“No soy un alarmista”: Francisco Santos

El candidato uribista no considera exagerado su diagnóstico sobre Bogotá. Propone construir la ALO completa y 100 colegios en concesión.

Francisco Santos, candidato a la Alcaldía de Bogotá por el Centro Democrático. / Cristian Garavito

Francisco Santos no evade preguntas. Pregúntele por los cuestionamientos al uribismo, por los litigios judiciales que ha casado y por las alianzas que espera forjar para alcanzar la Alcaldía, y siempre habrá una respuesta distinta a la de “siguiente pregunta, amigo” que caracterizó a quien fue su jefe por ocho años, Álvaro Uribe, cuando le tocaban temas espinosos. Hoy por hoy, sin embargo, insiste en que le pregunten por sus propuestas como candidato a la Alcaldía. Aunque está afinando su programa, ya tiene claras las obras que priorizaría y la forma como implementaría la llamada “política de seguridad democrática urbana”, que espera cuaje entre los bogotanos cuando se monte en tarima con Uribe, quien sin duda será el gran impulsor de una candidatura que, al menos en las encuestas, no despega del todo.

La seguridad es el eje de su campaña. ¿Cuál es la propuesta en detalle?

Primero, liderazgo y capacidad de reacción por medio de microgerencia, como lo hicimos en el gobierno (de Uribe). Segundo, crearemos la Secretaría de Seguridad, una central de inteligencia que individualice al delincuente. Tercero, esta secretaría tendrá $1 billón de presupuesto. Cuarto: decirle a la Nación que financiaremos 10.000 policías bogotanos que cuiden su barrio, parecido a la política Soldado de mi pueblo, que fue exitosísima en 2002. Habrá tres escenarios fundamentales de protección: espacio público, alrededores de colegios y Transmilenio.

También ha propuesto usar militares retirados

Hay mucho militar y policía retirado que puede integrarse a la policía cívica. La crisis de seguridad es tal que haremos lo necesario. Si puedo tener 50.000 policías cívicos, los tengo. No estarían armados.

La gente relaciona esa mano dura con otras propuestas suyas, como la de usar descargas eléctricas contra estudiantes que protestaban.

Se ha caricaturizado una política de derechos humanos. El uso de armas no letales, que no generan daños permanentes, es un elemento de control fundamental en una sociedad que aplica el principio de proporcionalidad en el uso de la fuerza. Aquí hay un problema de autoridad y cualquiera siente que le puede pegar a un policía. En una alcaldía mía, el que me toque un policía se las ve con la justicia. En mi mandato la Policía, con respeto, se hará sentir.

¿No es muy alarmista ese panorama cuando las estadísticas muestran tasas de homicidio bajas?

No. La situación es crítica. ¿Estamos contentos porque tenemos 1.300 homicidios al año? Política de seguridad seria la que implementó Nueva York, que en 1994 tenía 2.300 homicidios y hoy tiene 300, con la misma población nuestra.

En lo preventivo se diferencia de la izquierda, pero ¿a qué le apunta en lo social para prevenir el delito?

Que Petro y Clara López me muestren un estudio que pruebe que la pobreza genera violencia. Las causas son otras, como la falta de autoridad que hace que la gente sienta que se puede salir con la suya. El microtráfico ha generado efectos como que los consumidores acudan al atraco para pagarse sus dosis, y Bogotá no tiene espacios para atenderlos. Volveré el San Juan de Dios el centro de rehabilitación, desintoxicación y resocialización para drogadicción y alcoholismo más berraco de América Latina.

¿Seguirá con la compra del San Juan?

Si se resuelve el lío legal, sí. Lo que no haré es un hospital de cuarto nivel (como lo propone la administración Petro). Para prevenir también hay que crear políticas de uso del tiempo libre, así que le meteremos durísimo a la jornada única en los colegios, que también es un tema de seguridad. Construiré 100 colegios en concesión: tienen mejor calidad y valen menos que los públicos.

¿Por qué no sube en las encuestas?

Porque esto no ha empezado. La mayoría me pregunta: “Ay, ¿usted es candidato?”. En las encuestas de julio, agosto y septiembre veremos cómo va esto. Por ahora montamos el programa.

¿Ni siquiera le preocupa su amplia imagen negativa, que ronda el 55%?

Aquí hay un 30% de bogotanos que jamás votarán por mí. El 15% o 20% empezará a cambiar cuando escuche discursos como el de la autoridad.

¿De qué depende la alianza con los conservadores?

