¿Cómo mejorar las condiciones laborales en una ciudad como Bogotá?

En la actualidad, el 46,3% de la población tiene un empleo informal.

Kjeld Jakobsen, ex director del Instituto del Observatorio Social, uno de los invitados al foro. / Óscar Pérez

La tasa de informalidad en Bogotá ha venido creciendo durante los últimos años: en 2010, el 45,5% de la población que trabajaba en la ciudad lo hacía bajo esta modalidad; en 2011, el 45,6% y en 2012, el 46,3 %. Las cifras fueron presentadas en la mañana de este miércoles por Carlos Simancas, actual secretario de desarrollo económico.

Expertos internacionales como Jürgen Weller (representante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –CEPAL–) e Italo Cardona (especialista de la Organización Internacional del Trabajo – OIT –) lo escucharon atentamente. Estaban reunidos en el Foro Internacional sobre trabajo decente, organizado por El Espectador y la Alcaldía Mayor de Bogotá.

La discusión trascendió la esfera de la informalidad: “Nos preocupa mucho que en Bogotá el 7% de los niños sean utilizados en actividades laborales y que la tasa de desempleo juvenil alcance un 16%”, dijo Simancas en su discurso de apertura. Dentro del diagnóstico que entregó la Secretaría también aparece que la segregación ocupacional por sexo en Bogotá alcanza un 48,7%. La brecha salarial de género: 19%.

Con el diagnóstico laboral de Bogotá en mano, los expertos comenzaron a participar: “Un tema en el que podríamos avanzar es en la intermediación laboral. En el estado de Bahía (Brasil), por ejemplo, 60 mil trabajadores fueron formalizados a través de nuestro sistema de intermediación de mano de obra en el último año. También valdría la pena revisar cómo se regula el trabajo doméstico. Actualmente hay baja remuneración y poca formalización” aconsejó Nilton Vansconcelos, PHD en administración pública y antiguo secretario de servicios públicos en Salvador de Bahía.

Alcanzar un trabajo decente, dijo Italo Cardona, “implica generar suficientes puestos de trabajo para responder a las demandas de la población. Eso sí, deben ser empleos productivos y de calidad. El trabajo debe ser visto como una relación entre seres humanos; no como una mercancía. Lo que pasa en Bogotá se replica en la mayoría de ciudades en América Latina: el 50% de la población tiene empleos formales y el otro 50% está en la informalidad”.

El representante de la OIT demostró que la ausencia de un trabajo decente es una situación global: “La informalidad en América Latina tiene rostro de mujer. En Colombia, el 63% de los trabajadores informales son mujeres; en Bolivia, el 70% y en Perú, el 68%”.

Los analistas coincidieron en que el Estado debe garantizar los derechos laborales y posteriormente realizar una rendición de cuentas. Cardona añadió que “es necesario reivindicar la libertad sindical en Colombia”. En Bogotá, la tasa de sindicalización es de 2.7 %. Kjeld Jakobsen, ex director del Instituto del Observatorio Social, señaló que “aún existe una presión para impedir que los trabajadores se afilien a un sindicato. Sin embargo, el gobierno tiene la legitimidad para convocar un diálogo social que incluya al sector privado”.

Jürgen Weller, representante de la división de desarrollo económico de la CEPAL, explicó que dentro de los factores determinantes de la calidad de empleo están “las normas de seguridad, salud, higiene. En los aspectos institucionales están las normas sobre relaciones laborales y la construcción de un contexto productivo. La evolución del empleo está relacionada con el crecimiento económico, pero en América Latina los mercados laborales no están integrados”. De acuerdo con Weller, para que Bogotá se acerque al trabajo decente debe “favorecer la inversión en la diversificación de los sectores que exportan o que compiten con las importaciones; reducir las brechas de productividad dentro de los sectores; impulsar la inversión en infraestructura y educación y apoyar a las pequeñas y medianas empresas para aumentar su productividad”.


¿Qué es el trabajo decente?

El trabajo decente fue definido por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en 1999 como “aquella ocupación productiva justamente remunerada y ejercida en condiciones de libertad, equidad, seguridad y respeto por la dignidad humana. El Trabajo Decente resume las aspiraciones de las personas en su vida laboral, aspiraciones en relación a oportunidades e ingresos; derechos, voz y reconocimiento; estabilidad familiar y desarrollo personal; justicia e igualdad de género. Las diversas dimensiones del Trabajo Decente son pilares de la paz en las comunidades y en la sociedad.”