Operación abeja

Diariamente los Bomberos atienden por lo menos seis emergencias relacionadas con abejas. Muchas de ellas son colonias que no son de fácil acceso. Por esta razón piden ayuda de la Secretaría de Ambiente.

Los bomberos caminan sobre un tejado en Kennedy para rescatar un panal de abejas.   / Andrés Torres
Los bomberos caminan sobre un tejado en Kennedy para rescatar un panal de abejas. / Andrés Torres

La abeja reina intentaba escabullirse entre los zánganos. Las obreras comenzaron a volar en círculos cuando sintieron que se acercaba una mano con una sombra que se hacía cada vez más grande. Dos bomberos daban pasos suaves, sobre un tejado frágil, para llegar al enjambre. Uno de ellos les susurraba de cerca: “Yo no te voy a matar, tú vas a volar tranquila”. Esta vez fue un panal pegado a la fachada blanca de una casa en el barrio Bavaria, localidad de Kennedy, lo que generó el pánico de algunos vecinos. En menos de 20 minutos el panal estaba en una caja de madera. No sería la última escena del día, del pasado viernes 19 de octubre, que involucrara a un enjambre de abejas.

El reloj de los bomberos marcaba la una de la tarde. En la carrera 71B con calle 52A, barrio Normandía, una colonia de abejas emprendió un ataque feroz contra los habitantes del lugar: dos personas remitidas a la Clínica Colombia por picaduras, 18 valoradas por la Cruz Roja, 6 trasladadas al Hospital de Fontibón, 11 atendidas por la Secretaría de Salud y un bus con miles de abejas dentro.

La revolución se gestó en instantes. Según explicó el teniente Mauricio Ayala, subdirector operativo del Cuerpo Oficial de Bomberos, “las abejas se tornaron agresivas cuando sintieron que les querían sacar la colonia de la casa en donde estaban”. Esta vez no les hablaron con cariño. El ataque se replegó a todos los habitantes y entre las víctimas de la avalancha quedaron periodistas con picaduras y mujeres desmayadas.

En Bogotá, emergencias como esta se presentan en promedio 10 veces al mes por localidad. Según el último informe del Cuerpo Oficial de Bomberos, que recopila datos hasta septiembre, se han realizado 1.074 operaciones que involucran la remoción de panales de abejas. La relación de los hombres de rojo con estos insectos no es nueva: en 2010 fueron 1.329 y, en 2011, 2.444.

Por cumplir con las llamadas para retirar enjambres y colonias el cuerpo de Bomberos ha tenido que vivir agrias experiencias. Jairo Enrique Bolaños, teniente de la estación de Kennedy: “Me han picado como siete veces. Una vez en La Candelaria me dejaron toda la cara inflamada, quedé como un monstro. Además, ¿usted sabe lo que duele un aguijón dentro de la piel?”.

Más aguijones. Un bombero de la estación de Usaquén, quien prefiere mantener su nombre en reserva: “Una picadura en el pómulo me dejó la cara toda hinchada. Sufrí de un shock anafiláctico. Se inflamaron los bronquios, me dio taquicardia y tos. Duré una semana en la clínica”.

Otro bombero, Nelson Forero, sufrió por el veneno inyectado por una abeja: “Él estuvo en el hospital, muy mal. Las abejas se metieron en la careta y resultó muy enfermo”, comenta Bolaños.

Son varios hombres de rojo que les hablan a las abejas; ya sea porque las quieren o porque resulta una técnica útil para que no los piquen. Es de cuidado, pues como cuenta el director de Bomberos de Bogotá, Euclides Mancipe, algunos no saben a lo que se enfrentan: “Muchos han terminado en el hospital por una sola picada. No sabían que eran alérgicos. Uno de los índices de accidentalidad más importante en bomberos es el de picaduras de abeja, les genera sarpullidos y taquicardia. En el peor de los casos se tapan las vías respiratorias”.

La deforestación en la ciudad y el crecimiento del área urbana ha generado la migración de estos insectos hacia sectores recónditos, como los canales de las casas o cualquier otro orificio urbano. Mancipe comenta que por el cambio climático y las oleadas de sol las abejas se alborotan más, creando colonias por doquier: “Hemos recogido canecas de miel. Cuando las abejas están en el enjambre no son tan agresivas, pero cuando ya forman su colonia se alborotan rápido. A veces la arman detrás de paredes o muros que nosotros no podemos tumbar tan fácilmente. Hacen falta equipos especializados para atender estos casos”.

Las abejas no mueren en la operación. Así piquen a los bomberos ellos las despojan con humo o se la llevan a una bolsa con la mano. Horas después, los insectos son entregados a un grupo de avicultores.

En el barrio Pasadena, ubicado en la localidad de Suba, los vecinos llevan dos años quejándose por unas abejas que se asientan en la Cra. 51 con 106. “Llamamos a Bomberos y nada, hay una pared y no pueden pasar. Llamamos a la Secretaría de Ambiente y nos dicen que eso no tiene que ver con ellos. Vemos siempre la nube de abejas y hay muchos niños en el sector que corren el riesgo de que los piquen”, dice Isabel Zamudio, residente del lugar. En una colonia pueden vivir fácilmente 20.000 abejas.

Algunos bomberos consultados por El Espectador aseguraron “verse saturados” por la continuidad de emergencias relacionadas con abejas. Aunque Mancipe comenta que no han dejado de atender ningún caso, respalda la idea de que entidades como la Secretaría Distrital de Ambiente los apoyen: “Sería viable que ellos atendieran estos casos. Ahora necesitamos más equipo y personal, y ellos podrían darnos una mano o encargarse de este problema”.

Fuentes de la Secretaría de Ambiente aseguraron “no tener nada que ver con estos casos”, porque “no está dentro de su estructura misional”.

Probablemente los bomberos tampoco tengan la “misión” oficial de desmontar panales. Pero lo cierto es que muchos son capaces de rescatar abejas con la mano limpia, como lo ha hecho Bolaños: “Se trata de no molestarlas y llevarlas cuidadosamente a la caja”.

Mientras que en Normandía los apicultores de la Defensa Civil y los bomberos se demoraron siete horas en retirar el panal, en Kennedy los uniformados salieron sin una picadura a los pocos minutos. La abeja reina, con puntos en el abdomen y las patas abiertas, descansaba en la caja de madera.

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