No sabemos. Quisiera que fuera una coalición de ideas y la trabajaré hasta el último día, pero mi coalición tiene que ser con la ciudad. Quiero los votos del uribismo, del conservatismo, de nuestras bases que están en la U. Pero para mí lo importante es hablar de Bogotá, de lo que quiero hacer con los cerros orientales, de cómo recuperaré los ríos Fucha, Arzobispo y Tunjuelito para convertirlos en parques lineales; de cómo recuperaremos el río Bogotá, que creemos vale mucho menos y se puede concesionar. Quiero hablar de cómo financiaremos la Boyacá y la ALO y las vías que debieron haberse hecho hace 10 años.

¿Y cuál sería su gran obra?

Toda la ALO. Por amor de Dios: los habitantes de Soacha, Suba, Fontibón y Engativá la piden a gritos. Hay que hacerla con peajes a entrada y salida. Ya tiene licencia ambiental y los humedales se protegerán con puentes. Es más, si la hago, una parte de las utilidades las metemos en la protección de humedales. Eso se me acaba de ocurrir, pero se puede. La ALO y la Boyacá son las dos obras que aspiro dejar licitadas antes del primer año.

¿Y el metro?

Lo primero es terminar esas obras y el Transmilenio por la Séptima y la calle 13. Si Transmilenio se hubiera terminado estaríamos hablando del metro sin angustias. Los expertos aseguran que si el metro absorbe toda la plata de la infraestructura vial, la ciudad colapsa. Ahora bien, nuestros asesores dicen que el estudio que hay está bien hecho.

Pero ¿de dónde sacaría la plata que le corresponde al Distrito?

No lo tengo claro aún. Quiero ver qué proponen. Todo lo que podamos hacer en APP lo haremos, y eso liberará plata para el metro.

¿Cómo evalúa a esta altura la administración Petro?

Acabó la institucionalidad. Toda la gente buena se fue. Acabó la planeación. Un buen manejo fiscal: la ciudad tiene plata y por eso se la quieren gastar ahorita. Cero transparencia en la ejecución. Hay un tema de corrupción sistemática en la ciudad. Mire lo que dijo la Cámara Colombiana de la Infraestructura: los contratos en las localidades tienen un solo proponente. La contratación directa es como el 75% de la contratación del Distrito. Aquí la licitación como que no pegó. Esto es un megadesastre.

¿Qué le gusta de este gobierno?

Lo del río Fucha, por ejemplo, pero yo quiero llevarlo al Arzobispo y al Tunjuelito. Quiero que sean unos parques lineales que conecten los cerros con el río Bogotá. La idea de densificación también es buena, pero hay que densificar y ampliar, y por eso recuperaremos los planes zonales de norte y sur, donde pueden construirse 200.000 viviendas.

Cursa un proceso judicial porque usted calificó a Petro de corrupto. ¿A qué casos puntuales se refirió?

No es de casos puntuales sino de responsabilidad. Yo le dije: “Doctor Petro, no sé si usted tiene un peso en el bolsillo más por lo que ha pasado, pero sí toda la gente alrededor suyo”. Entonces, ¿quién es el responsable? Roban sistemáticamente acá, acá, acá…

¿En dónde específicamente?

Ah, no. Eso será parte del proceso y en el juicio lo probaremos.

¿Qué hay detrás de la pelea entre Petro y Vargas Lleras por Bogotá?

La Presidencia de 2018. El Gobierno Nacional se muestra preocupado por Bogotá a cinco meses de las elecciones, pero la verdad es que está aterrado de que el Centro Democrático gane la elección y que en dos años, mostrando resultados, cambie el panorama electoral en 2018.

Parece que en su gobierno de nuevo habría dificultades en la relación Distrito-Nación.

El día que sea elegido alcalde se acaba mi oposición y tendré que trabajar de la mano de la Nación. Uno como alcalde se convierte en el responsable de la calidad de vida de 7,5 millones de ciudadanos. Cambia totalmente el chip.

¿Cómo desligarse de los cuestionamientos al uribismo?

No es cuestión de desligarse. Hay una persecución política y judicial contra nuestro partido, una política de Estado que nace en el Gobierno y ejecutan la Corte Suprema y el fiscal general. Pero eso no me preocupa, porque la gente quiere oír cómo le resolveré los problemas de movilidad, de seguridad. Ya harán su juicio de valor. Soy una persona impoluta; me he metido en líos por ser contundente con lo que digo. No voy a cambiar. Somos la gran alternativa.