‘Normas de papel’

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El trabajo de campo realizado en Bogotá concluyó, entre otros aspectos, que el 20% de los ciudadanos incumplen las normas de tránsito, bien sea de manera vehicular o de forma peatonal.

Cifras de Medicina Legal indicaban en el año 2007 que 527 personas fallecieron en Bogotá como consecuencia de algún tipo de accidente de tránsito y que 13.957 resultaron heridas. El 48,4% de las víctimas eran peatones que habían infringido alguna norma de tránsito o fueron arrollados por algún vehículo que no respeto una señal de Pare, un semáforo o un cruce. Las cifras fueron una clara muestra de lo que dos años más tarde el investigador y escritor Mauricio García Villegas llamaría “La cultura del incumplimiento de reglas” en su libro Normas de papel. Allí, García Villegas explicaba que “las vías públicas son más que la expresión de la manera de ser de un pueblo (...). Allí no sólo se sale a mostrar lo que cada uno es, sino que se aprende a respetar o a irrespetar a los demás, a proteger o a dañar los bienes públicos”.

Las investigaciones y aportes de Normas de papel atraviesan algunos testimonios de los últimos 200 años de la historia colombiana para concluir que “la colombianidad” está compuesta en un altísimo porcentaje de desobediencia y la cultura del vivo. Como escribía Horacio Gómez Aristizábal, “en cualquier género de actividades de despliegue el colombiano muestra la innata tendencia a mentir y a engañar, porque, se le figura, son condiciones indispensables para el éxito”, y como quedó plasmado en el Buen salvaje, de Eduardo Caballero Calderón, a mediados del siglo XX la comunidad de colombianos que vivía en París se componía de unos cuantos estudiantes que no estudiaban, de algunos pintores que casi no pintaban y de escritores que no escribían. Sin embargo, con la palabra, todos ellos construían falsos mundos de éxito profesional y artístico. “Aquí todo el mundo quiere ser lo que no es”, escribía Gómez Aristizábal.

Ya a finales del siglo XIX, el escritor y político José María Samper denunciaba la existencia de dos países: uno legal y otro real. “Desde entonces —subraya García Villegas— los políticos han seguido denunciando la existencia de esa brecha y por ahí derecho han contribuido a ahondarla, no sólo a través de las leyes defectuosas o inaplicables que ayudan a promulgar, sino siendo ellos mismos los primeros en desconocer lo que éstas ordenan cuando les corresponde ejercer poder o autoridad. Pero no sólo en el mundo político se tiene esa impresión: Gabriel García Márquez sostuvo alguna vez que en los colombianos cohabitan “la justicia y la impunidad; somos fanáticos del legalismo, pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas o para violarlas sin castigo”.

Dentro de su exhaustivo estudio, García Villegas recuerda que en 2003 el ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus realizó una investigación publicada posteriormente en “Cumplir para convivir”, que arrojó algunos datos fundamentales para comprender a los colombianos, según la cual el 33% de los que llamaba “cuasi cumplidos” (quienes se caracterizan por adoptar posiciones intermedias o flexibles ante el incumplimiento propio o ajeno) pertenecen a colegios privados de matrícula alta y representan al 57% del alumnado general de estas instituciones.

En su texto, García Villegas hace énfasis en que no sólo los individuos en Colombia incumplen. “El Estado —dice— es tal vez el primer incumplidor del país. Expide normas que no cumple, hace cosas que no están autorizadas en ninguna ley o simplemente cumple a medias. Una de las maneras típicas como el Estado desconoce las normas es a través de la introducción de excepciones a las normas. El ejemplo clásico de esto es el estado de sitio o de excepción, concebido, en la práctica, como un mecanismo para mantener el sistema constitucional, aprovechando sus ventajas de legitimación política y excluyendo sus exigencias en materia de protección de derechos”.

Infracciones en Bogotá, 1998-2001

Transitar en zona prohibida (incluyendo horas no permitidas, como el llamado “pico y placa”)  231.532,25

No respetar las señales de tránsito o no pagar el peaje en los sitios establecidos  128.229,5

Transportar pasajeros excediendo la capacidad autorizada en la licencia de tránsito y tarjeta de operación 114.430,5

Infracciones en Bogotá 2003-2006

Estacionar un vehículo en sitios prohibidos:  96.686,75

Cruzar la vía atravesando el tráfico vehicular en lugares donde existen pasos peatonales: 69.338,5

Transitar por sitios prohibidos o no autorizados por la autoridad competente (incluye horas prohibidas)  62.427,75

Mauricio García Villegas

Actualmente es profesor de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia, investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad, e investigador del Institute for Legal Studies de la Universidad de Wisconsin-Madison. Fue columnista del periódico El Tiempo y hoy en día lo es de El Espectador.

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