Advierte Howard Hill, experto internacional en rescate

“No hay cómo atender emergencias de altura”: Howard Hill

En tiempos en que Bogotá se encuentra en un proceso de densificación, el jefe adjunto de los Bomberos de Nueva York, que atendió el 11-S, alerta sobre las complicaciones que tiene la capital para atender emergencias.

Howard Hill, exdirector de bomberos de Nueva York, compartió su experiencia con socorristas de Bogotá. / Cortesía.

Nueva York y Bogotá tienen casi la misma cantidad de habitantes. Según los últimos censos, la urbe estadounidense tiene 8,5 millones de personas, mientras que la capital colombiana tiene casi 8 millones. No obstante, la diferencia en el número de bomberos de cada ciudad es abismal: la norteamericana tiene más de 11.000 y en la colombiana no hay más de 800. Esto, sin contar la diferencia en equipos y herramientas para desarrollar su trabajo como socorristas.

Las cifras son dicientes y dejan claro que la capital colombiana se podría quedar corta a la hora de atender una emergencia de gran magnitud. Un dato contundente: en la actualidad los bomberos de la ciudad no tienen manera de atender un incendio que ocurra más allá de un séptimo piso.

Este dato se conoció durante la visita de Howard Hill, quien fue bombero en Estados Unidos durante 34 años y hoy se dedica a compartir sus anécdotas y su conocimiento con rescatistas de otras ciudades del mundo. Según su hoja de vida, Hill fue jefe adjunto del Departamento de Bomberos de Nueva York, director de la Oficina de Prevención de Incendios del mismo cuerpo y lideró uno de los equipos de búsqueda y rescate tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, al World Trade Center.

“Fue lo más difícil que he vivido en mi vida. Eran muchas vidas y fue complejo concentrarse en el rescate. Los ciudadanos de Nueva York nos apoyaron mucho y el Departamento de Bomberos demostró mucho profesionalismo y capacidad de reacción en el tema de combatir incendios y remover escombros. A veces creo que lo hubiéramos podido hacer mejor, pero en ese momento fue abrumador. El espíritu y liderazgo de los bomberos fue enorme. Cuando acabó todo, estaban listos para salir a atender nuevos llamados”, cuenta Hill sobre su trabajo durante la emergencia de mayor magnitud a la que se ha enfrentado.

Pero el veterano bombero no está en la ciudad sólo para compartir sus anécdotas del fatídico 11 de septiembre. Su visita está enmarcada en el “Programa de Buenas Prácticas, Bogotá aprende”, de la Alcaldía, con el que las distintas entidades distritales obtienen conocimientos internacionales que dan respuesta a retos a los que se enfrenta la ciudad.

Los retos

En esta oportunidad, uno de los retos es cómo enfrentar las posibles emergencias que incrementan con el acelerado crecimiento de una ciudad como Bogotá y en la que cada vez se construyen edificios de más altura y hasta rascacielos como el BD Bacatá (240 metros) o nuevos proyectos como Torres Atrio y Entre Calles, ambos en el centro de la ciudad, que tendrían 270 y 420 metros, respectivamente.

Aunque este tipo de construcciones sirven para densificar la ciudad, hay alertas por las complicaciones que tendrían los bomberos para atender posibles emergencias más allá del séptimo piso.

¿Qué tantas medidas preventivas se están tomando para facilitar la atención en esos edificios? Justamente por eso vino Hill, quien compara cómo los grandes edificios de Nueva York son construidos con estructuras exclusivas para los cuerpos de rescate en caso de una emergencia.

Explica que incluso se crean escaleras paralelas a las que se construyen para el edificio, y que uno de cada tres ascensores tienen una cerradura que sólo pueden abrir los bomberos, para que puedan ingresar al elevador y rescatar los ocupantes.

“Es muy difícil cuando las personas están evacuando y al mismo tiempo están subiendo los bomberos. En los edificios de gran altura, la gente tiene que quedarse donde está y permitir que los bomberos hagan su trabajo”, explica Hill.

Este es sólo uno de los llamados de atención que hace el experto a la manera como se prepara la ciudad para atender eventos catastróficos. Aunque califica el Cuerpo de Bomberos de Bogotá como “muy profesional”, critica el bajísimo pie de fuerza que existe, ya que no solo afectaría una posible emergencia simultánea, sino que puede incidir en el tiempo de respuesta.

Los índices en este aspecto vienen en descenso, pero, en un promedio de los últimos cinco años, los bomberos han gastado 8,3 minutos atendiendo una emergencia. “Esos 8 minutos se pueden convertir en 20 por los pocos bomberos que hay”, comenta, mientras añade otro número que preocupa: en Nueva York, el tiempo de reacción de los rescatistas es de 4 minutos.

Por todo esto, Hill participó en un simulacro de incendio con el peor escenario posible en un edificio de 15 pisos y realizó una visita técnica al BD Bacatá. También participó en mesas de trabajo sobre extinción, búsqueda, rescate y planes de contingencia, en las que habló con delegados de las entidades nacionales y distritales relacionadas con la atención de eventos.

Al final hizo un jalón de orejas sobre lo que encontró. “Todos los gobiernos celan su presupuesto, pero hay que tomar decisiones difíciles sobre en qué se quiere invertir el dinero. Hay cosas que se deben hacer prioritarias. Además, los medios también deberían educar al público”, concluyó.