Nieta de tigre sale pintada

Hace menos de veinte días María Valencia Gaitán formalizó su candidatura.

En los setenta, cuando María Valencia Gaitán tenía 6 años, no se divertía jugando con los demás niños en la calle o con algunos juguetes. Lo suyo era escuchar a su abuela, doña Amparo, discurrir una y otra vez, entre el vapor del chocolate, acerca de las circunstancias en que fue asesinado su abuelo, Jorge Eliécer Gaitán.

En su apartamento en el centro de la ciudad, junto a un altar de fotografías familiares, María Valencia cuenta que, aunque jamás pudo escuchar de labios de su abuelo las ideas progresistas y de cambio social por las que fue reconocido, su madre y su abuela se encargaron de revivirlas con frecuencia y heredárselas. Entonces, Gaitán era para la joven María el sinónimo de una abuela que llora y de una palabra que aprendió desde pequeña: impunidad.

Más adelante, Valencia decidió estudiar arquitectura en la Universidad de los Andes e hizo una maestría en desarrollo urbano en Francia. Bogotá estuvo siempre en su mente durante todo ese proceso . Fue por esta experiencia “que Gustavo Petro me invitó a ser parte de la lista de Progresistas. Ya había tenido invitaciones, pero sólo ahora siento que nadie está manoseando el nombre de Gaitán”, dice.

Valencia asegura que Gustavo Petro la convenció. Por primera vez, y no sin timidez, se atrevió a lanzarse a la arena política, aunque este oficio no termine de convencerla. Valencia, sin embargo, recuerda con frecuencia la frase que Gaitán le decía a su madre: “En el camino del bien, lo imposible no es sino lo difícil mirado por ojos donde no ha nacido la fe y ha muerto la esperanza”.

Es esta oración y no el Padre Nuestro, la que ha guiado su vida y la que la anima a trabajar por los que considera deben ser unos principios rectores de planificación que no sean desbaratados de una administración a otra.

Para Valencia, los problemas de planeación urbana en la ciudad se deben, en parte, a que no hay unos principios rectores que obliguen a las administraciones a seguir un curso de organización urbana de la ciudad. “Peñalosa quiere que esto sea Miami, entonces arrasa y mete entre las alcantarillas a toda la gente del Cartucho, que ahora explotó por toda la ciudad. Eso es pensar la ciudad como con sueños”, dice la candidata petrista.

En su trabajo en Bogotá, Valencia asegura que la “mirada gaitanista” está presente. Según ella, la herencia de su abuelo se hace visible en la participación comunitaria y en la planificación de la capital, que debe ser concertada también por los ciudadanos.

Por ahora continúa trabajando en las propuestas visuales de su campaña, junto a su hija Manuela de 6 años, que, al igual que su madre a esa edad, escucha los relatos sobre la muerte de su bisabuelo y, al ver cómo usan su imagen actualmente, le dice a su mamá: “Yo también quiero una ciudad distinta como tú, pero lo que más quiero es que no manoseen a Gaitán”.

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