Muiscas de Cota conservarán su sitio sagrado

Tras una batalla jurídica contra un particular, por un terreno representativo para esta comunidad, la alcaldía del municipio anunció que comprará las dos hectáreas para garantizar su permanencia en su territorio ancestral.

/ Foto: El Espectador

La comunidad indígena de Cota (Cundinamarca) estaba al borde del destierro. Ante la justicia ya había perdido todas las batallas contra un particular que compró hace 22 años el predio que han ocupado toda su vida. La orden de desalojo estaba para el 15 de noviembre, pero la alcaldía del municipio se jugó la última carta por esta población. Luego de estudiar muchas opciones, anunció que comprará los terrenos en disputa. Con la decisión ganan todos: la administración, porque no tendrá que reubicar a estas familias; el propietario, porque recupera su inversión, y los muiscas, porque conservarán su sitio sagrado. (Lea: Comunidad Muisca sigue luchando por su territorio en Cota)

El pleito lleva una larga historia y tiene como escenario dos hectáreas ubicadas en la vereda La Moya, donde viven casi 50 familias. Este predio está en medio de un gran territorio de 505 hectáreas, que ocupan los indígenas desde 1876. Sin embargo, en 1994 llegó Ricardo Páez a reclamar justo el pedazo donde están las viviendas y sus sitios de ceremonia. Sobre la propiedad existen dos documentos: uno, en el que consta que Páez le compró a Gregorio Triviño en 1993, y, otro, de 1876, cuando les escrituraron el predio a los muiscas.

El caso llegó a manos de la justicia. Luego de pasar por un juzgado de Funza y el Tribunal de Cundinamarca, sólo hasta 2012 la balanza se inclinó a favor de Páez, cuando la Corte Suprema lo reconoció como propietario del terreno, al argumentar que “ el inmuble donde vive la comunidad no se ha constituido como resguardo indígena”. El alto tribunal ordenó a los muiscas desalojar el terreno. Pasados casi cuatro años, se fijó el próximo 15 de noviembre como la fecha definitiva para que abandonen las tierras. (Lea: Muiscas de Cota, en manos del Incoder)

La negociación

El fallo judicial no solo ordenaba a los indígenas entregar el predio. También obligaba a la alcaldía de Cota a reubicar a todas las familias. Por eso, en todos estos años, luego de analizar las alternativas y sus costos, la administración municipal encontró que la mejor opción era comprarle las tierras a Ricardo Páez, para que la comunidad se quedara en su territorio.

Aunque el anuncio pone fin a un largo conflicto y garantiza la permanencia de los indígenas en su territorio, por ahora es un pacto de palabra, que tardará al menos seis meses en concretarse legalmente. En este tiempo, la alcaldía tendrá que preparar el sustento legal y hacer el avalúo, que le permita adquirir el predio. Luego, la propuesta la tendrá que presentar ante el Concejo del municipio, para que le dé su visto bueno. De salir las cosas como las tiene planeadas la entidad, el dueño del predio recibirá su dinero en mayo del próximo año y los indígenas por fin estarán tranquilos en su territorio. El monto de la transacción aún no se conoce.

Para algunos, el anuncio parece arriesgado, si se tiene en cuenta que aún hay muchos trámites por delante y, de no resultar el plan, la orden de desalojo se reactivará. No obstante, los funcionarios están confiados. Carlos Moreno, abogado de la Alcaldía, asegura que el Concejo aprobará el proyecto. “Ellos saben que las autoridades municipales tienen el compromiso de salvaguardar el bienestar de la comunidad indígena y que el camino más sencillo (y más económico) para hacerlo es comprándole el predio, en lugar de buscar otro para reubicar a los muiscas. Por eso, no se van a negar”, señala.

Aunque esto no deja de ser una buena noticia, los indígenas la reciben con sinsabor por no haber demostrado ante los jueces que ese territorio les pertenece. Según Gregory Chingate, gobernador indígena del cabildo muisca de Cota, desde tiempos inmemorables han tenido la posesión del territorio. “Perdimos en los tribunales, porque no tuvimos dinero para contratar un buen abogado. El que llevó nuestro caso fue de oficio y dejaba vencer los términos de la defensa. Sin embargo, nosotros tenemos las escrituras que los españoles nos dieron”, asegura.

Pese a la molestia del gobernador, tanto él como su comunidad reconocen que la propuesta de la Alcaldía de comprarle a Páez es hoy la única opción. Sólo resta que la administración cumpla con el compromiso para ponerle fin a este problema y evitar el desalojo de un territorio que, además de albergar a sus familias, representa el corazón de la comunidad al ser considerado como un centro espiritual sagrado.

Siguen esperando al Incoder

En medio de toda esta historia hay una entidad en deuda: el Incoder. El argumento principal de la Corte Suprema en contra de los indígenas fue que su territorio no ha sido declarado resguardo. El Ministerio del Interior, a través de su oficina de Asuntos Indígenas, explicó en su momento que los muiscas de Cota sí estaban reconocidos como cabildo, pero su territorio no se había definido como resguardo. Aclaró que la única entidad con la potestad para hacerlo era el Incoder, que no cumplió la tarea. Desde 2014, la entidad envió un auto en el que se comprometió a ir hasta la vereda La Moya a hacer los estudios, para saber si se podía catalogar como resguardo, pero hasta el día de hoy nadie ha ido por allá, dicen los indígenas. Sin embargo, todavía guardan la esperanza de que el Incoder les otorgue el título que tanto han estado esperando, para evitar nuevos conflictos.
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